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Constituir, ampliar y propagar: Salutatio Patris Generalis Oct20

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Estos son los tres verbos que utiliza Calasanz en el Memorial al Cardenal Tonti para expresar su absoluta convicción de que era necesario que las Escuelas Pías fueran configuradas como una Orden de votos solemnes. Son tres verbos precisos, claros y significativos. Creo que nos vienen bien para explicar el contenido del primero de los núcleos temáticos de nuestro próximo Capítulo General, que celebraremos, si Dios quiere, el próximo mes de julio: la “construcción de las Escuelas Pías”.

Dice Calasanz: “Demostrada, pues, la utilidad y necesidad de esta obra, que comprende todas las personas y condiciones y lugares, toda la instrucción básica y todos los medios para vivir, se deduce con rigurosa consecuencia la necesidad de constituirla establemente como Orden religiosa, a fin de que en ningún momento desaparezca (…) Se deduce asimismo la necesidad de ampliarla y propagarla según las necesidades, deseos e instancias de tantos[1]”.

Calasanz configuró establemente la Orden y le dio los primeros impulsos para que creciera progresivamente, al servicio del ministerio educativo. En el momento de la reducción ordenada por el Papa Inocencio X la Orden tenía 500 religiosos, 5 provincias y 37 casas, de las que la mayor parte eran escuelas. Fue un extraordinario proceso de construcción de Escuelas Pías. Después de la decisión papal, los escolapios continuaron adelante, luchando por la restauración de la Orden. Sin duda que las claves de dicha restauración están contenidas en el mensaje del fundador que todos conocemos: “sigan trabajando por los niños, confíen en Dios, manténganse unidos y no pierdan la alegría[2]

Por nuestra fe, creemos que el amor de Dios, la protección de María y la intercesión de Calasanz son las causas profundas de la restauración de la Orden. Sin duda, hubo también algunos factores que ayudaron en este proceso. Nuestros historiadores destacan, entre otros, los siguientes: las presiones de las autoridades civiles, que estaban convencidas de la necesidad de las Escuelas Pías en sus Estados, incluyendo la respuesta educativa católica a la Europa protestante; la lucha y el esfuerzo de los escolapios, que no se rindieron ni se retiraron, sino que siguieron adelante como les había pedido el fundador; la oración permanente de los escolapios por su propia Orden; las adecuadas y progresivas gestiones eclesiásticas, que provocaron un clima favorable a las Escuelas Pías; la clarificación de la situación interna, con el abandono de los que debían abandonar y la entrada y perseverancia de quienes de verdad querían vivir el carisma del fundador, etc.

Pero la tarea continúa. Y continuará. Los escolapios seguimos construyendo las Escuelas Pías, con el favor de Dios y con esfuerzo diario, con tesonera paciencia y afortunado atrevimiento. Las claves de este trabajo siguen siendo las mismas: el deseo de responder a la llamada del Señor, la figura y el carisma de Calasanz, la necesidad de la educación para todos, la convicción de que las Escuelas Pías son un instrumento del Reino, etc. La lista de razones sería interminable.

En cada momento histórico aparecen tonalidades nuevas desde las que nuestro esfuerzo por unas Escuelas Pías mejores asume nuevos desafíos. Nuestro próximo Capítulo General está llamado a dar nombre a esas nuevas tonalidades, a esas llamadas que recibimos y a las que debemos responder. Yo no pretendo, en esta Salutatio, referirme a todas, porque no sería capaz de hacerlo. Simplemente quiero compartir con vosotros algunos de esos “toques” (aprendí esa palabra de uno de nuestros prenovicios de Quito) con los que la realidad nos va moviendo. Vamos allá.

A lo largo del sexenio han ido apareciendo aspectos importantes del proceso de la Orden, y que han sido objeto de trabajo en encuentros, reuniones, etc. Entre ellos, los desafíos de la interculturalidad y la inculturación; la consolidación progresiva de las nuevas Provincias; la expansión en algunos países nuevos y en los que ya estamos, con nuevas obras y presencias; el desarrollo y crecimiento de la pastoral vocacional; el dinamismo de la participación de los laicos; la llamada eclesial a la sinodalidad y que en nuestra Orden hemos acogido sobre todo desde los procesos con los jóvenes; la sostenibilidad integral de nuestras presencias, etc.

Creo que todos estos procesos son dinamismos que nos exigen y nos impulsan como Orden, y que ofrecen pistas para comprender cómo las Escuelas Pías siguen consolidándose, ampliándose y propagándose según deseos e instancias de tantos. Me gustaría compartir con vosotros cuatro dinamismos que considero fundamentales.

El primero lo he llamado “llevar adelante un proyecto de impulso de la Orden”. Pongo un ejemplo sencillo para explicar lo que quiero decir. No hace mucho recibí una carta circular  de uno de los superiores mayores de la Orden en la que, hablando de su Provincia y de sus respuestas ante la pandemia del COVID-19, decía lo siguiente: “Es muy grato y esperanzador constatar que ha sido la apuesta por las grandes claves de vida de la Orden y la Provincia, las que nos han dado los recursos y las herramientas para hacer frente al momento, quizás, más incierto que nos ha tocado vivir”.

Comparto con todos vosotros una convicción importante: trabajar con un proyecto claro, llevar adelante nuestra vida y misión desde unas opciones asumidas por todos y portadoras de vida (las llamamos “claves de vida”) es algo absolutamente necesario para poder “consolidar, ampliar y propagar las Escuelas Pías”. De las cosas que yo más valoro del Capítulo General celebrado en Hungría es que la Orden se dotó de un proyecto claro, que marcaba dirección y que era asumido por el conjunto de las Escuelas Pías.

En muchas oportunidades he podido compartir con vosotros esta reflexión: la vida de la Orden dependerá, en primer lugar, del amor de Dios; en segundo lugar, de la autenticidad de nuestra vivencia escolapia y, en tercer lugar, de que acertemos con las decisiones y opciones. Pues bien, el “proyecto de impulso de las Escuelas Pías” se inscribe en esta tercera clave: dotarnos de un plan claro desde el que caminar. Tal vez nuestro próximo Capítulo General no necesite hacer otro proyecto completo, pero sí, seguro, marcar la dirección desde la que caminar en cada una de las claves de vida que tenemos asumidas.

El segundo dinamismo lo he llamado “entender el desafío de nuestra realidad escolapia”. Ciertamente que hay muchas llamadas que recibimos de la diversa y plural realidad social en la que vivimos. No me refiero ahora a esas llamadas, sino a las que provienen del “cuerpo escolapio”, de nuestra propia realidad, y que necesitan ser comprendidas, interpretadas e integradas en el proyecto de la Orden.

Pongo algunos ejemplos: la composición creciente e imparablemente intercultural de nuestras demarcaciones; el proceso claramente diverso de nuestras cuatro circunscripciones y que nos exige pensar qué puede aportar cada una al desarrollo escolapio de las otras; el creciente número de jóvenes que llaman a nuestra casa para ser escolapios y que necesitan procesos formativos exigentes y completos; el proceso que estamos impulsando desde la clave de “Escuelas Pías en Salida”; el desarrollo formidable del Movimiento Calasanz; el dinamismo de de la Fraternidad; la llamada incesante a la autenticidad vocacional en todas sus dimensiones, etc. La Orden palpita, y sus palpitaciones indican vida, dirección, opciones. Es muy importante “auscultarla” y responder a lo que emerge en su seno como dones del Espíritu.

Formulo algunas preguntas pensando sólo en uno de los aspectos, el del desarrollo de la Orden en cada continente:

  1. ¿Cómo avanzar hacia un crecimiento sostenible en las circunscripciones de África y de Asia? Y no me refiero solamente a los aspectos económicos o de recursos materiales, sino al concepto de sostenibilidad integral (personas, equipos, proyectos, recursos, identidad, procesos, etc.).
  2. ¿Cómo asegurar en las emergentes presencias escolapias de la Orden las referencias carismáticas que necesitan para crecer bien, desde una identidad calasancia clara y certera?
  3. ¿Cómo podemos intentar una reactivación de la capacidad de crecimiento de nuestras Provincias americanas, la mayor parte bien consolidadas y con muchas posibilidades de ofrecer a la Orden lo que tradicionalmente ha sido ofrecido por las demarcaciones europeas? Es probable que aquí esté una de las claves del futuro de las Escuelas Pías, en los próximos años.
  4. ¿Cómo hacer sostenibles nuestras presencias europeas, sobre todo en el contexto occidental, ante una -por el momento- irreversible reducción numérica de religiosos? ¿Cómo avanzar hacia un renovado y fértil sujeto escolapio que permita no sólo mantener lo que hacemos sino seguir creciendo? ¿Cómo trabajar para seguir teniendo vocaciones religiosas en un contexto como el europeo, aunque sea en números humildes?

Hay un tercer dinamismo al que me quiero referir, y que lo llamo “escuchar el sentir de la Iglesia”. Escuchar a la Iglesia, como hijos, y responder a sus llamadas, como apóstoles. Este es el desafío. No necesitamos “antenas muy especializadas” para detectar las llamadas que la Iglesia nos dirige. Son muy claras. Citemos algunas en dinámica de “respuesta escolapia”.

  1. La sinodalidad, expresión certera y trasformadora de la llamada a la corresponsabilidad, a la participación, a la vinculación de todos en el proyecto escolapio.
  2. Las “Escuelas Pías en Salida”, como camino de crecimiento en disponibilidad misionera y en fraternidad intercultural.
  3. La apuesta por los jóvenes y sus procesos de fe y de discernimiento vocacional. El Papa Francisco marca claramente el camino: La pastoral juvenil sólo puede ser sinodal, es decir, conformando un “caminar juntos” que implica una «valorización de los carismas que el Espíritu concede según la vocación y el rol de cada uno de los miembros de la Iglesia, mediante un dinamismo de corresponsabilidad[3]”.
  4. La lucha contra todo tipo de abuso (sexual, de conciencia o de poder), ligados a las actitudes clericalistas.
  5. El impulso misionero, de anuncio explícito del mensaje de Cristo, desde todas nuestras plataformas escolapias, acompañando procesos de educación integral desde la fe.
  6. La acogida del migrante, la atención escolapia a los pobres, la apuesta por una educación capaz de transformar la persona y la sociedad.
  7. La llamada a la reconstrucción del Pacto Educativo Global, que nos interpela directamente como escolapios.

No hay duda de que estas y otras llamadas serán objeto de nuestro trabajo capitular. No podremos abordar todas, porque sería imposible hacerlo con la adecuada profundidad, pero lo que sí tendremos que hacer es “escuchar a la Iglesia” y responder como escolapios.

Y el cuarto dinamismo que no puede faltar lo nombro así: “responder a los desafíos reales de los niños y los jóvenes”. Calasanz configuró sus Escuelas Pías como respuesta a la realidad de los niños, a su necesidad de instrucción para salir de la pobreza y marginalidad; al reto de proponerles un futuro no ligado a su cuna, sino al trabajo y al esfuerzo por crecer; al desafío de ayudarles a vivir desde una vida abierta a la fe y sostenida por ella. No fundó las Escuelas Pías desde una mentalidad de “suplencia”, haciendo algo que nadie hacía hasta que alguien -por ejemplo, el estado- lo hiciera. No. Calasanz dio una respuesta integral a un desafío integral. Y hoy sigue siendo necesario responder de la misma manera.

Por eso, si queremos responder a lo que los niños y jóvenes necesitan, tenemos que seguir defendiendo nuestro proyecto, y haciéndolo crecer, también frente a mentalidades y políticas que pretenden que ya no es necesario o que buscan el modo desvirtuarlo o controlarlo; debemos fortalecerlo, desde las claves y características propias de la educación escolapia; debemos enriquecerlo desde desafíos que son más actuales que nunca.

Entre estos desafíos: el derecho a la educación para todos; una educación portadora de respuestas al afán de sentido de la vida que los jóvenes se plantean; una educación integral que acompañe el proceso de fe de nuestros jóvenes; una apuesta por la calidad sobre todo en donde hay menos medios y más necesidades; unos educadores que realmente sientan vocación por educar, etc.

Pienso que estos cuatro dinamismos deberán estar muy presentes en nuestras reflexiones capitulares, y durante el próximo sexenio. Son opciones de “construcción de Escuelas Pías” que debemos tener muy en cuenta para dar respuestas certeras a los retos que tenemos planteados.

Pidamos a Dios, nuestro Padre, que nos ayude e inspire en este proceso. Recibid un abrazo fraterno. 

P. Pedro Aguado Sch.

P. Padre General  

[1] San José de Calasanz. “Memorial al Cardenal Tonti” Opera Omnia, tomo IX, página 305.

[2] San José de Calasanz: Carta 4342 del 17 de marzo de 1647. Opera Omnia, tomo VIII, página 273.

[3] Papa Francisco. Exhortación apostólica postsinodal “Christus vivit” nº 206, de 2019.

Hace 25 años…

Prot.S.339.2020

A TODOS LOS RELIGIOSOS DE LA ORDEN

Hace 25 años…

El 1 de octubre de 1995, el Papa San Juan Pablo II elevó a los altares al beato Pedro Casani y a trece mártires escolapios, testigos de la fe hasta dar la vida por Jesucristo. Estamos celebrando el 25º aniversario de esta extraordinaria fecha de la historia de nuestra Orden, que fue vivida y celebrada con profunda alegría en todo el mundo escolapio.

Creemos que es muy bueno que recordemos este feliz aniversario, y lo hagamos en acción de gracias a Dios por el don de la santidad de nuestros hermanos escolapios. Recordemos sus nombres:

  • Pedro Casani de la Natividad de Santa María Virgen
  • Dionisio Pamplona de San Barnabás
  • Manuel Segura de la Virgen del Pilar
  • David Carlos del Santísimo Sacramento
  • Faustino Oteiza de Nuestra Señora de los Dolores
  • Florentín Felipe de San Francisco de Borja
  • Juan Agramunt de los Sagrados Corazones
  • Enrique Canadell de los Sagrados Corazones
  • Matías Cardona de San Agustín
  • Ignacio Casanovas de San Ramón
  • Carlos Navarro de la Virgen de los Desamparados
  • Francisco Carceller de Nuestra Señora de Lourdes
  • José Ferrer del Carmelo
  • Alfredo Parte de la Virgen

Quisiéramos recordar también las palabras del Papa en la homilía de ese solemne día, porque nos ofrecen una preciosa síntesis de lo que estamos celebrando.

“Hermano, siervo de Dios: Practica la paciencia”. La Orden de las Escuelas Pías contempla hoy en la gloria a catorce de sus miembros: el Padre Pedro Casani, primer compañero de san José de Calasanz y trece mártires de la persecución religiosa de 1936 en España. Pedro Casani, natural de Lucca, se une en 1614 a José de Calasanz para “educar en la piedad y las letras” a la infancia romana. Abierto a la caridad con el prójimo y entregado a la educación de los niños pobres, repetía antes de su muerte: “La paciencia y la oración pueden hacer mucho”.

Dionisio Pamplona y sus compañeros mártires no son héroes de una guerra humana, sino educadores de la juventud que por su condición de religiosos y maestros afrontaron su trágico destino como auténtico testimonio de fe, dándonos con su martirio la última lección de su vida. ¡Que su ejemplo y su intercesión lleguen a toda la familia calasancia!

No les escribimos esta carta simplemente para recordarles esta efeméride, sino sobre todo para invitarles a vivirla y celebrarla, renovando nuestra vocación a la santidad. Es bien cierto que la santidad es esencialmente un don de Dios, pero también lo es que ser santos es nuestro horizonte, nuestro desafío y nuestra tarea.

Nos ayuda recordar la propuesta que nos hizo el Papa Francisco en su Mensaje para el Año Jubilar Calasancio. Nos decía el Papa: “Hagan memoria de lo que son y de lo que están llamados a ser. Pido al Señor que les conceda vivir aquellas disposiciones que hicieron santo a su Fundador. De esta manera, las Escuelas Pías serán lo que San Calasanz quiso y lo que los niños y los jóvenes necesitan”.

El mensaje es claro, queridos hermanos: si queremos que nuestra Orden sea lo que Calasanz quiso y lo que los niños y jóvenes necesitan, ¡seamos santos!

Les proponemos que celebren este aniversario en cada una de las presencias de la Orden, bien en comunidad, bien con los alumnos o con los educadores. Ustedes verán el mejor modo de hacerlo, en función de las circunstancias. Al celebrarlo, oremos los unos por los otros, y pidamos al Señor que nos conceda del don de la santidad.

Para que los niños crezcan en Piedad y Letras, Señor, danos escolapios santos.
Para que la juventud conozca y siga a Cristo, Señor, danos escolapios santos.
Para que los escolapios conformemos nuestras vidas según el Evangelio., Señor, danos escolapios santos.
Para que demos testimonio de la Verdad como sus cooperadores, Señor, danos escolapios santos.
Para que prediquemos a Cristo, y a Éste crucificado, Señor, danos escolapios santos.
Para que caminemos bajo la protección de María, Reina de las Escuelas Pías, Señor, danos escolapios santos.
Para que las comunidades escolapias sean lugares de amor fraterno, Señor, danos escolapios santos.
Para que el Pueblo de Dios crezca en fe, esperanza y amor, Señor, danos escolapios santos.

Te pedimos por el don de la santidad en las Escuelas Pías para que seamos instrumentos eficaces en la santificación de las almas según nuestro ministerio escolapio. Ayúdanos para que nuestras comunidades sean lugares de santificación, de buscar y cumplir la voluntad de Dios. Ayúdanos para que vivamos nuestra vocación en plenitud y con alegría siendo auténticos discípulos y testigos del Señor que es santo y quiere que también nosotros seamos santos. Amen.

En comunión de oraciones, reciban un abrazo fraterno.

La Congregación General de las Escuelas Pías

Roma, 1 de octubre de 2020

Las Escuelas Pías organizan un encuentro internacional para impulsar la reconstrucción del Pacto Educativo global

Como consecuencia de la convocatoria que ha lanzado el Papa Francisco a un “Pacto Educativo Global”, las Escuelas Pías han puesto en marcha un proceso de profundización e impulso sobre los retos actuales que tiene la educación. Como indica el P. Pedro Aguado, Superior General de los Escolapios, se trata de un proceso “formidable” de repensar la educación y situarla en su lugar, como la clave de un mundo mejor, de una sociedad más justa y fraterna. “Para nosotros, escolapios, hijos e hijas del fundador de la escuela popular cristiana, es fácil comprender este proceso, porque llevamos cuatro siglos trabajando en él”, explica Aguado.

El P. General ha dejado bien claras las tres opciones desde las que impulsar todo el proceso: poner la persona en el centro; impulsar todos los procesos que ayudan a crecer a la persona y educar en el servicio al bien común de todos los seres humanos. El objetivo es buscar el mejor modo de participar en esta tarea universal consistente para reconstruir el pacto educativo global. “Estamos ante un reto que ya fue iniciado -proféticamente- por Calasanz, y en el que hoy podemos y debemos seguir dando lo mejor de nosotros mismos”, destaca.

Encuentro internacional escolapio

Por este motivo, los educadores escolapios han sido llamados a participar en un Encuentro escolapio internacional, que tendrá lugar el próximo sábado 3 de octubre de forma telemática con traducción simultánea en los idiomas oficiales de la Orden (español, italiano, francés e inglés). El encuentro, de hora y media de duración, contará, entre otros, con la participación del salesiano Juan Antonio Ojeda, miembro de la OIEC (Organización Internacional para la Educación Católica). Además, se compartirán experiencias docentes escolapias de Argentina, Colombia, España, y África en torno a los ejes principales de trabajo: la ecología integral, dignidad humana, solidaridad y desarrollo y paz y ciudadanía

A la cita están convocados todos los que colaboran de algún modo en la misión escolapia en las escuelas, centros de educación no formal y parroquias, así como los directivos de asociaciones de padres y exalumnos.

Elementos Calasancios: 10/Reforma de la sociedad

Finalidad de nuestra acción por la que pretendemos que los niños y jóvenes descubran que viven en sociedad, más allá de su realidad individual, y se comprometan en la construcción de un mundo más justo y fraterno a la luz del Evangelio.

Los siglos XVI y XVII fueron años cruciales en la historia de la humanidad. Junto al proyecto de una sociedad nueva en la América recién conquistada, la guerra dejaba la cristiandad europea enfrentada en diversos credos religiosos. El deseo de construir un mundo nuevo que los humanistas habían plasmado en sus libros parecía sólo un espejismo pues la sociedad seguía tan inmóvil y clasista como siempre lo había sido. 

Calasanz entabló una cercana relación con un gran humanista: Tomás Campanella, autor de “La ciudad del sol” (1602) en la que había subrayado la igualdad de todos los seres humanos, la importancia del conocimiento, por su capacidad de mejorar el comportamiento ético, como también la defensa del cristianismo por su carácter racional, es decir, por su coherencia con la naturaleza humana. Casi 30 años después redactó una defensa a favor de las Escuelas Pías argumentado el legítimo derecho de los pobres a una buena educación frente a los detractores que veían como un peligro que fueran educados en las mismas condiciones que los ricos. 

José de Calasanz fundó las Escuelas Pías para que los pobres porque para ellos se fundó nuestro Instituto. Y lo que se hace por ellos se hace por Cristo, y no se dice otro tanto de los ricos (EP. 2812). En otoño de 1597 tomó la crucial decisión de que la escuelita de Santa Dorotea fuera completamente gratuita, precisamente para favorecer el acceso de todos a la educación. 

La defensa de los derechos de los pobres a la enseñanza es una constante del pensamiento y la práctica de Calasanz, tal como ya aparece en un memorial de 1626: Es propio del Instituto de las Escuelas Pías enseñar a los muchachos y particularmente a los pobres, muchos de los cuales por la pobreza o descuido de los padres no van a la escuela, ni aprenden oficio o ejercicio alguno, sino que van perdidos y ociosos y así con facilidad se entregan a diversos juegos, particularmente al de las cartas, y es preciso que, cuando no tienen dinero para jugar, roben en su propia casa primero, y después donde pueden, o bien, encuentran dinero de otras pésimas maneras.

Y más incisivamente el P. Francisco Castelli, en su “Apología de las Escuelas Pías” dirigida a la Comisión Diputada defiende con vehemencia el derecho de los pobres a la educación: “Las Escuelas Pías, se dice, son nocivas a la sociedad por ser contrarias a la buena política…pues con tanta facilidad de estudiar se da ocasión a todo pobre de aspirar a un estado superior, abandonar las artes y oficios… Pero, si la buena educación es cosa buena, ¿por qué han de quedar excluidos de ella tantos pobres beneméritos? ¿Acaso los pobres no son aquellos mismos que sustentan al mundo con sus fatigas? ¿Y quiénes han sido los inventores y perfeccionadores de las artes? ¿No es cierto que los mayores negocios y los más difíciles son pensamientos de hombres pobres, que para conseguir algo deben estar vigilantes mientras los ricos duermen, y cuando está ya todo hecho aparecen en escena para autorizar y garantizar los negociados de los mismos pobres? ¿Y qué seríais vosotros quizá, los que estáis leyendo esto, si hubieran tenido vuestras ideas los ricos en tiempo de los últimos pobres de vuestra prosapia?” 

Con el tiempo y atraídos por la buena calidad educativa de las Escuelas Pías, fueron ingresando niños de familias más ricas que podían pagar. Sin embargo, Calasanz siempre insistió en la gratuidad absoluta, tanto para pobres como para ricos.  el buen morir, la paz y el sosiego de los pueblos, el buen gobierno de las ciudades y de los príncipes, la obediencia y la fidelidad de los súbditos, la propagación de la fe, la conservación y la preservación de las herejías, la reforma de toda la Cristiandad empleando hombres de vida apostólica (Tonti nº 26).

Para llevar adelante esta finalidad, Calasanz diseñó un currículum y una organización escolar que preparaba a los alumnos, no solo para conseguir un empleo digno, sino para contribuir a construir una sociedad más justa y solidaria.

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Tejer redes pastorales desde la formación

En el año 2019, se realizó un curso on-line de Pastoral Escolar. Fue una buena oportunidad formativa para muchos educadores de la circunscripción de América que nos dio pistas para seguir proponiendo una formación a distancia para nuestros educadores.

Con esta experiencia previa, nos hemos atrevido a lanzar un nuevo Curso de Pastoral Escolapia on-line dirigido a los líderes de las parroquias escolapias que han aceptado el compromiso de trabajar en Red con el proyecto propuesto por la Orden.

El curso pretende que los participantes descubran juntos un estilo propio de hacer pastoral escolapia en las parroquias a través de la reflexión compartida y el intercambio de experiencias.

A través de los 17 temas, los estudiantes profundizarán en las “claves de vida” que la Orden quiere impulsar en sus plataformas de misión: el trabajo en red, la opción por los pobres, el Movimiento Calasanz, la participación, la comunidad cristiana escolapia, la educación no formal, el acompañamiento…

Cada uno de los temas lo preparará un escolapio que propondrá el estudio de un documento. Los alumnos tendrán que elaborar un trabajo que corregirá un equipo de tres tutores.

De momento, el curso ha tenido una buena acogida con la inscripción de al menos cinco personas de cada parroquia de la Red. En total participarán unas ochenta personas de 15 parroquias de América:

La Anunciación. New York

Santísimo Salvador. San Juan (Puerto Rico)

Nuestra Señora del Carmen. Ponce (Puerto Rico)

Sagrado Corazón. México DF

San José de Calasanz. Valencia (Venezuela)

La Transfiguración. Barquisimeto (Venezuela)

San José de Calasanz. Carora. (Venezuela)

Nossa Senhora das Graças. Governador Valadares (Brasil)

Sâo Marcos. Belo Horizonte (Brasil)

Sâo José Calasanz. Serra (Brasil)

San Rafael. Cochabamba (Bolivia)

Santiago Apóstol. Anzaldo (Bolivia)

San Juan Bosco. Santa Cruz (Bolivia)

San Juan Evangelista. Santiago (Chile)

Santa Luisa de Marillac. San Antonio (Chile)

Parroquia San José de Calasanz. Medellín (Colombia)

Comenzamos esta aventura con el apoyo de nuestros superiores mayores y del trabajo de los párrocos que están impulsando la formación de los laicos de su parroquia, para la gloria de Dios y utilidad del prójimo.