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Reconstruir el Pacto Educativo Global. Seminario Internacional de Formación

El evento virtual del 15 de octubre que convocó el Papa sobre el Pacto Educativo solo fue el inicio de una serie de iniciativas que se están organizando para sumarse a esta corriente de vida que busca humanizar la educación.

La comisión de educación de la USG y la UISG; es decir, toda la Vida Religiosa, ha organizado un Seminario on-line del 12 al 14 de noviembre para saborear los desafíos que se proponen en el Pacto Educativo. Para ello, un grupo de 700 participantes hemos conversado con la ayuda de la metodología de “Indagación Apreciativa”, que usa el diálogo como herramienta para el cambio.

De las Escuelas Pías participamos los miembros del Secretariado de Ministerio y escolapios de la Provincia de Betania, Emaús, África del Oeste, Nazaret, México, Polonia, Italia y Austria.

Al organizar el evento, la comisión se planteó los siguientes objetivos:

1. Profundizar en el desafío de la reconstrucción del PACTO EDUCATIVO GLOBAL propuesto por el Papa Francisco.

2. Reflexionar sobre el papel de la Escuela Católica ante este desafío, buscando caminos comunes de trabajo en red.

3. Conocer el método Indagación Apreciativa, de alto interés para nuestras Congregaciones en sus procesos de análisis, discernimiento, planificación y toma de decisiones.

Abrió el Seminario el P. Pedro Aguado, en calidad de Presidente de la Comisión. Nos leyó una bellísima carta que había escrito el Papa Francisco con motivo de este evento internacional.

Es un honor para los escolapios que en la carta que escribió para este evento internacional cite a San José de Calasanz como pionero de la educación popular: “La Vida Consagrada ha estado siempre a la vanguardia de la tarea educativa. Ejemplo de ello es vuestro fundador, san José de Calasanz, que levantó la primera escuela de niños, pero también los religiosos que lo educaron en Estadilla y mucho antes los monasterios medievales que preservaron y difundieron la cultura clásica. De esta fuerte raíz, han surgido en todas las épocas de la historia distintos carismas que, por don de Dios, han sabido acomodarse a las necesidades y desafíos de cada tiempo y lugar. Hoy la Iglesia los llama a renovar ese propósito desde la propia identidad, y les agradezco que hayan tornado este testigo con tanto empeño y entusiasmo”.

Seguidamente, Monseñor Zani, secretario de la Congregación para la Educación Católica, dirigió unas palabras que nos animaban a darle vida al pacto Educativo desde nuestros carismas.

La dinámica de trabajo la llevó magistralmente Carmen Subirana, experta en la metodología de Indagación Apreciativa y directora del Instituto IDEIA. Por supuesto, con ayuda de un buen equipo de trabajo.

Después de una conferencia inicial para explicar bien la metodología de trabajo, se hicieron 7 grandes subgrupos por grupos lingüísticos. A su vez, en cada uno de ellos se formaron subgrupos de 8 personas para los diálogos.

El producto final fue una serie de declaraciones y pautas de acción sobre el Pacto Educativo, Un material extraordinario que deberá analizar la comisión de educación y decidir qué hacer con las conclusiones del trabajo.

Aunque el tiempo ha sido poco, ha sido un verdadero SINODO que ha comenzado a diseñar un proyecto global para nuestras escuelas. Esperamos con ansia las conclusiones para que nos puedan servir de inspiración a nuestras familias religiosas.

La llama está prendida en muchos. Deseamos que, como el fuego olímpico recorra todas nuestras obras educativas para que se muchos más educadores se sumen al hermoso proyecto de fraternidad universal impulsado por el Papa Francisco.

P. Javier Alonso, Sch.P.

El escolapio que necesitamos

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Nuestro próximo Capítulo General, que conmemorará el cuarto centenario de la publicación del Memorial al Cardenal Tonti, escrito por San José de Calasanz para defender su proyecto de que las Escuelas Pías fuesen constituidas como una Orden religiosa de votos solemnes, trabajará algunos temas importantes, inspirados en dicho Memorial. Uno de ellos tiene que ver con el título de esta carta fraterna.

Efectivamente, Calasanz insiste con mucha fuerza en una de sus más hondas convicciones: la Orden de las Escuelas Pías irá adelante sólo si los escolapios vivimos la vocación con autenticidad. Dice así, en el citado memorial: “La ampliación y propagación de las Escuelas Pías, según las necesidades, deseos e instancias de tantos, no puede hacerse sin muchos obreros, y no es posible conseguirlos si no tienen gran espíritu y no son llamados con vocación particular; ya que los llamados en general a abandonar el mundo, al no tener espíritu sino de incipientes, necesitan todavía destetarse de las comodidades del siglo y preferirán siempre, como lo muestra la experiencia, alguna Orden ya aprobada en la que después del Noviciado estén seguros de tener la vida asegurada y puedan llegar al sacerdocio, más que ingresar en una Congregación donde, en lugar de estas ventajas, se van a encontrar con otras dificultades que derivan de una vida mortificada por el trato obligado con muchachos, trabajosa por el continuo esfuerzo de su profesión, y despreciable a los ojos de la carne, que considera así la educación de los niños pobres[1]”. 

Es un texto muy fuerte, pero muy iluminador para el momento que vivimos. Calasanz sabe que su proyecto pervivirá si los escolapios son lo que tienen que ser. Por eso insiste tanto en el tipo de religiosos que quiere para las Escuelas Pías. Tenemos muchos ejemplos en sus escritos, y podemos leerlos y reflexionarlos con calma. Yo sólo he querido citar uno de ellos, porque me parece muy significativo para tratar de responder a esta pregunta tan importante: ¿cómo tiene que ser el escolapio? ¿qué escolapio necesita la Orden, los niños, los jóvenes, la Iglesia, el mundo? Calasanz responde: un escolapio con gran espírituconsciente de su vocación, que no busca ninguna seguridad ni comodidad, sino entregarse a los niños y jóvenes con pasión, aunque nadie valore ni comprenda su vocación, porque los valores del mundo son otros. Este es el escolapio querido por Calasanz. Por eso es fundador, porque pensó en grande.

Quiero añadir una segunda reflexión, antes de pasar a la parte propositiva de esta carta fraterna. Me refiero al proceso de reducción de la Orden, acontecido en vida de Calasanz, y a su restauración como Orden de votos solemnes. Echar un vistazo a la historia siempre nos ayuda, máxime si lo hacemos ante uno de los episodios más significativos de nuestro caminar, el momento en el que parecía que todo se iba a perder. Fueron 23 años de lucha por conseguir la restauración de las Escuelas Pías.

Nuestros historiadores hablan de diversos factores que ayudaron en este proceso. Yo quiero fijarme en los internos, no en los externos. Quiero destacar lo que vivían los escolapios y las opciones que tomaron, porque nos pueden ayudar a comprender lo que hoy tenemos que hacer. Apoyándome en los escritos del P. Enric Ferrer, quiero destacar cuatro aspectos especialmente significativos:

  1. La clarificación de los que realmente querían ser escolapios de verdad, según el estilo de Calasanz. Durante estos 23 años, abandonaron las Escuelas Pías unos 250 religiosos, y quedaron otros tantos. La mayor parte de los que se fueron, ciertamente, no aguantaban ni la escuela ni la pobreza, y no se veía su gran espíritu ni su vocación particular, aunque había excepciones, como es natural.
  2. Llegan nuevos escolapios bien preparados y excelentes religiosos, que se unen a los fieles de siempre (Conti, García, Castelli, Caputi, Berro, Apa, Novari…) y regeneran el tejido escolapio. Nuevas vocaciones tocadas del don de la autenticidad, que entran en la Orden en tiempos recios.
  3. No se cerró ninguna escuela escolapia. Este fue el mejor ejemplo del valor y de la necesidad del ministerio escolapio. Incluso en algunas escuelas aumentó el número de alumnos. Y, sin duda, en las comunidades se vivía con mayor paz, sin la compañía de los intrigantes.
  4. se potenció la formación inicial. Ya en 1660, nueve años antes de la plena restauración, se abrió en Chieti un Juniorato con dos grandes escolapios al frente, que entraron después de la reducción: Angelo Morelli (rector) y Giovanni Carlo Pirroni (maestro). Empezaron entonces a trabajar en lo que luego sería la Ratio Studiorum. Los frutos no tardaron en llegar, años después.

Podemos seguir poniendo ejemplos de nuestra larga historia, y serían muy iluminadores. También de nuestro momento actual. Pero me quedo con lo que he dicho hasta ahora, que es más que suficiente para poder compartir con todos vosotros algunas convicciones que, a lo largo de estos años, han arraigado con fuerza en mi interior, y que me ayudan a dar respuesta a esta importante pregunta: ¿cómo es el escolapio que necesitamos? Serán cinco.

Mi primera afirmación es esta: el escolapio que necesitamos no vendrá, ni estará, si nosotros no lo somos ni lo testimoniamos. Es inútil esperar que los que vengan sean los escolapios que necesitamos si no ven en los que estamos algo del escolapio que sueñan ser. No tendrán gran espíritu si no lo ven en nosotros; no percibirán la fuerza de la vocación si no la experimentan en la vida cotidiana; no serán si no lo somos. Por eso es tan valioso el testimonio del escolapio anciano, o de media edad, o joven adulto, pero que cree en lo que vive y lo vive con pasión. Él es el portador de ese gran espíritu. Y por eso es tan destructivo el escolapio vago, sin convicción o generador de malos ambientes. El escolapio que necesitamos, o está en la Orden o no existirá nunca, salvo don inmerecido de quien todo lo puede.

En segundo lugar, creo que en las Escuelas Pías tenemos el desafío de transmitir ese gran espíritu, y eso sólo se puede hacer por la vía de “elevar el nivel”. No estamos aquí para aceptar opciones mediocres ni para ofrecer vidas baratas. Los jóvenes que vengan serán los escolapios que necesitamos si lo que respiran en la Orden es exigencia, convicción, estilo de vida definido, cuidado de las claves fundamentales de la vida consagrada escolapia. Sólo ahí aparecerá la auténtica alegría, la fraternidad que sostiene y hace crecer, la misión que da frutos y la serenidad de quien sabe que está dando la vida por algo que realmente vale la pena. Lo mismo podemos y debemos decir del proceso de integración y consolidación del laicado escolapio.

No creemos en barnices externos, sino en transformación interior. No buscamos personas perfectas, sino deseosas de crecer y conscientes de su pequeñez ante el don y la llamada recibidos. Así podrán crecer las vocaciones religiosas y sacerdotales escolapias, las fraternidades, la misión compartida, los escolapios laicos y todas las diversas vocaciones que el Espíritu Santo quiera suscitar. Lo hará, como siempre, porque el espíritu que se nos ofrece a todos es de “fortaleza, amor y dominio propio, porque no somos llamados por nuestros méritos, sino por la gracia del Señor[2]”.

Los jóvenes que vengan serán los escolapios que necesitamos -tercer apunte- si la formación que reciben les hace crecer. La formación escolapia tiene una dimensión que no debemos minusvalorar, y es la de transformar la persona para hacerla escolapia. No dejamos de ser quienes somos, pero no nos quedamos quietos. Hay un proceso de cambio, que nos debe ayudar a entrar en una dinámica de fidelidad creciente. Esta es la vida del escolapio que necesitamos. ¿Cómo podemos vivir sin dejar marchitar el primer amor[3]? ¿Cómo podemos mantener siempre el mismo afán vocacional con el que entramos a la Orden?

Muchas veces me habéis oído decir -y lo he dejado escrito-, que los jóvenes que profesan en la Orden para ser los escolapios que necesitamos, tienen una pregunta interior que normalmente no se atreven a formular, pero es real. La pregunta es ésta: “¿seré capaz de vivir, hasta el final, con la misma pasión e intensidad con las que estoy viviendo mis primeros años como religioso, o acabaré perdiendo este primer amor?”. Esta pregunta está en el alma de cada joven. Siempre les digo que la respuesta no la encontrarán en ningún libro. La respuesta se encuentra contemplando, por ejemplo, a un anciano que sigue viviendo con alegría y con profundidad su vocación. Al ver a una persona así, los jóvenes pueden comprender que SÍse puede. Es posible vivir hasta el final con la misma entrega vocacional. Y el camino no es otro que la fidelidad.

Mi cuarto apunte se refiere precisamente a este aspecto, al de la fidelidad vocacional. Si analizamos las razones por las que algunas personas nos dejan, creo que hay aspectos que son bastante comunes y, por lo tanto, iluminadores. Y algunos de ellos no son de su exclusiva responsabilidad. Entre ellos, puedo citar los siguientes: el escaso cuidado de la vida espiritual y de la fidelidad a la oración; la escasa profundización en el significado auténtico de los votos y en cómo deben ser cuidados y vividos; la dificultad para vivir relaciones humanas sanas y fraternas, sobre todo en la vida comunitaria; la búsqueda del propio bienestar y la excesiva preocupación por sí mismo y su mundo; la baja calidad de la vida comunitaria; las dificultades para vivir con la diversidad, en una vida consagrada cada vez más plural, multicultural y abierta; la pequeñez de la transparencia vivida y promovida, etc. El escolapio que necesitamos deberá saber cuidar su vocación, deberá dejarse cuidar y tendrá derecho a que le ayudemos en este camino. Nadie puede recorrerlo solo.

Mi quinta y última aportación -no quiero superar los límites de una carta fraterna como ésta- tiene que ver con el equipamiento del que deberá dotarse -y del que deberemos dotarle- en este momento histórico que le toca vivir. No se puede emprender un largo viaje, y por caminos desconocidos, sin un equipamiento adecuado. Me referiré sólo a algunos ejemplos, basándome en lo que les va a tocar vivir a quienes quieran ser escolapios hoy.

Serán escolapios inmersos en una sociedad secular o en camino inexorable de serlo. La secularidad es un dato objetivo de la realidad mundial, ya actual en buena parte de nuestras sociedades, y por llegar -para quedarse- en otros contextos mundiales. Deberán saber vivir en un contexto en el que el viento no soplará a favor, y en el que no será fácil llevar adelante nuestra misión. Pero, como todos, un contexto apasionante en el que la búsqueda de Dios será progresivamente más auténtica y probada.

Deberán saber convivir con la diversidad, con el diferente, con lo plural. Vivirán en comunidades y contextos interculturales y abiertos. Deberán saber comprender y amar el mundo en el que viven, para poder cambiarlo.

Deberán ser escolapios preparados. En algunos contextos, serán poco numerosos, en otros su número será mayor, pero en todos los contextos deberán estar bien preparados en lo humano, religioso, teológico, científico, filosófico, pedagógico, etc. Las Escuelas Pías necesitan escolapios capaces de abrir caminos y de entender el mundo.

Deberán ser escolapios fuertemente identificados con las Escuelas Pías y con el carisma. Necesitamos escolapios que conozcan bien la Orden, el fundador, nuestra misión, nuestra identidad. Escolapios realmente pertenecientes, que estudian y profundizan aquello a lo están llamados a vivir. Escolapios realmente identificados serán transmisores de esa identidad.

Y, finalmente, deberán ser hijos auténticos de Calasanz, que nos dejó claro cuál es el centro de la vida escolapia, cuál el modo en el que debe ser vivida, cuáles las claves que ayudan y sostienen la vocación, cuál el sentido de nuestra misión, etc. Escolapios consagrados al único Señor, centrados en su fe, entregados a la misión, hermanos de comunidad, acompañantes de los niños y jóvenes y siempre en camino de conversión.

Quienes vengan, vendrán porque Dios les ha enviado. Vendrán jóvenes diversos y plurales, pero jóvenes deseosos de dar la vida por el proyecto de Calasanz. Cada uno tendrá sus dones y sus debilidades. Pero si vienen a nosotros, deberemos ofrecerles un camino de crecimiento integral, de propio conocimiento, de transparencia formativa, de creciente pertenencia y de acompañamiento escolapio para que, con el favor de Dios, puedan ser los escolapios que nuestros niños y jóvenes esperan y necesitan.

Recibid un abrazo fraterno.

P. Pedro Aguado Sch. P.

Padre General

Constituir, ampliar y propagar: Salutatio Patris Generalis Oct20

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Estos son los tres verbos que utiliza Calasanz en el Memorial al Cardenal Tonti para expresar su absoluta convicción de que era necesario que las Escuelas Pías fueran configuradas como una Orden de votos solemnes. Son tres verbos precisos, claros y significativos. Creo que nos vienen bien para explicar el contenido del primero de los núcleos temáticos de nuestro próximo Capítulo General, que celebraremos, si Dios quiere, el próximo mes de julio: la “construcción de las Escuelas Pías”.

Dice Calasanz: “Demostrada, pues, la utilidad y necesidad de esta obra, que comprende todas las personas y condiciones y lugares, toda la instrucción básica y todos los medios para vivir, se deduce con rigurosa consecuencia la necesidad de constituirla establemente como Orden religiosa, a fin de que en ningún momento desaparezca (…) Se deduce asimismo la necesidad de ampliarla y propagarla según las necesidades, deseos e instancias de tantos[1]”.

Calasanz configuró establemente la Orden y le dio los primeros impulsos para que creciera progresivamente, al servicio del ministerio educativo. En el momento de la reducción ordenada por el Papa Inocencio X la Orden tenía 500 religiosos, 5 provincias y 37 casas, de las que la mayor parte eran escuelas. Fue un extraordinario proceso de construcción de Escuelas Pías. Después de la decisión papal, los escolapios continuaron adelante, luchando por la restauración de la Orden. Sin duda que las claves de dicha restauración están contenidas en el mensaje del fundador que todos conocemos: “sigan trabajando por los niños, confíen en Dios, manténganse unidos y no pierdan la alegría[2]

Por nuestra fe, creemos que el amor de Dios, la protección de María y la intercesión de Calasanz son las causas profundas de la restauración de la Orden. Sin duda, hubo también algunos factores que ayudaron en este proceso. Nuestros historiadores destacan, entre otros, los siguientes: las presiones de las autoridades civiles, que estaban convencidas de la necesidad de las Escuelas Pías en sus Estados, incluyendo la respuesta educativa católica a la Europa protestante; la lucha y el esfuerzo de los escolapios, que no se rindieron ni se retiraron, sino que siguieron adelante como les había pedido el fundador; la oración permanente de los escolapios por su propia Orden; las adecuadas y progresivas gestiones eclesiásticas, que provocaron un clima favorable a las Escuelas Pías; la clarificación de la situación interna, con el abandono de los que debían abandonar y la entrada y perseverancia de quienes de verdad querían vivir el carisma del fundador, etc.

Pero la tarea continúa. Y continuará. Los escolapios seguimos construyendo las Escuelas Pías, con el favor de Dios y con esfuerzo diario, con tesonera paciencia y afortunado atrevimiento. Las claves de este trabajo siguen siendo las mismas: el deseo de responder a la llamada del Señor, la figura y el carisma de Calasanz, la necesidad de la educación para todos, la convicción de que las Escuelas Pías son un instrumento del Reino, etc. La lista de razones sería interminable.

En cada momento histórico aparecen tonalidades nuevas desde las que nuestro esfuerzo por unas Escuelas Pías mejores asume nuevos desafíos. Nuestro próximo Capítulo General está llamado a dar nombre a esas nuevas tonalidades, a esas llamadas que recibimos y a las que debemos responder. Yo no pretendo, en esta Salutatio, referirme a todas, porque no sería capaz de hacerlo. Simplemente quiero compartir con vosotros algunos de esos “toques” (aprendí esa palabra de uno de nuestros prenovicios de Quito) con los que la realidad nos va moviendo. Vamos allá.

A lo largo del sexenio han ido apareciendo aspectos importantes del proceso de la Orden, y que han sido objeto de trabajo en encuentros, reuniones, etc. Entre ellos, los desafíos de la interculturalidad y la inculturación; la consolidación progresiva de las nuevas Provincias; la expansión en algunos países nuevos y en los que ya estamos, con nuevas obras y presencias; el desarrollo y crecimiento de la pastoral vocacional; el dinamismo de la participación de los laicos; la llamada eclesial a la sinodalidad y que en nuestra Orden hemos acogido sobre todo desde los procesos con los jóvenes; la sostenibilidad integral de nuestras presencias, etc.

Creo que todos estos procesos son dinamismos que nos exigen y nos impulsan como Orden, y que ofrecen pistas para comprender cómo las Escuelas Pías siguen consolidándose, ampliándose y propagándose según deseos e instancias de tantos. Me gustaría compartir con vosotros cuatro dinamismos que considero fundamentales.

El primero lo he llamado “llevar adelante un proyecto de impulso de la Orden”. Pongo un ejemplo sencillo para explicar lo que quiero decir. No hace mucho recibí una carta circular  de uno de los superiores mayores de la Orden en la que, hablando de su Provincia y de sus respuestas ante la pandemia del COVID-19, decía lo siguiente: “Es muy grato y esperanzador constatar que ha sido la apuesta por las grandes claves de vida de la Orden y la Provincia, las que nos han dado los recursos y las herramientas para hacer frente al momento, quizás, más incierto que nos ha tocado vivir”.

Comparto con todos vosotros una convicción importante: trabajar con un proyecto claro, llevar adelante nuestra vida y misión desde unas opciones asumidas por todos y portadoras de vida (las llamamos “claves de vida”) es algo absolutamente necesario para poder “consolidar, ampliar y propagar las Escuelas Pías”. De las cosas que yo más valoro del Capítulo General celebrado en Hungría es que la Orden se dotó de un proyecto claro, que marcaba dirección y que era asumido por el conjunto de las Escuelas Pías.

En muchas oportunidades he podido compartir con vosotros esta reflexión: la vida de la Orden dependerá, en primer lugar, del amor de Dios; en segundo lugar, de la autenticidad de nuestra vivencia escolapia y, en tercer lugar, de que acertemos con las decisiones y opciones. Pues bien, el “proyecto de impulso de las Escuelas Pías” se inscribe en esta tercera clave: dotarnos de un plan claro desde el que caminar. Tal vez nuestro próximo Capítulo General no necesite hacer otro proyecto completo, pero sí, seguro, marcar la dirección desde la que caminar en cada una de las claves de vida que tenemos asumidas.

El segundo dinamismo lo he llamado “entender el desafío de nuestra realidad escolapia”. Ciertamente que hay muchas llamadas que recibimos de la diversa y plural realidad social en la que vivimos. No me refiero ahora a esas llamadas, sino a las que provienen del “cuerpo escolapio”, de nuestra propia realidad, y que necesitan ser comprendidas, interpretadas e integradas en el proyecto de la Orden.

Pongo algunos ejemplos: la composición creciente e imparablemente intercultural de nuestras demarcaciones; el proceso claramente diverso de nuestras cuatro circunscripciones y que nos exige pensar qué puede aportar cada una al desarrollo escolapio de las otras; el creciente número de jóvenes que llaman a nuestra casa para ser escolapios y que necesitan procesos formativos exigentes y completos; el proceso que estamos impulsando desde la clave de “Escuelas Pías en Salida”; el desarrollo formidable del Movimiento Calasanz; el dinamismo de de la Fraternidad; la llamada incesante a la autenticidad vocacional en todas sus dimensiones, etc. La Orden palpita, y sus palpitaciones indican vida, dirección, opciones. Es muy importante “auscultarla” y responder a lo que emerge en su seno como dones del Espíritu.

Formulo algunas preguntas pensando sólo en uno de los aspectos, el del desarrollo de la Orden en cada continente:

  1. ¿Cómo avanzar hacia un crecimiento sostenible en las circunscripciones de África y de Asia? Y no me refiero solamente a los aspectos económicos o de recursos materiales, sino al concepto de sostenibilidad integral (personas, equipos, proyectos, recursos, identidad, procesos, etc.).
  2. ¿Cómo asegurar en las emergentes presencias escolapias de la Orden las referencias carismáticas que necesitan para crecer bien, desde una identidad calasancia clara y certera?
  3. ¿Cómo podemos intentar una reactivación de la capacidad de crecimiento de nuestras Provincias americanas, la mayor parte bien consolidadas y con muchas posibilidades de ofrecer a la Orden lo que tradicionalmente ha sido ofrecido por las demarcaciones europeas? Es probable que aquí esté una de las claves del futuro de las Escuelas Pías, en los próximos años.
  4. ¿Cómo hacer sostenibles nuestras presencias europeas, sobre todo en el contexto occidental, ante una -por el momento- irreversible reducción numérica de religiosos? ¿Cómo avanzar hacia un renovado y fértil sujeto escolapio que permita no sólo mantener lo que hacemos sino seguir creciendo? ¿Cómo trabajar para seguir teniendo vocaciones religiosas en un contexto como el europeo, aunque sea en números humildes?

Hay un tercer dinamismo al que me quiero referir, y que lo llamo “escuchar el sentir de la Iglesia”. Escuchar a la Iglesia, como hijos, y responder a sus llamadas, como apóstoles. Este es el desafío. No necesitamos “antenas muy especializadas” para detectar las llamadas que la Iglesia nos dirige. Son muy claras. Citemos algunas en dinámica de “respuesta escolapia”.

  1. La sinodalidad, expresión certera y trasformadora de la llamada a la corresponsabilidad, a la participación, a la vinculación de todos en el proyecto escolapio.
  2. Las “Escuelas Pías en Salida”, como camino de crecimiento en disponibilidad misionera y en fraternidad intercultural.
  3. La apuesta por los jóvenes y sus procesos de fe y de discernimiento vocacional. El Papa Francisco marca claramente el camino: La pastoral juvenil sólo puede ser sinodal, es decir, conformando un “caminar juntos” que implica una «valorización de los carismas que el Espíritu concede según la vocación y el rol de cada uno de los miembros de la Iglesia, mediante un dinamismo de corresponsabilidad[3]”.
  4. La lucha contra todo tipo de abuso (sexual, de conciencia o de poder), ligados a las actitudes clericalistas.
  5. El impulso misionero, de anuncio explícito del mensaje de Cristo, desde todas nuestras plataformas escolapias, acompañando procesos de educación integral desde la fe.
  6. La acogida del migrante, la atención escolapia a los pobres, la apuesta por una educación capaz de transformar la persona y la sociedad.
  7. La llamada a la reconstrucción del Pacto Educativo Global, que nos interpela directamente como escolapios.

No hay duda de que estas y otras llamadas serán objeto de nuestro trabajo capitular. No podremos abordar todas, porque sería imposible hacerlo con la adecuada profundidad, pero lo que sí tendremos que hacer es “escuchar a la Iglesia” y responder como escolapios.

Y el cuarto dinamismo que no puede faltar lo nombro así: “responder a los desafíos reales de los niños y los jóvenes”. Calasanz configuró sus Escuelas Pías como respuesta a la realidad de los niños, a su necesidad de instrucción para salir de la pobreza y marginalidad; al reto de proponerles un futuro no ligado a su cuna, sino al trabajo y al esfuerzo por crecer; al desafío de ayudarles a vivir desde una vida abierta a la fe y sostenida por ella. No fundó las Escuelas Pías desde una mentalidad de “suplencia”, haciendo algo que nadie hacía hasta que alguien -por ejemplo, el estado- lo hiciera. No. Calasanz dio una respuesta integral a un desafío integral. Y hoy sigue siendo necesario responder de la misma manera.

Por eso, si queremos responder a lo que los niños y jóvenes necesitan, tenemos que seguir defendiendo nuestro proyecto, y haciéndolo crecer, también frente a mentalidades y políticas que pretenden que ya no es necesario o que buscan el modo desvirtuarlo o controlarlo; debemos fortalecerlo, desde las claves y características propias de la educación escolapia; debemos enriquecerlo desde desafíos que son más actuales que nunca.

Entre estos desafíos: el derecho a la educación para todos; una educación portadora de respuestas al afán de sentido de la vida que los jóvenes se plantean; una educación integral que acompañe el proceso de fe de nuestros jóvenes; una apuesta por la calidad sobre todo en donde hay menos medios y más necesidades; unos educadores que realmente sientan vocación por educar, etc.

Pienso que estos cuatro dinamismos deberán estar muy presentes en nuestras reflexiones capitulares, y durante el próximo sexenio. Son opciones de “construcción de Escuelas Pías” que debemos tener muy en cuenta para dar respuestas certeras a los retos que tenemos planteados.

Pidamos a Dios, nuestro Padre, que nos ayude e inspire en este proceso. Recibid un abrazo fraterno. 

P. Pedro Aguado Sch.

P. Padre General  

[1] San José de Calasanz. “Memorial al Cardenal Tonti” Opera Omnia, tomo IX, página 305.

[2] San José de Calasanz: Carta 4342 del 17 de marzo de 1647. Opera Omnia, tomo VIII, página 273.

[3] Papa Francisco. Exhortación apostólica postsinodal “Christus vivit” nº 206, de 2019.

Hace 25 años…

Prot.S.339.2020

A TODOS LOS RELIGIOSOS DE LA ORDEN

Hace 25 años…

El 1 de octubre de 1995, el Papa San Juan Pablo II elevó a los altares al beato Pedro Casani y a trece mártires escolapios, testigos de la fe hasta dar la vida por Jesucristo. Estamos celebrando el 25º aniversario de esta extraordinaria fecha de la historia de nuestra Orden, que fue vivida y celebrada con profunda alegría en todo el mundo escolapio.

Creemos que es muy bueno que recordemos este feliz aniversario, y lo hagamos en acción de gracias a Dios por el don de la santidad de nuestros hermanos escolapios. Recordemos sus nombres:

  • Pedro Casani de la Natividad de Santa María Virgen
  • Dionisio Pamplona de San Barnabás
  • Manuel Segura de la Virgen del Pilar
  • David Carlos del Santísimo Sacramento
  • Faustino Oteiza de Nuestra Señora de los Dolores
  • Florentín Felipe de San Francisco de Borja
  • Juan Agramunt de los Sagrados Corazones
  • Enrique Canadell de los Sagrados Corazones
  • Matías Cardona de San Agustín
  • Ignacio Casanovas de San Ramón
  • Carlos Navarro de la Virgen de los Desamparados
  • Francisco Carceller de Nuestra Señora de Lourdes
  • José Ferrer del Carmelo
  • Alfredo Parte de la Virgen

Quisiéramos recordar también las palabras del Papa en la homilía de ese solemne día, porque nos ofrecen una preciosa síntesis de lo que estamos celebrando.

“Hermano, siervo de Dios: Practica la paciencia”. La Orden de las Escuelas Pías contempla hoy en la gloria a catorce de sus miembros: el Padre Pedro Casani, primer compañero de san José de Calasanz y trece mártires de la persecución religiosa de 1936 en España. Pedro Casani, natural de Lucca, se une en 1614 a José de Calasanz para “educar en la piedad y las letras” a la infancia romana. Abierto a la caridad con el prójimo y entregado a la educación de los niños pobres, repetía antes de su muerte: “La paciencia y la oración pueden hacer mucho”.

Dionisio Pamplona y sus compañeros mártires no son héroes de una guerra humana, sino educadores de la juventud que por su condición de religiosos y maestros afrontaron su trágico destino como auténtico testimonio de fe, dándonos con su martirio la última lección de su vida. ¡Que su ejemplo y su intercesión lleguen a toda la familia calasancia!

No les escribimos esta carta simplemente para recordarles esta efeméride, sino sobre todo para invitarles a vivirla y celebrarla, renovando nuestra vocación a la santidad. Es bien cierto que la santidad es esencialmente un don de Dios, pero también lo es que ser santos es nuestro horizonte, nuestro desafío y nuestra tarea.

Nos ayuda recordar la propuesta que nos hizo el Papa Francisco en su Mensaje para el Año Jubilar Calasancio. Nos decía el Papa: “Hagan memoria de lo que son y de lo que están llamados a ser. Pido al Señor que les conceda vivir aquellas disposiciones que hicieron santo a su Fundador. De esta manera, las Escuelas Pías serán lo que San Calasanz quiso y lo que los niños y los jóvenes necesitan”.

El mensaje es claro, queridos hermanos: si queremos que nuestra Orden sea lo que Calasanz quiso y lo que los niños y jóvenes necesitan, ¡seamos santos!

Les proponemos que celebren este aniversario en cada una de las presencias de la Orden, bien en comunidad, bien con los alumnos o con los educadores. Ustedes verán el mejor modo de hacerlo, en función de las circunstancias. Al celebrarlo, oremos los unos por los otros, y pidamos al Señor que nos conceda del don de la santidad.

Para que los niños crezcan en Piedad y Letras, Señor, danos escolapios santos.
Para que la juventud conozca y siga a Cristo, Señor, danos escolapios santos.
Para que los escolapios conformemos nuestras vidas según el Evangelio., Señor, danos escolapios santos.
Para que demos testimonio de la Verdad como sus cooperadores, Señor, danos escolapios santos.
Para que prediquemos a Cristo, y a Éste crucificado, Señor, danos escolapios santos.
Para que caminemos bajo la protección de María, Reina de las Escuelas Pías, Señor, danos escolapios santos.
Para que las comunidades escolapias sean lugares de amor fraterno, Señor, danos escolapios santos.
Para que el Pueblo de Dios crezca en fe, esperanza y amor, Señor, danos escolapios santos.

Te pedimos por el don de la santidad en las Escuelas Pías para que seamos instrumentos eficaces en la santificación de las almas según nuestro ministerio escolapio. Ayúdanos para que nuestras comunidades sean lugares de santificación, de buscar y cumplir la voluntad de Dios. Ayúdanos para que vivamos nuestra vocación en plenitud y con alegría siendo auténticos discípulos y testigos del Señor que es santo y quiere que también nosotros seamos santos. Amen.

En comunión de oraciones, reciban un abrazo fraterno.

La Congregación General de las Escuelas Pías

Roma, 1 de octubre de 2020

Las Escuelas Pías organizan un encuentro internacional para impulsar la reconstrucción del Pacto Educativo global

Como consecuencia de la convocatoria que ha lanzado el Papa Francisco a un “Pacto Educativo Global”, las Escuelas Pías han puesto en marcha un proceso de profundización e impulso sobre los retos actuales que tiene la educación. Como indica el P. Pedro Aguado, Superior General de los Escolapios, se trata de un proceso “formidable” de repensar la educación y situarla en su lugar, como la clave de un mundo mejor, de una sociedad más justa y fraterna. “Para nosotros, escolapios, hijos e hijas del fundador de la escuela popular cristiana, es fácil comprender este proceso, porque llevamos cuatro siglos trabajando en él”, explica Aguado.

El P. General ha dejado bien claras las tres opciones desde las que impulsar todo el proceso: poner la persona en el centro; impulsar todos los procesos que ayudan a crecer a la persona y educar en el servicio al bien común de todos los seres humanos. El objetivo es buscar el mejor modo de participar en esta tarea universal consistente para reconstruir el pacto educativo global. “Estamos ante un reto que ya fue iniciado -proféticamente- por Calasanz, y en el que hoy podemos y debemos seguir dando lo mejor de nosotros mismos”, destaca.

Encuentro internacional escolapio

Por este motivo, los educadores escolapios han sido llamados a participar en un Encuentro escolapio internacional, que tendrá lugar el próximo sábado 3 de octubre de forma telemática con traducción simultánea en los idiomas oficiales de la Orden (español, italiano, francés e inglés). El encuentro, de hora y media de duración, contará, entre otros, con la participación del salesiano Juan Antonio Ojeda, miembro de la OIEC (Organización Internacional para la Educación Católica). Además, se compartirán experiencias docentes escolapias de Argentina, Colombia, España, y África en torno a los ejes principales de trabajo: la ecología integral, dignidad humana, solidaridad y desarrollo y paz y ciudadanía

A la cita están convocados todos los que colaboran de algún modo en la misión escolapia en las escuelas, centros de educación no formal y parroquias, así como los directivos de asociaciones de padres y exalumnos.