Escuelas Pías Centroamérica y Caribe

Próximos eventos

  • Cumpleaños Jesús García de Eulate 16 agosto, 2021
  • Cumpleaños Julio César Andrade (1997) 18 agosto, 2021
  • Onomástico P. Bernardo Navarro 20 agosto, 2021
  • DÍA CALASANCIO 25 agosto, 2021
  • Oración por la presencia de Pueblo Bávaro 30 agosto, 2021
  • Ordenación Sacerdotal P. Federico Calcáneo (2012) 8 septiembre, 2021
  • Ordenación Sacerdotal Ricardo Sierra (1978) 9 septiembre, 2021
  • Cumpleaños Egar Villasmil, aspirante 10 septiembre, 2021
  • Cumpleaños Vicenta (Nila) Trillo (fraternidad) 11 septiembre, 2021
  • Ordenación Sacerdotal Jesús Pérez (1969) 14 septiembre, 2021

El P. General se reúne con la nueva Congregación Provincial

Durante los días 12-14 de julio, el P. General y el P. Francisco Anaya se reunieron con la nueva Congregación Provincial de Centroamérica y Caribe, con el fin de acompañar los primeros pasos del nuevo equipo. Se compartió un análisis de la realidad de la Provincia, así como las grandes líneas desde las que se puede ir elaborando el próximo proyecto cuatrienal de la demarcación. Las reuniones tuvieron lugar en Santo Domingo.

La sinodalidad básica / Satutatio Patris Generalis

La sinodalidad básica

Como todos sabéis, el Papa Francisco ha puesto en marcha un formidable proceso de discernimiento eclesial sobre la sinodalidad. Durante dos años, toda la Iglesia va a trabajar sobre este apasionante desafío de busca una “Iglesia sinodal, desde la comunión, la participación y la misión”.[1]

No hay duda de que éste es el contexto desde el que vamos a vivir, trabajar y acoger nuestro 48º Capítulo General, previsto para el próximo mes de enero. La sinodalidad será, también, uno de los temas específicos que trabajaremos en las reuniones capitulares.

En esa carta fraterna quiero compartir con vosotros algunas reflexiones en torno a lo que a mí me gusta llamar la “sinodalidad básica”, es decir, la vida de la pequeña comunidad escolapia en la que cada uno vivimos nuestra vocación. Creo que no podremos avanzar de modo creíble en la propuesta de la sinodalidad si no cuidamos de modo especial el pequeño “sínodo cotidiano” que vivimos en nuestras comunidades, a través de nuestra vida compartida, nuestras reuniones, nuestra oración, nuestro testimonio diario. Sigo creyendo que esta sinodalidad básica es condición para la posibilidad de la otra, la sinodalidad escolapia y eclesial.

Evidentemente, nuestra vida comunitaria tiene muchas dimensiones y claves muy diversas, que la convierten en el espacio integral desde el que cada uno de nosotros vivimos nuestra vocación, nuestro seguimiento del Señor. No voy a escribir sobre todo ello, sino que voy a centrarme especialmente en uno de los aspectos más importantes que, a mi juicio, debemos tratar de recuperar en nuestra Orden, y no es otro que el tema de la reunión de comunidad.

He utilizado conscientemente el verbo “recuperar”, y lo hago porque creo que tenemos que reconocer que en algunos lugares nuestras comunidades no se reúnen o lo hacen de una manera muy esporádica, sin ritmo ni planes, convirtiendo así la reunión en un hecho tendente a la irrelevancia. Pienso que tenemos que dar un giro fuerte a todo esto, apostando claramente por la reunión semanal de la comunidad religiosa, consistente y preparada.

Vamos a acercarnos a esta propuesta desde diversos puntos de vista. En primer lugar, me gustaría invitaros a repasar lo que nuestras Constituciones dicen de la reunión de comunidad. Es un asunto que se aborda, como sabéis, en los números 32, 134, 165 y 167. Es muy interesante hacernos conscientes de los dinamismos que nuestras Constituciones asocian a la “reunión de familia”. Son estos:

  1. El desarrollo de la acción común y de la responsabilidad compartida. Y para que esto funcione, deben ser preparadas con el esfuerzo y cooperación de todos (C134).
  2. El lugar de la reflexión de las cuestiones verdaderamente importantes (C165).
  3. El contexto en el que revisamos y proponemos mejoras para nuestra vida espiritual, calasancia y apostólica (C167).
  4. La construcción de auténtica comunidad (C32).

Siempre me han llamado la atención estos objetivos que nuestras Constituciones asocian a la reunión de comunidad. Ni más ni menos que estos: construir comunidades auténticas; el discernimiento de las grandes cuestiones; el desarrollo de la corresponsabilidad y de la acción común; nuestra capacidad de revisar lo que vivimos y de mejorarlo. Dicho de otro modo, no es posible una vida comunitaria escolapia digna de este nombre sin la reunión de comunidad adecuadamente preparada y sistemáticamente celebrada.

Preguntémonos, pensando en nuestra comunidad concreta, ¿cómo resuena todo esto en nuestra vida cotidiana escolapia?

Avanzando un poco más, me gustaría compartir con vosotros que, después de estos años de servicio a la Orden, he llegado a una cierta claridad sobre cuáles son los aspectos más importantes que debemos cuidar en todo lo relativo a nuestra vida de comunidad. Reduciéndolos al máximo y siendo consciente del riesgo de la simplificación -espero que me lo permitáis-, creo que son tres: la centralidad de Cristo en nuestra vida; el cuidado del proceso vocacional de los hermanos y el impulso de nuestra misión.

En torno a estos tres grandes aspectos, que se relacionan directamente con la consagración, la comunión y la misión, podemos y debemos situar todos los objetivos y todas las opciones que queramos llevar adelante para mejorar nuestra vida comunitaria. Y, por lo mismo, estos serían los tres grandes núcleos que debieran inspirar todas nuestras reuniones de comunidad, que debieran colocarse en “la mesa compartida” de nuestras casas, en nuestros encuentros fraternos. Nuestras comunidades no se reúnen “para tratar temas más o menos interesantes”, sino para cuidar la centralidad del Señor en nuestra vida, para acompañar el proceso vocacional de los hermanos y para llevar adelante la misión encomendada.

La imagen de la “mesa compartida”, de honda raigambre neotestamentaria, nos puede ayudar a profundizar en estos temas. En nuestras casas tenemos la “mesa de la Eucaristía”, la “mesa de la Palabra”, la “mesa del encuentro compartido”, etc. Todas ellas son expresiones de esta sinodalidad, y todas ellas sirven a las tres grandes opciones a las que me he referido más arriba. Todas ellas son imprescindibles en nuestra vida común, y todas ellas deben ser cuidadas con esmero y corresponsabilidad.

Voy a tratar de sugerir algunas pistas desde las que podemos avanzar en este cuidado de la “mesa compartida”, refiriéndome especialmente a los aspectos que considero que debemos revisar.  

La celebración diaria de la Eucaristía comunitaria es central en nuestra vida escolapia. Sin ella, la comunidad pierde su centro. Es cierto que en bastantes comunidades es difícil que todos los religiosos estén presentes en la Eucaristía común, porque hay muchos otros compromisos celebrativos (parroquia, capellanías, iglesias, el colegio, la pastoral). Pero cuando esto ocurre, sería importante que al menos una vez a la semana toda la comunidad se reúna en torno a la mesa eucarística para compartir y celebrar el centro de la comunidad. No debiera haber ninguna comunidad que no hiciera este esfuerzo, y con una celebración especialmente cuidada.

La Palabra compartida desde una lectio divina comunitaria, como escuela de meditación y discernimiento desde la Palabra de Dios. Son pocas las comunidades que lo hacen, y aunque en bastantes casas de formación se lleva adelante esta dinámica, luego se pierde y se olvida. No es necesario que sea semanal, pero es necesario que sea.

El discernimiento comunitario sobre las cuestiones realmente importantes que nos afectan y que necesitan nuestra respuesta. Muchas veces hemos hablado de la necesidad que tenemos de aprender a discernir, a tomar decisiones desde un adecuado y cuidado discernimiento evangélico y calasancio. Podemos aprender poco a poco, podemos acercarnos hacia comunidades más abiertas y cuidadosas de su capacidad de discernimiento compartido, pero sólo si aceptamos que necesitamos aprender a hacerlo.

La puesta en común de vida, desde la que compartimos la propia historia, o alguna experiencia reciente, o nuestro trabajo y descubrimientos, o la revisión de la propia vida de la comunidad o de las responsabilidades de cada uno, etc. Hay muchas y diversas maneras desde las que se puede potenciar la “vida compartida”. Es cuestión de valorarlo. Este es uno de los aspectos más queridos por los jóvenes en formación y que más echan de menos cuando se incorporan a la vida de las comunidades de misión.

La formación, tan necesaria entre nosotros, y que nos ayuda a estar siempre “atentos” a la realidad y sus desafíos. No es posible una vida comunitaria en la que no reflexionemos, de modo compartido, sobre temas propios de la Orden, de la vida de la Iglesia, de la educación, de la pastoral, de la cultura, de la sociedad, etc. Recuperar -vuelvo a usar el mismo verbo- la comunidad como espacio formativo es muy importante para nosotros.

El acompañamiento de la misión. En la mayor parte de nuestras presencias las comunidades escolapias están asociadas a una misión. Es bueno que cuidemos la reflexión comunitaria sobre la misión a la que estamos entregados. Será un discernimiento cada vez más en clave de misión compartida y en clave de presencia escolapia, pero igualmente necesario para todos.

La colaboración en la presencia escolapia de la que formamos parte. Es una de las claves que poco a poco se va abriendo paso entre nosotros y que ofrece muchas vías de enriquecimiento para la comunidad, porque se basa en la relación, en la apertura, en la acogida, en la descentralización y en la búsqueda del impulso global de lo escolapio. Y esto es muy necesario para nuestras comunidades, para el desarrollo de la sinodalidad. 

La fiesta y la alegría compartida. Eso es también sinodalidad. La celebración, el tiempo libre compartido, la acción de gracias por los hermanos, la acogida del que viene y la despedida del que parte a un nuevo destino, la celebración de las grandes referencias de la Orden, etc., todo ello también construye comunidad.

La conexión de la comunidad con la vida de la Provincia y de la Orden, a través de temas, encuentros, propuestas, documentos compartidos, búsquedas comunes, tareas encomendadas, etc. Necesitamos conectar la vida de las comunidades y la vida de la demarcación.

La elaboración y el desarrollo del proyecto comunitario, siempre en conexión con el proyecto de la presencia y con el proyecto de la Provincia, y desde la inspiración desde las “claves de vida de la Orden”. Este es el marco básico (no el único) desde el que vivimos y trabajamos desde proyectos, como venimos proclamando estos años en la mayor parte de nuestras reuniones. 

Estas y otras dinámicas pueden inspirar y enriquecer el encuentro comunitario entre nosotros. No son todas, ni he pretendido una enumeración exhaustiva. Sólo he querido sugerir aspectos en los que creo que debemos detener nuestra atención, con el fin de que podamos dar nueva vida a nuestras comunidades religiosas escolapias.

Permitidme terminar haciendo una propuesta bien concreta: que todas nuestras comunidades se reúnan semanalmente en una “mesa compartida” desde la que puedan desarrollar buena parte de estos dinamismos propios de nuestra vida consagrada y que tanto nos ayudarían en los tres grandes desafíos que nos proponemos en cada una de nuestras casas: vivir desde la centralidad del Señor, acompañar el desarrollo de la vocación de cada uno e impulsar nuestra misión.

La recuperación del encuentro comunitario semanal será un buen paso en la línea propuesta por el Papa Francisco de caminar en dinámica sinodal, cuidando la comunión, la participación y la misión compartida. A ello quedamos invitados. 

Recibid un abrazo fraterno.

P. Pedro Aguado Sch.P.

Padre General

[1] Mario, cardenal GRECH, Secretario General del Sínodo de los Obispos. Presentación de la XVI Asamblea General del Sínodo de los Obispos: “Por una Iglesia Sinodal: comunión, participación y misión”. Vaticano, 21 de mayo de 2021.

150 años de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús de Guanabacoa

En memoria de los 150 años de su llegada a Guanabacoa, Cuba. NUESTRA SEÑORA DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS[1]

“Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús” en Guanabacoa, es para muchas familias, exalumnos, escolapios, miembros de la UFEC (Unión de Familias Escolapias de Cuba) y de la Archicofradía, un motivo para la vida que genera orgullo, agradecimiento y devoción mantenida en el tiempo a pesar de todas la dificultades.

Las circunstancias que vivimos en tiempos de pandemia, han hecho del 150º aniversario de su llegada a Cuba, que lo celebremos con sencillez, sin ruido y con todo el cariño, como a María le gusta. Sirvan estas líneas como memoria de un aniversario de todos sus devotos y de hermanos difuntos de la Archicofradía de Ntra. Sra., de la UFEC y escolapios.

Historia.

En Issoudum, Francia, se fundó en 1854 la Congregación Religiosa de Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús. Tomó bastante impulso dicha devoción, que recuerda el misterio de la Inmaculada Concepción junto con la devoción al corazón de Jesús.

Los escolapios introdujeron esta devoción en Cuba y América, nos lo cuenta el P. Calasanz Bau:

“La devoción a Ntra. Sra. del S. Corazón convertirá nuestra Iglesia en verdadero santuario. El comienzo de su culto es todavía anterior al P. Parera, correspondiendo al P. Jofre. El P. Pablo Marqués fue quien introdujo un primer cuadro muy humilde en noviembre de 1871. Pero el 23 de noviembre de 1873, siendo Rector el P. Parera se traía de Barcelona la imagen primorosamente tallada y policromada que aún se venera.” (Hª de las EE.PP. en Cuba 1857-1957)

Fue entronizada el 23/11/1873. En las bodas de diamante, 8 de junio de 1946, fue coronada por Mons. Evelio Díaz Cía, y en el primer centenario, el 5 de junio de 1971, nuevo titular de esta iglesia por decreto del arzobispo de La Habana Mons. Francisco Quer.

Revisando crónicas y libros, encontré este soneto de 1881, quizá del P. Pablo Marqués (PM),

Transcribimos una cita del “Mensajero Católico, número 490, año 1952. En esta publicación mensual y órgano de la asociación de NSSCJ. En ella se nos describe el alma de esta devoción:

“´Esperanza de los Desamparados´ en palabras de S. Efrén (…) Nosotros contemplamos en la imagen de Ntra. Sra. los rasgos y actitud de la Madre que lleva a su Hijo en los brazos. Y vemos a Jesús con el corazón sobre su pecho que lo señala con una de sus manos, mientras que con la otra nos señala a su Madre, cuya mano derecha sujeta el Corazón de Cristo; María afirma su poder inefable sobre el corazón de su Hijo y Jesús confirma tal poder sobre su corazón, como diciendo: Si queréis recibir los tesoros infinitos que encierra, dirigíos a mi Madre, Ella puede dispensároslos a su gusto porque jamás es rechazada. Yo la he nombrado celestial tesorera. No es pues de extrañar que esta imagen despierte tantas esperanzas en los que sufren, aun entre los que se sientan en mayor desamparo.” (P. Girerd, “La verdadera devoción a Ntra. Sra. del Sagrado Corazón).

Vivencias y favores recibidos. Sería largo el rosario de personas y detalles que se han recibido, los concentro en estos puntos, espero que se sientan todos acogidos en ellos:

  • Entre estas paredes coloniales de nuestra iglesia he visto exalumnos de los años 50, que han venido a visitar su casa, recordar y agradecer sus tiempos juveniles y la educación recibida. Verlos llorar de emoción y devoción rezando a los pies de Ntra. Sra., es algo digno de ver.
  • Aquí muchos de ellos se casaron. ¡Cuántos me han dicho!: a mí me casó el P. Joaquín Hereu, a mí…, y me enseñan las fotos.
  • Otros recuerdan, cómo pusieron a sus pies el deseo de un hijo imposible de concebir y Ntra. Sra. se lo concedió;
  • Aquellos que nunca olvidarán su último día en Cuba, que al tener que salir de su querida isla en tiempos difíciles, se despidieron a los pies de Ntra. Sra. de su querida patria, antes de tomar el avión, una misa presidida por el padre Pastor González y un adiós del hijo que sueña con volver un día a la casa materna.
  • Milagros guardados en la historia personal: La niña que nació un 19 de octubre de 1965 y le diagnosticaron glaucoma congénito. Sus padres pidieron al P. Hereu acceder a la iglesia para suplicar a Ntra. Sra. que hiciera el milagro de salvarla y no quedara ciega. Al regresar a casa había desaparecido la mancha blanca de su ojo derecho. Decidieron operarla y nunca tuvo rastro de aquella condición.
  • Todos están al amparo de esta Madre que la llevan en su corazón allí donde vayan. Para todos, los que están en otra tierra y los que están aquí, NSSCJ es siempre invocada como fuente de fuerza y de esperanza. Muchos recuerdan tradiciones como:

La Misa por todos los Asociados a la Archicofradía en la iglesia de los PP. Escolapios los primeros domingos de cada mes.

Las Misas en el altar de Ntra Sra., gratitud a nuestra Camarera y Celadoras, súplicas y favores concedidos, bautizos, primeras comuniones, confirmaciones, la novena de cada año con la predicación de los PP. Munfort, Galofré, Carceller, Arcusa,…

Las crónicas de los años 50:

“El altar de la virgen lleno de gladiolos, la gran Salve y canto de letanías por el coro de La Habana acompañado de instrumental y armonía, (…) las lágrimas por las mejillas de quieres recuerdan año tras año en las “Puertas de Bronce” aquellos escolapios que con sus cantos alababan a la Virgen bajo la advocación de N. Sra. S. C. de J.

La Misa solemne, oficiada por el P. Manuel Arcusa, asistido por los PP. Masdevall y Marqués. El P. Pedro Carceller a cargo de la música. El P. Modesto Galofré, rector del colegio y director de la Archicofradía de N. Sra. cantó las glorias de María… Terminada la Misa se hizo el Acto de Consagración, se impusieron las Medallas a las nuevas socias y se impartió la Bendición Papal.” (El Mensajero Católico, junio 1953).

Todo esto se ha mantenido hasta nuestros días de una u otra forma, siempre se ha venerado a NSSCJ.

Los testimonios, las crónicas de la comunidad de los padres, los cantos, las novenas, siguen resonando entre estas paredes, que están pidiendo reparación y que Ntra. Señora sabrá cómo hacerlo.

Debido a la pandemia del covid-19, hemos pospuesto la celebración de este aniversario, que iba a celebrarse el 6 de junio presidido por el cardenal Juan de la Caridad, exalumno del colegio escolapio de Camagüey. Tendremos una celebración privada, y cuando sea posible haremos la celebración oficial.

Que Ntra. Sra. bendiga a todos sus fieles devotos y acoja a todos aquellos que han partido a la casa del Padre. Recordamos especialmente a los padres que nos dejaron recientemente Salvador Riera e Iñaki Arriola. Que ella nos dé su fuerza a los que estamos para seguir transmitiendo su devoción.

Comentario a la foto a los pies de N. Señora:

Esta foto es de noviembre de 2020, para recordar a todos, pues es una representación de varias generaciones.

En ella están representado todos sus hijos (de Izquierda a derecha):

  • Pablo González, exalumno. Lleva en su cartera una estampa de dedicada por el P. Agustín Munfort traída de Lourdes en los años 50.
  • Gladys E. Valdivia, a sus 18 años, fue la primera maestra de los párvulos de nuestro colegio.
  • Isidoro Alejandro Solernou. Su familia: tres generaciones vinculadas a los escolapios.
  • Ada D´Angelo, prima de Andrés Castellanos, de la UFEC.
  • Mirta García, a quien casó el P. Joaquín Hereu a los pies de Ntra Sra.

“Un pueblo irreligioso morirá, porque nada en él alimenta la virtud” (José Martí)

P. Alberto Sola Sch. P.

Salutatio Patris Generalis: Crecer “como Dios manda”

Escribo esta carta fraterna en pleno proceso de reflexión sobre los grandes núcleos que serán trabajados en nuestro próximo Capítulo General, y poco después de haber participado en la asamblea de la Fraternidad General Escolapia, que se celebró en modalidad online a causa de la situación de pandemia que vivimos. En ambos contextos estamos hablando del proceso de crecimiento que vivimos, y nos alegra saber que en diversos contextos de las Escuelas Pías se van incorporando cada vez más jóvenes que quieren ser religiosos, o que la Orden se va extendiendo poco a poco en nuevos contextos y en nuevas misiones. Nos alegra profundamente porque nuestra misión es servir, y todo lo que hagamos y vivíamos siempre será menor que las necesidades y desafíos que tenemos. Nos alegra ir creciendo poco a poco.

Pero me preocupa que caigamos en la tentación de entender el crecimiento sólo como una cuestión cuantitativa, de ser un mayor número de personas o de estar en nuevos lugares. Por eso, me gustaría invitaros a pensar en otros criterios que nos puedan ayudar a valorar nuestro crecimiento-o a desafiarlo- además del puramente cuantitativo, siendo éste importante, como es lógico.

Me inspiro en el texto del evangelio de Lucas en el que se dice que Jesús, niño, iba creciendo. Se dice de este niño que crecía “en madurez, sabiduría y gracia delante de Dios y de las personas[1]”. Quiero apoyarme en este texto para reflexionar, con vosotros, en lo que significa “crecer como Dios manda”. ¿Qué significa para las Escuelas Pías crecer en madurez, sabiduría y gracia delante de Dios y de las personas? Unas sencillas reflexiones sobre cada una de ellas.

MADUREZ

¿Qué significa “crecer en madurez”? No hay duda de que hay muchos modos de acercarnos a este desafío. Yo he elegido sólo cuatro aspectos, siempre pensando en nuestra realidad. Creo que los cuatro nos ayudarían mucho a crecer en la madurez que Calasanz quiso para nuestra Orden.

Claridad en su identidad y proyecto. Es un primer punto, y es esencial. Un grupo, una comunidad, una Orden religiosa podrá crecer si tiene claro lo que es y lo que está llamado a ser. Todo lo que hagamos por profundizar en nuestra identidad, por conocer más y mejor la propuesta del fundador y su actualización, por vivir con más calidad nuestro carisma, por fortalecer todos los dinamismos de vida que hemos ido consolidando a lo largo de nuestra larga historia, todo eso nos va a ayudar.

Tenemos muchos jóvenes en formación que tienen derecho a vivir una clara identidad, y esto no es sólo cuestión de tiempo. Es una opción que necesita ser trabajada. Tenemos presencias muy jóvenes, que necesitan referencias claras y escolapias para crecer. Tenemos demarcaciones muy consolidadas que deben abrir un proceso de “mayor aportación identitaria” al conjunto de las Escuelas Pías. Tenemos un tesoro calasancio que profundizar, promover, publicar y ofrecer. Hay mucho trabajo por hacer. En esta línea, la Congregación General acaba de crear un nuevo departamento de la Curia General sobre la “identidad y el carisma calasancio”.

Sostenibilidad. Es uno de los retos de los que más estamos hablando. El concepto de “sostenibilidad integral” se está abriendo paso entre nosotros, poco a poco, y nos está haciendo pensar. Hay dinamismos sociales que no dependen de nosotros y que nos complican y debilitan (opciones políticas, crisis económicas, pandemia, etc.). Pero hay otros que sí dependen de nosotros y que los tenemos que afrontar: trabajar desde proyectos; equipos de liderazgo; incrementar nuestra colaboración interna; proceso de participación; impulso de las “claves de vida”; crecer en nuestra capacidad de obtener recursos externos; trabajar en red y tejer redes; convocar; formar a los jóvenes desde esta mentalidad; impulso de la Fraternidad, etc.

Capacidad de engendrar. Es propio de la madurez la capacidad de engendrar vida. Así ha sido siempre en la Orden. La madurez de las Provincias es lo que les ha hecho capaces no sólo de sostener e incrementar sus propias realidades, sino de abrir nuevas presencias en diversos lugares del mundo. Gracias a esta mentalidad nuestra Orden está hoy con nuevas posibilidades de vida y de misión. Nuestros jóvenes entienden muy bien esto. Saben que no han venido a la Orden solo para sostener lo que tenemos. Lo aman y lo admiran. Nuestra realidad es el fruto del trabajo y del coraje de nuestros mayores, y se sienten agradecidos por ello y comprometidos en su desarrollo. Pero se sienten llamados a dar nuevas respuestas. Eso es muy bueno, es un don que debemos saber acompañar.

Dinamismos de vida. Nuestro anterior Capítulo General hizo una gran aportación al conjunto de las Escuelas Pías al aprobar las nueve “Claves de Vida” que han marcado el camino del sexenio que termina. No están agotadas, ni mucho menos. Deberemos seguir trabajando en ellas, buscando nuevas pistas de avance. Es claro que van a ir apareciendo algunas, que serán trabajados por el Capítulo. Entre ellas, los procesos propios de la sinodalidad, las esperanzas de los jóvenes, la renovación de la “cultura de Orden”, etc. Vivimos un tiempo muy rico. Hemos de cuidar que los problemas y las dificultades no oculten las llamadas que recibimos y que necesitamos atender. No está en nuestras manos “garantizar la madurez”, pero lo que sí está en nuestras manos es “poner las condiciones para que la madurez sea posible”. Y este es el desafío de nuestras “claves de vida”.

SABIDURÍA

¿Qué significa crecer en sabiduría? Es muy bueno “dar nombres concretos” al desafío de “crecer en sabiduría”. Estoy seguro de que todos vosotros podríais aportar maneras muy ricas y plurales de acercarnos a este reto. Me gustaría aportar cuatro posibilidades.

Formación abierta. La formación sigue siendo nuclear. No sólo la Inicial, sino la de toda la vida. Sólo una formación clara y abierta a la realidad en la que vivimos, que nos capacite para entenderla y para superarla transformándola, sólo esa formación nos hará capaces de “crecer en sabiduría”. Hay mucha tarea pendiente: mejorar la formación de nuestros jóvenes en Filosofía, Teología, Pedagogía y, en general, en estudios civiles; cuidar y usar las bibliotecas; leer; publicar; ofrecer estudios de especialización; fomentar la formación al interior de las comunidades; idiomas; participación en la vida eclesial y social; creación de aportación educativa, etc.

Lectura de la realidad. No hay duda de que nuestro fundador fue un maestro en esta dimensión de la sabiduría: saber leer la realidad en la que vivía dejándose interpelar por ella y buscando el modo de transformarla. Sólo desde estas dinámicas podremos, como escolapios, continuar siendo útiles al mundo que nos toca vivir. Las visiones parciales, cortoplacistas o desencarnadas, no son dignas de los hijos de Calasanz. Será bueno profundizar en todo esto. Y una buena manera de hacerlo es buscando que nuestras comunidades sean, en verdad, espacios de escucha de la realidad. Dios también habla a través de las luchas y aspiraciones de las personas, de las mujeres y hombres de nuestro tiempo.

Escucha del Espíritu y discernimiento evangélico. Aquí radica una de las dimensiones centrales de la sabiduría en la que estamos llamados a crecer: aprender a discernir abiertos al Espíritu Santo. El discernimiento está muy lejos de las luchas ideológicas o de la defensa de nuestras propias posturas. Igualmente, está muy lejos de la simplificación de las decisiones a través simplemente de mecanismos de mayorías, Si nuestro Señor hubiera sometido a la votación de la comunidad -sin un discernimiento sereno y sosegado- la decisión de “subir a Jerusalén para enfrentarse con ella[2]”, probablemente el resultado hubiera sido negativo. Será bueno dar alguna vuelta a este precioso y apasionante desafío.

Impulsar una “cultura de Orden” que nos ayude a estar en dinámica de cambio y conversión. La “cultura de una Orden religiosa” está constituida por aquellos dinamismo y modos de actuar que con el tiempo se consolidan y que se convierten en estables. Pero si no introducimos en ellos la capacidad de transformarlos, si no tomamos decisiones que permitan incrementar nuestra capacidad de cambio y de evolución, tenemos el riesgo de caer en el “siempre se ha hecho así”. Y eso no es sabio. No podemos convertir nuestra “cultura” en el “siempre se ha hecho así”.

GRACIA

La gracia es un don de Dios. Pero también es el fruto de un estilo de vida. Desde la combinación de ambas dimensiones podemos plantearnos la pregunta de “qué significa crecer en Gracia”.

Vivencia de la fe y de la centralidad del Señor. No hay duda de que la vivencia de la centralidad del Señor Jesús en nuestra vida es lo que nos va a ayudar a crecer en esa preciosa dimensión de la vida de todo cristiano que es “transparentar la presencia de Dios”. Necesitamos recuperar la convicción de que estamos llamados a ser santos. Debemos perder el miedo a decirlo y a compartirlo: lo que hacemos y lo que vivimos lo hacemos y lo vivimos la gloria de Dios y la utilidad del prójimo. Pero a veces nos hemos quedado sólo con la primera o con la segunda parte del lema de Calasanz, que es una unidad. También sobre este asunto será bueno que pensemos un poco.

Capacidad de aportar Camino. Somos seguidores de Aquél que dijo “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Esta afirmación del Señor debe inspirar nuestro servicio a los niños y jóvenes: estanos aquí para ofrecerles caminos que les acerquen a Cristo y que les lleven a Él. Y sólo lo haremos si nosotros los recorremos con ellos.

Capacidad de aportar Verdad. La Verdad de la que somos portadores no es de este mundo, ni es muy comprendida ni valorada por él. Pero somos sus cooperadores. Y esto pasa por muchos dinamismos, desde el desafío personal de “vivir en verdad”, sin falsedades -tengo que reconocer con dolor que no siempre es así en todos los hermanos, y que hay a veces “trastiendas” que nos hacen opacos- hasta el grande y definitivo de ofrecer siempre la Verdad del Evangelio, la propuesta cristiana, sin rebajarla o adaptarla a las corrientes culturales o dominantes del momento. Y no son fáciles ni una ni otra, la una porque somos pecadores, y la otra porque la tentación del “aplauso” es siempre muy atractiva.

Capacidad de aportar Vida. ¿Qué otra cosa es la educación sino una oferta de vida? ¿Qué es lo que da plena identidad y sentido a nuestra misión? Lo diré de modo sintético y claro: las preguntas y las búsquedas más profundas de los jóvenes sólo se pueden responder desde Aquél que es la respuesta. Nosotros no estamos aquí sólo para “preparar a los jóvenes para encontrar su lugar en el mundo”, sino para capacitarles para transformarlo y para inspirarles en la superación de sus límites, ayudándoles a desear la plenitud de la vida eterna. A veces nos quedamos en propuestas de corto recorrido que no son malas, pero son profundamente incompletas.

DELANTE DE DIOS Y DE LAS PERSONAS

Las Escuelas Pías caminan en la historia “delante de Dios y de las personas”. Acrecentar esta conciencia nos puede ayudar a integrar algunas opciones que están llamando a nuestras puertas. Simplemente cito algunos ejemplos: asumir que debemos “dar cuentas” (accountability) del testimonio que ofrecemos y de la calidad con la que trabajamos; dejarnos interpelar por la comunidad cristiana, por las familias, por los jóvenes, por el mundo educativo, etc.; vivir desde una sincera capacidad de autocrítica las decisiones que tomamos y el camino que recorremos, etc. Vivimos en el mundo, somos una institución eclesial, tenemos una propuesta educativa, las personas tienen el derecho a creer lo que decimos viendo lo que vivimos. Esto también es crecer.

Por todo esto debemos hacer un Capítulo General que nos ayude en el proceso de “crecer como Dios manda”, y que pueda ofrecer a la Orden una palabra sobre la centralidad del Señor en nuestra vida, sobre el escolapio que necesitamos, sobre los retos que tenemos para ir haciendo unas Escuelas Pías mejores y sobre la misión -insustituible- que tenemos. Estos son los grandes núcleos de nuestro Capítulo.

Recibid un abrazo fraterno.

P. Pedro Aguado Sch.P.

Padre General

Toma de posesión de Mons. Carlos Curiel SchP como Obispo de Carora

El sábado 22 de mayo, Mons. Carlos Curiel Sch.P. tomó posesión como Obispo de Carora.

El nuevo obispo fue recibido con gran alegría por la población, que pudo verle y aplaudirle en su recorrido por la ciudad. Fue especial el homenaje que recibió delante del Colegio Escolapio y de la parroquia “San José de Calasanz”, con las tradicionales danzas que constituyen una de las señas de identidad de nuestro colegio.

La Eucaristía de toma de posesión tuvo lugar en el santuario mariano de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá de Aregue, y contó con la presencia, entre otros obispos, del Nuncio Apostólico en Venezuela, del cardenal Baltasar Porras y del hasta ahora Obispo administrador de la diócesis de Carora, Mons. Ubaldo Santana.

Nuestra Orden y la Provincia de Centroamérica y Caribe estuvo representada por el P. Provincial, Juan Alfonso Serra, y otros religiosos destinados en Venezuela.

En su homilía, Mons. Curiel manifestó su disponibilidad y compromiso para acompañar la vida de la diócesis en profunda comunión con el Papa Francisco, y destacó su agradecimiento a Bolivia, donde ha servido por varios años, y a la Orden de las Escuelas Pías, a la que pertenece con profunda alegría y acción de gracias a Dios.

Al final de la celebración, el P. Juan Alfonso Serra leyó una carta enviada por el P. General, en la que el P. Pedro expresaba la importancia de Carora para nuestra Orden y sus mejores deseos para el nuevo obispo y el conjunto de la diócesis.

Deseamos a nuestro hermano Carlos, Obispo de Carora, un fecundo ministerio episcopal.https://www.youtube.com/embed/5BOqZsYYNxkhttps://www.youtube.com/embed/wLPHL6q-vu4

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