Escuelas Pías Centroamérica y Caribe

Próximos eventos

  • Vzla Campamento Vocacional 5 abril, 2020 – 12 abril, 2020 Parroquia San Ignacio Maracaibo
  • Vzla Misiones 5 abril, 2020 – 12 abril, 2020
  • Reunión Vocacionales 6 abril, 2020 a las 18:00 – 19:00
  • Vzla Renovación Opción Temporal Fraternidad 12 abril, 2020 a las 11:00 – 12:00
  • Vzla Equipo de Presencia 13 abril, 2020 a las 08:00 – 10:00
  • Congregación Provincial 14 abril, 2020 a las 18:00 – 20:00 Asamblea General de Fraternidad Consejo de rectores (definir)
  • Vzla Equipos 1 17 abril, 2020 – 18 abril, 2020
  • Vzla Equipos 2 24 abril, 2020 – 25 abril, 2020
  • RD Día de identidad calasancia 24 abril, 2020
  • DÍA CALASANCIO 25 abril, 2020

Kiblawan. Salutatio Mar. 2020

Tal vez bastantes de vosotros os habréis sorprendido del título de esta salutatio, porque “Kiblawan” no es una realidad muy conocida en la Orden. Pero lo que he visto allí en mi última visita me anima a compartir con todos vosotros los acontecimientos escolapios que allí estamos viviendo.

Kiblawan es una pequeña localidad de la diócesis de Digos, en la isla de Mindanao, en Filipinas. Los escolapios tenemos en Mindanao dos escuelas y una “cuasi-parroquia”. En Davao tenemos un colegio completo, que acabamos de construir (Calasanz de Davao Academy), y en Kiblawan, a una distancia más o menos de hora y media de la capital de la isla, un colegio diocesano de Primaria y Secundaria cuya responsabilidad ha sido asumida por nosotros a través de un acuerdo de 50 años (Holy Cross School), y la “cuasi-parroquia del Santo Niño.

Pues bien, el pasado día 15 de diciembre, un terremoto de 6.9 grados asoló la localidad de Kiblawan. Desde ese día, más de dos mil réplicas han convertido la zona en un lugar en el que es muy difícil retomar la vida normal y vivir con cierta paz.

Nuestra escuela, que se llama de la “Santa Cruz” quedó muy derruida. La casa de la comunidad es inhabitable, ha habido que derribar numerosas aulas, y el conjunto del edificio escolar está en muy malas condiciones.

Pero la escuela está llena de vida. Llena de alumnos y alumnas, con todos los educadores ejerciendo su ministerio, y con los seis escolapios de la comunidad en plena dedicación a los alumnos. Todos los días hay clase, y en medio del dolor y la preocupación, la escuela sigue siendo un lugar bendecido por la sonrisa, el trabajo y las esperanzas de los niños.

En cuanto pude fui a visitar Kiblawan, un mes después del terremoto. Pude abrazar a mis hermanos escolapios, saludar y bendecir a cada uno de los maestros y maestras y a cada uno y cada una de los alumnos y alumnas de la escuela, que esperaban nuestra visita con una profunda alegría. La campana de la escuela empezó a sonar cuando llegamos, y todos los niños y niñas salieron de sus aulas para saludar, primero en un precioso caos, luego en un orden escolapio, uno a uno. Esperaban y necesitaban el abrazo y la bendición. Fue realmente un momento extraordinario.

Visité aula por aula, conversé con los educadores, y me reuní con la comunidad escolapia: Efren, Aljun, Rolando, Roger, Rudelito y Félix. Rezamos juntos, compartimos la experiencia y sentimientos de cada uno, y pusimos en común planes, iniciativas y propuestas. Pero, por encima de todo, lo que hicimos fue renovar nuestro compromiso escolapio de servir a los niños.

«Esta es nuestra misión, esta es nuestra escuela, estos son nuestros niños, y nos quedamos con ellos. Somos y estamos para ellos”. Esta es la síntesis de la experiencia escolapia de nuestros hermanos. Esto es lo que me decía cada uno, con lágrimas en los ojos, pero con una firme resolución.

Ahora no tienen casa. Estamos construyendo una que se terminará en julio, si Dios quiere. Comenzamos su construcción antes del terremoto. Cada uno duerme en una pequeña tienda de campaña, han preparado un baño provisional, han habilitado una pequeña habitación como cocina y comedor, y han convertido el pequeño garaje en capilla, sin suelo, pero con techo. En ella se reúnen cada día, antes de amanecer, para celebrar la Eucaristía y fortalecer su vocación. No tienen casa, pero sí tienen capilla y alumnos. Tienen claro el centro de nuestra vida.

Sé que ellos no están esperando ningún aplauso, pero yo no puedo dejar de compartir con todos vosotros mis reflexiones después de esta visita, que ha sido para mí una oportunidad extraordinaria de renovar mi amor por la Orden y mi compromiso por mis hermanos. Quiero compartir unas pequeñas reflexiones que me fui haciendo a lo largo del día que estuve en Kiblawan

1- “No nos vamos de aquí”. He visto esta experiencia en muchos lugares de la Orden. No nos vamos de un lugar por las dificultades que tenemos o por los peligros que vivimos. No nos exponemos, pero tratamos de acompañar a nuestro pueblo. Lo he visto hace pocas semanas en la zona anglófona de Camerún, que vive un contexto de guerra e inseguridad, pero nuestros hermanos siguen adelante con su vida y su misión. El arzobispo de Bamenda me recibió para agradecerme la visita, y me dijo: “Casi nadie viene a vernos, pero usted ha venido y sus hermanos siguen aquí. Gracias”.  Lo he visto en Venezuela, donde los escolapios siguen luchando por sus colegios en medio de una crisis con escasos horizontes. Lo he visto en Kiblawan. Lo vi en Daloa, en medio de aquella triste guerra que vivió la Côte d’Ivoire y que todos oramos para que no vuelva a suceder.  Lo vivimos y lo seguiremos viviendo. Los niños son nuestra herencia, y estamos para ellos. Gracias, queridos hermanos de Kiblawan. Estoy orgulloso de vosotros.

2-No se puede ser escolapio sin pasión. Sólo la pasión por la misión, por los niños y jóvenes, por la vocación que hemos recibido sin ser merecedores de ella, puede explicar lo que estamos viviendo en Kiblawan. Pero esta afirmación es verdad con o sin terremoto, con o sin casa. Es cierto en las situaciones más difíciles es cuando con más claridad percibimos el tesoro que llevamos entre manos, y el espíritu desde el que lo tenemos que vivir, pero la pasión por lo que hacemos es, al final, lo que nos mantiene y nos ayuda en el día a día a seguir adelante en la misión escolapia. Nunca es fácil, nunca está todo controlado.  Pero no podemos olvidar que esa pasión, si no se cuida, se muere. Calasanz lo dejó claro cuando afirmó que “el que no tenga ganas de enseñar a los pobres no tiene la vocación de nuestro Instituto o el enemigo se la ha robado[1]”. Seamos responsables de nuestro tesoro.

3-Necesitamos la comunidad. Algo que he visto con claridad en Kiblawan es la importancia de la unión de la comunidad para que cada uno de los escolapios pueda dar su mejor respuesta en esta situación. Nunca como en esta oportunidad he visto con claridad que la comunidad es el alma de la misión. Es la presencia de la comunidad la que fortalece a las maestras y maestros y la que hace que los niños vengan cada día a una escuela en ruinas para seguir estudiando. Es la vida de la comunidad la que posibilita a cada uno seguir con su trabajo. Es la fuerza que se transmiten unos a otros la que les sostiene. Es la oración en común y la Eucaristía de cada día lo que les fortalece. No podemos ni debemos trabajar solos. Cuidemos la comunidad.

4-Los niños nos sostienen. Si algo tenemos claro los escolapios es que los niños y jóvenes son los que nos sostienen. Del mismo modo que los niños hicieron escolapio a Calasanz, ellos con los que nos hacen escolapios a todos nosotros. Sus preguntas, sus expectativas, sus ilusiones, su presencia. Son los niños de Kiblawan los que hacen que nuestros hermanos sigan allá, en la situación en la que están.

Todos sabemos que la “centralidad de los niños y jóvenes” es el primer elemento que define la identidad calasancia de nuestras obras. Es el punto de partida de lo que somos. Por eso, nuestro documento institucional sobre la “Identidad Calasancia de nuestro Ministerio[2]” dice que “la plena realización humana y cristiana y la felicidad de los niños y jóvenes constituyen el núcleo de nuestra misión”.

Pero hay que saber sacar consecuencias de esta afirmación. La centralidad de los niños y jóvenes no es sólo un rasgo de la identidad calasancia, sino que se convierte en desafío, criterio de discernimiento, razón para la vida escolapia y clave de nuestra presencia. Los niños son el centro cuando son, de hecho, el centro.

5-La Provincia y la Orden es una familia. En este momento, nuestra escuela de Kiblawan necesita de la colaboración de la Orden para ser reconstruida. Es cierto que no es nuestra, sino de la diócesis. Pero nuestra permanencia está garantizada por un acuerdo de 50 años. Y el obispo poco más puede hacer, porque se le han caído casi todas las parroquias. Tal vez la Orden, a través de la colaboración de las Provincias que tengan alguna posibilidad, puede hacer algo para poner en marcha de nuevo esta escuela, aunque sea de modo “provisionalmente perdurable”. Pensemos en ello, con generosidad y disponibilidad.

6-Gracias por venir a vernos. Esto es lo que me decían todas las personas que saludaban y venían a presentarse, y sobre todo los niños. Nuestra presencia les daba esperanza. Pienso que pudieron sentir la cercanía de todos vosotros a través de la de mi humilde persona. Es bueno estar cerca unos de otros, sobre todo cuando las circunstancias son más duras y difíciles. ¡Qué valiosa es la escucha, la presencia, el acompañamiento, la solidaridad!

Quiero terminar esta carta fraterna citando un párrafo de nuestras Constituciones, que creo refleja muy bien lo que estamos viviendo en Kiblawan. Dice así: “Por eso nosotros, impulsados por el amor de Cristo según el carisma fundacional, dedicamos al servicio de los hermanos toda nuestra existencia, consagrada por la profesión religiosa y vivida en la familia escolapia. Y a imitación del Santo Fundador, nos sentimos comprometidos en la formación integral de los niños[3]”.

Recibid un abrazo fraterno.

 

Pedro Aguado Sch. P.

Padre General

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Conclusiones del Consejo de Superiores Mayores de las Escuelas Pías

Se ha celebrado en Dakar (Senegal) el segundo Consejo de Superiores Mayores del sexenio 2015-2021, tal y como está previsto en nuestra legislación (R317). Junto a la Congregación General, estuvieron presentes todos los Superiores Mayores, el Ecónomo General y los Delegados del P. General.

Tres han sido las claves fundamentales desde las que se desarrolló el Consejo:

  1. El estudio de diversos temas de interés de la Orden, con la vista puesta en el 48º Capítulo General.
  2. Teniendo en cuenta que la mitad de los Superiores Mayores son nuevos, el Consejo dedicó tiempo a temas informativos y de puesta al día de nuestra vida y misión.
  3. El lugar elegido para el Consejo: la Provincia de África del Oeste. Es la primera vez en la historia de la Orden en que todos los Superiores Mayores de las Escuelas Pías se reúnen en tierra africana. Los religiosos de la Provincia, los educadores e incluso los niños de nuestras escuelas vivieron este hecho con profunda alegría y gratitud.

Estos fueron los temas centrales del Consejo:

  1. Evaluación del trabajo realizado por los diversos Secretariados Generales e información de los temas pendientes.
  2. Proyecto Escuelas Pías EN SALIDA.
  3. Reflexión sobre el trabajo realizado en el reciente encuentro de formadores de la Orden, centrado en la temática de los abusos sexuales, de conciencia y de poder, ligados al clericalismo, basado en la “Carta al Pueblo de Dios” del Papa Francisco de agosto de 2018.
  4. Sínodo Escolapio de los Jóvenes
  5. Próximos Encuentros continentales sobre el modelo de PRESENCIA ESCOLAPIA
  6. Información sobre el reciente Seminario sobre Interculturalidad e Inculturación.
  7. Reflexiones sobre el proceso de reestructuración, consolidación y expansión de la Orden.
  8. Reflexión sobre los desafíos de las Escuelas Pías en África, basados en una conferencia pronunciada por el arzobispo de Dakar, Mons. Benjamin Ndiaye.
  9. Reflexiones sobre la propuesta de esquema básico del 48º Capítulo General presentada por la Congregación General.
  10. Diálogo sobre el nuevo Prontuario y posibles modificaciones de las Reglas.
  11. Presentación del borrador del nuevo Directorio de Formación Permanente, resultado de una actualización del directorio vigente.

Los miembros del Consejo tuvieron la oportunidad de conocer diversas realidades de la presencia escolapia en Dakar (Parroquia de los Mártires de Uganda, Juniorato de Dakar, comunidades, escuelas y parroquia de Sam Sam y Thiaroye). Fue una extraordinaria oportunidad de comunión con nuestros hermanos de la Provincia, con los educadores y con los niños.

Hubo tiempo también para compartir los desafíos de cada demarcación, y para conocer la situación de las nuevas presencias de la Orden.

La Congregación General retomará en las próximas fechas todos los trabajos, y comenzará a preparar de modo concreto el Capítulo General.

 

Tercer día de trabajo de los Superiores MayoreS de las Escuelas Pías

El objetivo principal del día ha sido presentar los desafíos de las Escuelas Pías en África del Oeste.

Después de la presentación del P. Pedro Aguado, Padre General, en la que ha subrayado que se trata del primer Consejo de Superiores Mayores de la Orden celebrado en África en los últimos 400 años, ha tomado la palabra el invitado especial del día: Monseñor Benjamin Ndiaye, Arzobispo de Dakar.

El Arzobispo Benjamin ha impartido una ponencia de altísimo nivel estructurada sobre tres ejes:

Primero, el contexto educativo y social en África del Oeste.

Segundo, ha desarrollado, como buen especialista en sagradas escrituras que es, el tema Jesús educador.

Finalmente se ha referido a la gran labor de las Escuelas Pías a partir de tres ejemplos que él conoce de primera mano: la Granja Escuela de Karang, el Centro Catalunya y la Escuela Pía de Sam Sam. Con ocasión de la escuela de Sam Sam, hemos visto el vídeo donde el P. Samson presenta la escuela al Papa Francisco.

A mediodía, hemos tenido la suerte de compartir la mesa eucarística y la mesa de la comida con el arzobispo.

La tarde ha empezado con la presentación de las Escuelas Pías de la África del Oeste, y sus presencias, comunidades e instituciones en Senegal, Costa de Marfil, Burkina Faso, y Francia, por parte de su Provincial, el P. Christian Ehemba.

A través de un vídeo, que permitía ver el día a día de varias realidades, y de un PowerPoint con estadísticas, ha hecho una presentación exhaustiva de la provincia.

Después de un rico intercambio con el resto de superiores mayores, el Padre General ha tomado la palabra para presentar ya una primera propuesta de temas y agenda del 48 Capítulo General de la Orden.

P. Carles Gil Saguer Sch. P.

 

Segunda Jornada del Consejo de Superiores Mayores

Continúa celebrándose en Dakar el Consejo de Superiores Mayores, que acoge a los responsables de todas las Demarcaciones de la Orden junto a los coordinadores de los equipos de trabajo. Durante el segundo día se han presentado varios informes; Carles Gil ha explicado las “Escuelas Pías en Salida”, exponiendo lo trabajado en Kikonka y las claves desde las que el proyecto se está llevando adelante en la Orden; Juan Carlos Sevillano, József Urbán y el Padre General han presentado el informe completo del Curso de Formadores y las principales cuestiones que la Orden se debe plantear en el desarrollo de la Formación Inicial; también el P. Paco Anaya ha expuesto el trabajo llevado adelante en el Sínodo Escolapio de los Jóvenes, el “documento de Oaxaca” y la propuesta de la Congregación General de cara al 48º Capítulo General.

 

70 años a las orillas del Lago de Xolotlán, Nicaragua

Este nuevo año 2020 se inicia con la alegría de conmemorar los 70 años de presencia escolapia en Managua, Nicaragua, la más antigua de la demarcación, después de Cuba y de León, que apenas el año pasado celebraba la misma fiesta. Esta conmemoración nos lleva a los primeros años de historia escolapia en Centroamérica, y nos permite contemplar la dimensión misionera del carisma escolapio, llamado a consolidarse y a crecer en medio de las dificultades. Aquella generación de hermanos escolapios, que salieron de sus tierras a llevar a Calasanz a los diversos rincones del mundo, lograron enfrentar muchas vicisitudes para hacer posible la educación y la evangelización de los más pobres nuestro continente.

Recordamos los inicios, en los que gracias a la visión y audacia del P. Joaquín Ferragud, llegamos a Managua, quien después de un año de presencia en León veía conveniente fundar en la capital ante la ausencia de congregaciones religiosas que pudiesen ofrecer educación y evangelización a los más pobres. Sólo los HH. De la Salle, hasta el momento, habían logrado ubicarse en esta ciudad, y era imperativo ubicarse en el lugar donde la mayoría de la población de Nicaragua vivía en situaciones de extrema y dura pobreza.

Pero este comienzo no fue nada fácil. La ubicación de la primera escuela se hizo “alquilando el colegio de Lourdes a los PP. capuchinos; era un viejo caserón de una sola planta, 2.400 metros cuadrados, que venía funcionando como «Escuela nacional Méjico»”[1]. Pero era importante iniciar, aunque fuese en un destartalado y viejo edificio. La presencia nace con más hermanos que se suman a la tarea, y ya en 1952 arribará el P. Bruno Martínez, quien encontrará en estas tierras “la mejor manera de servir a Dios” hasta su muerte.

Esta primera escuela va ampliándose, no sin las dificultades que ofrece un espacio tan pequeño para la gran misión que se impulsa, y muchas precariedades económicas que afectaban el desarrollo y crecimiento de la escuela. Cada paso se hacía con gran esfuerzo y tesón, como todos los inicios… ¡qué grande la gallardía de aquellos hombres, que dejaban las comodidades de su tierra y se lanzaban, mar adentro, a construir el sueño de Calasanz, aun en la mayor precariedad de vida!

La obra de Dios va consolidándose, ya decíamos, pero no sin dificultades. Cada vez son más los niños que llegan a nuestras aulas, y todo indica que la obra debe crecer, sin saber cómo. Junto a la precariedad, se da la tragedia: un terremoto azota a la ciudad de Managua el 23 de diciembre de 1972, y hace que toda la obra se derrumbe a los ojos de todos. En medio de los escombros entrega su espíritu, con olor a santidad, el P. Bruno Martínez, primer Superior Local y co-fundador.

En medio de las vicisitudes, sólo queda la convicción de que la obra de Calasanz debe continuar. Y así, los padres escolapios, junto a los colaboradores laicos, hacen posible que poco a poco pueda trasladarse aquella primera escuela a los terrenos que ya en sus inicios, en el kilómetro 11 ½ de la Carretera Sur, habían sido adquiridos por el P. Joaquín. Sin saberlo, aquellos terrenos que se encontraban en las afueras serían el espacio donde la escuela calasancia se consolidara y permaneciera hasta la actualidad.

Los años 80’s son tiempos de agitación y de conflicto, en medio de la lucha armada que asume la causa de los pobres y que traerá tiempos de desolación y muerte. Una vez más, la misión debe transformarse, los niños y los jóvenes en el exilio, apresados y asesinados, demandan nuevos desafíos que interpelan y nuevos planteamientos de la vida y la misión. En todo este tiempo, se mantiene la convicción de que las Escuelas Pías siguen siendo respuesta a las necesidades de un pueblo empobrecido y golpeado, por lo que los PP. Escolapios deciden continuar, en medio de la precariedad, la escasez y la violencia.

Mientras esto sucede, los PP. Escolapios no estuvieron ajenos a las necesidades de la Iglesia local, por lo que les veremos en diversas ocasiones asumiendo algunas parroquias, entre ellas Santa Clara, San Rafael del Sur, San Antonio, San José y San Sebastián. Destaca el trabajo en la Parroquia “Nuestra Señora de América”, asumida en 1974, con dos capillas, una con el mismo nombre y la segunda bajo la advocación de nuestro santo fundador, que aún hoy permanece en pie como testimonio del trabajo pastoral realizado por nuestros hermanos y las HH. Calasancias.

Más allá de los datos históricos, es importante subrayar lo que este acontecimiento dice nuestro presente y futuro. Comprendemos que mirar la historia es encontrar sentido al hoy, impulsar el mañana, asumir los aciertos y aprender de los errores. Considero que la celebración de este septuagésimo aniversario nos revela algunos aspectos fundamentales que destaco a continuación.

  1. La dimensión misionera de las Escuelas Pías: la Escuela Pía es, en germen, misionera. Esta dimensión, tan resaltada en la última Conferencia del Episcopado Latinoamericano (Aparecida, 2009) es constitutiva de nuestra Orden, y transversal en su inserción Centroamérica y Caribe. La Escuela Pía latinoamericana es, en esencia, misionera, y debe comprenderse como una plataforma de evangelización de los pueblos alejados de la fe, ausentes de toda esperanza y sentido de vida, o marcados por un fuerte sincretismo religioso que desdibuja los elementos centrales del Evangelio.
  2. Construir la Escuela Pía: no en vano, nos lo recordaba el P. General en su última visita a la Provincia. La misión de los Escolapios no es sólo educar y evangelizar, sino construir la Orden; consolidar lo existente y expandir, con audacia e inteligencia, nuestra presencia. Así lo hicieron nuestros hermanos, quienes desde los orígenes vieron la necesidad de llegar más allá, aún en la necesidad, para que la obra de Calasanz pudiera arraigarse.
  3. Profecía evangélica: en medio de las circunstancias más adversas, nuestros hermanos supieron alzar la voz profética que anuncia la posibilidad de un nuevo mundo que se construye desde los valores del Evangelio. Desde el silencio del aula y de la escuela, en el apoyo a la Iglesia local, en medio de los barrios pobres, supieron revelar de palabra y de obra que este mundo no es definitivo, y que la justicia de Dios, la paz y la misericordia llegarán a todos los pueblos.
  4. La necesaria audacia de los religiosos jóvenes: todos los religiosos, pero principalmente los más jóvenes, están llamados a vivir con audacia nuestra vocación escolapia. La audacia supone pasión por la misión, vivencia auténtica de la consagración, cultivo de la vida comunitaria, disposición para la tarea, entrega a los niños y a los jóvenes, ímpetu misionero, protagonismo en los grandes desafíos de la Escuela Pía y de la Iglesia latinoamericana. Llamados, por tanto, a superar el clericalismo y las formas acomodadas que busca instalarse en la Vida Consagrada y en el sacerdocio latinoamericano, que oscurece nuestro ser y quehacer, y que el mismo Papa Francisco denuncia: «Cuando falta la profecía, el clericalismo ocupa su sitio, el rígido esquema de la legalidad que cierra la puerta en la cara al hombre…”[2]
  5. La participación de los laicos: ya en sus inicios, y durante los períodos más críticos, los PP. Escolapios de Managua supieron hacer partícipes de la misión a los hombres y mujeres que deseaban vivir el Evangelio al estilo de Calasanz. Junto a ellos, pudimos llevar adelante la tarea de fundar y reconstruir la escuela, de ampliar y consolidar nuestra misión. Es, por tanto, constitutivo de sus orígenes la participación de numerosos laicos, algunos con Carta de Hermandad, y otros que desde el anonimato hicieron posible nuestra escuela de Managua.
  6. La inserción en la Iglesia local: la presencia escolapia de Nicaragua, y concretamente de Managua, ha estado inserta en la Iglesia local, respondiendo a sus necesidades sin sacrificar su propia identidad y misión. Es un reto, por tanto, la incorporación a la Iglesia desde lo que somos, en atención a sus necesidades, en consonancia con los proyectos diocesanos y las líneas provinciales y de Orden.
  7. Crecer en medio de la precariedad: La Escuela Pía está llamada a consolidarse y crecer, en medio de la pobreza asumida y valorada. Nuestros hermanos emprendieron, sin seguridades, en un mundo desconocido en el que sólo veían la necesidad de ofrecer el Evangelio. ¡Cuánta audacia hay en aquellos hermanos que sueñan con ir más allá, a pesar de las circunstancias, y lo hacen posible!

En la actualidad, las Escuelas Pías de Nicaragua está llamada a retomar los valores de su historia, para reconocer su presente y lanzarse al futuro. Y con ella, toda la Provincia entra en comunión para leer en esta historia, nuestra propia historia; hechos que determinan una manera de ser y de configurar el carisma en nuestros pueblos. En comunión con toda la Provincia y la Orden, pedimos al Señor que nos dé la fe, la esperanza y el amor, virtudes desde las cuales podemos seguir haciendo posible el carisma de Calasanz, a orillas y con la frescura del lago de Xolotlán, con sabor a nacatamal y gallo pinto, con la fuerza escondida del Momotombo, y con el ímpetu de sus hombres y mujeres que asumen “la reforma de la sociedad” como su sentido de vida.

“En medio del abismo de la duda
lleno de oscuridad, de sombra vana
hay una estrella que reflejos mana
sublime, sí, mas silenciosa, muda.

Ella, con su fulgor divino, escuda,
alienta y guía a la conciencia humana,
cuando el genio del mal con furia insana
golpéala feroz, con mano ruda.

¿Esa estrella brotó del germen puro
de la humana creación? ¿ Bajó del cielo
a iluminar el porvenir oscuro?

¿A servir al que llora de consuelo?
No sé, mas eso que a nuestra alma inflama
ya sabéis, ya sabéis, la Fe se llama”[3]

[1] GÓMEZ, J (1990). Managua (NI) Colegio Calasanz de San Sebastián, en Diccionario Enciclopédico Escolapio (DENES) I, Madrid: Publicaciones ICCE.

[2] PAPA FRANCISCO, Homilía del 16 de diciembre de 2013. En https://es.aleteia.org/2014/02/21/lo-que-opina-el-papa-francisco-sobre-el-clericalismo/ (recurso online)

[3] RUBÉN DARÍO (1879). La fe.

 

 

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