Escuelas Pías Centroamérica y Caribe

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Juvenicidio: Desafío para volver a lo esencial

Durante los últimos tiempos la Orden ha realizado un esfuerzo extraordinario de expansión, que no siempre ha sido bien comprendido en su total significado. Si en algún terreno ha sido audaz nuestro Padre General, Pedro Aguado, ha sido precisamente en este campo. Y no dudo que ha debido enfrentar las críticas de que somos pocos, de que no llegamos a más. Esto siempre ha sido así, desde la época de Calasanz. Los números nunca cuadran, tampoco las condiciones y planes iniciales. Lo interesante es el impulso y deseo por ir más allá: a la orilla periférica y a otras culturas que no reflejan al Occidente dominante. Se trata de una visión macro que comparto plenamente, porque nos recuerda el valor de la mirada larga.

Cuando los escolapios buscamos expandirnos lo hacemos convencidos de que nuestro carisma, operante en la misión, aporta caminos y alternativas de mejora para la niñez y juventud de cualquier lugar y cultura. Al leer el Memorial Tonti y contrastarlo con otras fuentes, me convenzo que la gran novedad de Calasanz no estaba en considerar este carisma como deseado por Dios o de derecho natural. Ni siquiera la unidad de Piedad y Letras es tan original, como el de llevar su proyecto y acción salvífica a todas las personas sin excepción. La novedad de que la ciudadanía es un derecho de todos sin importar su origen es extraordinaria. Concluir que la buena educación es un derecho para los más pobres, es el camino para romper una sociedad rígida y estamentaria creando ciudadanos que aspiren por ellos mismos a una vida buena y digna, impulsando, a su vez, espacios de reforma social bajo esas mismas claves. ¡Ese es el gran aporte de Calasanz! De ahí su defensa radical por dar estabilidad al carisma y a sus instituciones; su insistencia de no excluir y su convicción por ir siempre más lejos, llevando esa intuición divina a todos los lugares, especialmente pequeños.

La expansión de la Orden nos recuerda que los procesos micros de calidad son importantes, pero hay mucha gente e instituciones que los hacen, impulsados por lo más novedoso de la pedagogía, la administración y los recursos pastorales más íntimos y cercanos. No es que eso me parezca mal. Me gusta y he participado de esos proyectos toda mi vida escolapia. Pero si quiero ser fiel en estos tiempos, debo dejar que me duelan de verdad las grandes exclusiones y violencias del mundo.

La llegada de las Escuelas Pías a lugares geográficos y sociológicos con graves desafíos en el tema primario y esencial de garantizar la vida misma, han de marcar nuestro ministerio y liberarlo de las ataduras casi microscópicas con los que estamos concibiendo el acompañamiento pastoral y pedagógico. Debemos responder con valentía frente al hambre, la violencia que hace migrar o que termina matando; la carencia de oportunidades, el racismo y la explotación económica. La pandemia no traerá un aire de bien, como la gente que vimos al inicio cantando en los balcones de sus casas propias. La pandemia trae más hambre, contradicción y violencia. La pandemia expulsa millones de niños y jóvenes de la institución escolar; denigra oportunidades laborales y suscitará, sin la menor duda, nuevas formas de violencia económica y social. La muerte violenta de muchachos cercanos a nosotros se hace cada vez más evidente en las noticias de comunidades y obras… Y si el ruido de la muerte está tan cerca de instituciones hasta cierto punto seguras, ¿cómo será en los medios más expuestos y lejanos?

El juvenicidio, con la explotación y muerte de los jóvenes, es el gran anti-signo para los escolapios en estos tiempos. Frente a ello debemos reconvertir obras y proyectos en lugares teológicos, sociales y educativos que den auténtica protección y alternativas a los que están más expuestos. Tenemos que ver de nuevo la realidad que toca las puertas desde afuera y no quedarnos con la propia y umbilical, donde nuestro alcance se agota en mayores o menores competencias, celebraciones más o menos cuidadas o el cumplimiento de ordenanzas burocráticas. Nuestra misión no es aislarnos de la realidad cuanto usar todos nuestros medios para transformarla. La audacia de la expansión geográfica exige ahora la audacia de abrirnos a la reforma de la sociedad. ¡El tiempo pasa y la significatividad se estrecha! ¡Los tiempos capitulares son una gran oportunidad!

P. Rodolfo Robert Sch. P.

70 años de presencia escolapia en Carora (Venezuela)

Memoria agradecida de los primeros días de la fundación

Los años cincuenta del pasado siglo fueron muy fecundos en ardor misionero. El P. Vicente Tomek, Superior general de los escolapios, animó a los religiosos de España a iniciar nuevas fundaciones en América.

Después de un viaje exploratorio a Venezuela del P. Jesús Nagore. La provincia de Vasconia decidió abrir una fundación en la ciudad de Carora, en el interior del país. En la ciudad ya funcionaba una pequeña escuela de niños fundada por un sacerdote diocesano, pero las autoridades locales y las familias soñaban con la llegada de una comunidad religiosa dedicada a la educación y que se encargara de la escuela.

Y el 3 de septiembre de 1951 llegaron los primeros escolapios a la ciudad en un avión regular procedente de Barquisimeto. Antes habían llegado por barco al puerto de La Guaira, cerca de Caracas. Leer las crónicas de comunidad dan una idea de cómo fueron los inicios.

Sobre las seis y media de la tarde, en avión procedente de Barquisimeto, aterrizan en el aeropuerto de Carora los padres que han de integrar la primera comunidad en suelo venezolano. Son estos los PP. Jesús NagoreConstantino GarisoainIgnacio MorrásJesús Vides y el hermano Alfonso Olazábal.

Una muy nutrida muchedumbre estalla entusiasta en vítores y aplausos a la llegada de los padres. Los padres bajan del avión portando cada uno en sus manos un hermoso paraguas negro.

Ha sido como una bendición copiosa que les ha caído del cielo. Tiempo hacía que la ciudad de Morere anhelaba ansiosamente poder contar para sus hijos con una Orden o Congregación religiosa. Seguidamente, se organizó una hermosa caravana hacia la parroquia San Juan para dar gracias a Dios por los inmensos beneficios recibidos.

Al terminar de entonar el himno “Te Deum”, las emocionantes palabras de monseñor conmovieron profundamente a la multitud allí congregada. Sencillas pero cordiales fueron las que brotaron espontáneas del corazón agradecido del P. Nagore. Llenos de entusiasmo y enardecidos por la emoción, acompañaron a los padres a la casa que les habían preparado, sita en la calle Lara nº 11, propiedad de D. Ricardo Riera.

Seguidamente, un grupo de personas irrumpió en la casa para celebrar con los padres una rica comida de bienvenida donde el joven Ignacio Herrera, con emocionantes palabras leyó a la concurrencia el discurso de bienvenida.

No habían terminado de aplaudir cuando emocionado hasta lo más íntimo de su ser por todo lo que estaba viendo, se levanta el P. Constantino y agradece sinceramente en nombre de todas las exquisiteces de almas nobles y generosas que están realizando los caroreños.

Y el 17 de septiembre comenzó el curso escolar con una misa solemne al Espíritu Santo se inicia el primer curso escolar de las Padres Escolapios en Carora. Cabe mencionar que los padres no tienen más que continuar y renovar ampliando la obra que se iniciara en enero de 1945.

Al día siguiente comenzaron las clases con una matrícula de 109 alumnos de Primaria y con la intención de buscar un terreno más grande a las afueras y construir un moderno colegio que diera cabida a más alumnos.

El concejo municipal facilitó pronto un terreno y se iniciaron los trámites para la construcción de modo que en el curso 1953-1954 ya se dio clase en el actual edificio.

Han sido 70 años donde los escolapios han escrito páginas muy bellas de la historia de la ciudad. Todos los religiosos que pasaron por Carora quedaron seducidos por la simpatía y sencillez de sus gentes. Mientras que, en otras ciudades de América, los escolapios fundaron en grandes ciudades: Managua Santo Domingo, Bogotá, Belo Horizonte, Puebla…, en Venezuela se comenzó por una ciudad pequeña. Muy pronto vendrían otras fundaciones necesarias: Caracas y Valencia.

En los años 50 y 60, Venezuela tenía una economía fuerte y próspera que atrajo a muchos emigrantes de Europa, que había sido muy dañada por la guerra. América ofrecía posibilidades de crecimiento, de comenzar una nueva vida. Para la Iglesia también fue una gran oportunidad.

Actualmente Venezuela está sumida en una profunda crisis que ha afectado a todos los ámbitos de la sociedad. El sistema escolar público que antaño era muy robusto está prácticamente desmantelado y las instituciones de carácter privado hacemos grandes esfuerzos por sobrevivir a esta fuerte crisis.

Después de 70 años el carisma de Calasanz está muy vivo en Carora en una fraternidad escolapia muy activa y en tantos educadores, catequistas, voluntarios que fueron seducidos por el hermoso proyecto calasancio de educar en piedad y letras.

Y arrancamos este año de júbilo y acción de gracias con un encuentro precioso con todo el personal de la escuela y una eucaristía presidida por uno de los exalumnos más destacados de nuestra escuela y que ahora tenemos en honor de tener como obispo de Carora, el escolapio Carlos Enrique Curiel Herrera.

Semillas portadoras de nueva vida – Salutatio Patris Generalis

Semillas portadoras de nueva vida

Después de año y medio, seguimos viviendo en medio de una pandemia que no estamos siendo capaces de controlar y que todavía no sabemos cuándo y cómo terminará. Está siendo, sin duda, una experiencia excepcional para toda la humanidad y, por lo tanto, para la Vida Consagrada y para el conjunto de las Escuelas Pías.

Nos podemos acercar a esta experiencia desde puntos de vista muy diversos, pero yo quisiera hacerlo desde una perspectiva en la que vengo pensando hace bastante tiempo y que se basa en una convicción muy concreta. Me gustaría formular esta convicción con la ayuda de una pregunta: ¿qué está haciendo surgir el Espíritu en medio de estas difíciles circunstancias que estamos viviendo, en medio de una pandemia que parece no tener fin?

Si analizamos la historia de la Vida Consagrada comprobamos que en momentos de dificultad y de sufrimiento han surgido respuestas nuevas que comenzaron con pequeñas semillas pero que con el tiempo se convirtieron en árboles frondosos plenos de frutos y de vida. Esa es la experiencia de Calasanz y de otros fundadores que, en el contexto de aquella Roma plena de injusticia y de sufrimientos hicieron surgir “respuestas de vida”, inspiradas por el Espíritu, para atender a los niños, a los pobres, a los enfermos y, sin duda, a una Iglesia necesitada de reforma y transformación.

Pienso que nada de lo que ocurre es simplemente un acontecimiento. Es, también, una oportunidad, un contexto, una realidad en la que surgen “brotes de vida” que al principio son imperceptibles pero que, con el tiempo, acaban generando apasionantes procesos de cambio, de bendición y de vida. Por eso, me gustaría invitaros a que os hagáis esta pregunta: ¿qué semillas portadoras de nueva vida se han ido sembrando a lo largo de esta pandemia en el contexto de la Vida Consagrada y de las Escuelas Pías? ¿Qué gérmenes de renovación, de nuevos descubrimientos, de nuevas respuestas de misión, están ya germinando en medio de nosotros y provocarán -sin duda- nuevas oportunidades para nuestra vida y misión escolapias?

Quiero apuntar diez ejemplos, basados en una sencilla e inicial observación de lo que estamos viviendo. Son diez afirmaciones que empiezan a marcar dirección en nuestra vida y nos van a ayudar a caminar con mayor autenticidad como escolapios. Estoy seguro de ello.

  1. En primer lugar, creo que entre nosotros ha crecido la extraordinaria experiencia de la limitación humana, de nuestra fragilidad, de que somos criaturas pequeñas en las manos de Dios. La pandemia ha contribuido mucho a que los hombres y mujeres de fe nos acerquemos con mayor necesidad -fruto de la pequeñez- al amor de Dios y al encuentro con el Señor. ¿Quién no ha vivido experiencias renovadas de oración y de encuentro con Dios ante el sufrimiento de las personas, ante el desconcierto ante un futuro incierto, ante la enfermedad y la muerte? Tal vez también nosotros, los religiosos, tan acostumbrados a hacer planes y proyectos, hemos podido redescubrir que “hay que trabajar como si todo dependiera de nosotros sabiendo que todo depende de Dios”. Esta es la primera semilla que va a dar muchos frutos: cuidemos nuestra experiencia de fragilidad, para comprender que la plenitud es la pequeñez habitada por Dios.
  1. La segunda semilla que está germinando es la del valor de la comunidad, la importancia de las relaciones, del cuidado de los unos para con los otros. Pienso que se ha producido un redescubrimiento de la comunidad, de la oración comunitaria, del discernimiento comunitario, de la vida fraterna. Creo que nos hemos hecho más conscientes del profundo desafío de que supone construir una auténtica vida comunitaria entre diferentes personalidades, sueños, visiones y experiencias.
  1. Hay una tercera experiencia que creo nos va a marcar y muy profundamente. Hemos conocido religiosos y religiosas que se han mantenido en dinámica de ayuda y de servicio a las personas que más están sufriendo en esta pandemia, pero también hemos conocido religiosos y religiosas que se han refugiado en la seguridad de su vida, quizá cayendo en la tentación de pensar sólo en sí mismos. Somos humanos, y tenemos nuestras contradicciones. Pero creo que esta pandemia nos va a ayudar a “mirar más profundamente la realidad”, a acercarnos a ella con ojos más calasancios, buscando crecer, como Orden, en nuestra capacidad de respuesta a las necesidades de los niños y jóvenes, algo que no tiene que estar en contradicción con la debida prudencia para cuidarnos. No podemos caer en el virus de la indiferencia, porque esa sí que sería una pandemia incurable.
  1. La cuarta semilla tiene un nombre ya muy conocido: Escuelas Pías en Salida. Doy gracias a Dios porque nuestra Orden haya podido iniciar dos fundaciones en plena pandemia. Con dificultades de todo tipo, pero ahí está nuestra presencia en Guatemala y en Timor Leste. Quizá son las dos opciones más llamativas, pero no quiero dejar de decir algo que me parece formidable: en todas las Provincias se han dado movimientos y opciones de misión. La pandemia no nos ha parado. Sólo algunos ejemplos sencillos para ilustrar esta afirmación: los pasos dados en Mozambique para plantear una segunda presencia en la diócesis de Tete; la apertura de una nueva misión en Puerto Rico, en la localidad de Adjuntas; la sistemática planificación que están llevando adelante en India para abrir alguna presencia nueva en otros estados y en otros ritos; la apertura de un nuevo “Hogar Calasanz” en Argentina; la apertura de nuestra segunda presencia en Ucrania, en la Provincia de Polonia; los pasos dados para poder asumir un nuevo colegio en la República Dominicana, etc. Todo esto está pasando en estos meses. La semilla de la audacia apostólica germina desde hace mucho tiempo entre nosotros, pero en esta época lo hace subrayando una convicción: nada puede ni debe parar el carisma.
  1. La semilla de lo intercultural. Evidentemente, estaba sembrada hace mucho tiempo entre nosotros, pero hay algo nuevo que nos cebe hacer pensar. Las naciones han ido cerrando fronteras y poniendo requisitos para que las personas de fuera puedan entrar en ellas. Quizá es una medida prudente, no la vamos a discutir. Pero lo que tenemos muy claro es que en la Vida Consagrada y en la Iglesia apostamos por lo contrario: por abrir sus puertas a los diferentes, y por recorrer el apasionante camino de construir algo nuevo y común entre distintos. El camino de transformación de nuestro mundo pasa por los puentes y no por los muros. Estoy seguro de que la experiencia de estos meses nos ayudará a consolidar el camino que estamos recorriendo. Nuestras comunidades han respondido al cierre de fronteras con una mayor experiencia de fraternidad y de oración los unos por los otros. Hemos crecido en la convicción de que formamos un solo cuerpo.
  1. A pesar de la situación, lo que hemos experimentado es que nos hemos comunicado más y mejor. Las nuevas vías abiertas por la comunicación digital, aunque nunca podrán sustituir a la plenitud de la relación presencial, nos han ofrecido una experiencia nueva: nos hemos comunicado más. Nunca habíamos tenido tantos encuentros formativos y de comunicación fraterna como en esta pandemia. Nunca habíamos reunido a todos los juniores de la Orden. Nunca habíamos estado tan cerca los unos de los otros. Lo digital ha venido para quedarse y para transformar nuestras relaciones, haciéndolas más vivas y fecundas.
  1. Necesitamos a los niños; los niños nos necesitan. La experiencia de la pandemia nos hace más conscientes de la importancia de la relación educativa en nuestras escuelas, parroquias y centros socioeducativos. Luchamos y trabajamos por la presencialidad, no sólo porque es un valor en el que creemos, sino porque no hay otro modo de llevar adelante nuestra misión. La escuela, la auténtica relación educativa, es un derecho de los niños. No lo podemos olvidar.
  1. Podemos decir con alegría y humildad que, en esta experiencia tan difícil, estamos sabiendo salir adelante, superar los obstáculos y continuar dando lo mejor de nosotros mismos por los niños y jóvenes. La semilla del esfuerzo por seguir construyendo Escuelas Pías sigue germinando entre nosotros.
  1. Y hay una semilla muy nueva que también dará frutos en breve plazo: vamos comprendiendo que nada será igual después de esta pandemia. No buscamos volver a la “antigua normalidad”, sencillamente porque no nos gustaba. Lo que buscamos es construir la nueva sociedad, desde valores que emergen de modo renovado entre nosotros y que nos van a ayudar a reorientar nuestra misión: la centralidad del Señor, -única respuesta a todas las preguntas; el valor de la educación como clave de transformación social; la atención al pobre y al necesitado; la importancia de la comunidad; la lucha por el derecho a la educación; la búsqueda de la ciudadanía global, etc.
  1. En plena pandemia, la Orden dio a luz una nueva Provincia, la de Asia Pacífico. Es quizá uno de los hechos más significativos que hemos vivido en estos meses. Quiero terminar esta carta fraterna con unas palabras que dirigí a los hermanos de esta nueva Provincia en la carta en la que les comuniqué la decisión: “Hay una cita del Evangelio que nos puede ayudar en este momento histórico que vivimos. Es una parábola, la del grano de mostaza Dice así: “El reino de los cielos es como un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo.Aunque es la más pequeña de todas las semillas, cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en árbol, de modo que vienen las aves y anidan en sus ramas”. (Mt. 13, 31-32). Me gusta aplicar esta parábola a la vida de nuestra Orden. Comenzamos con pequeñas presencias. Pero poco a poco, con el favor de Dios, con atrevimiento y paciencia, con corresponsabilidad generosa, con espíritu misionero, la Orden crece y se convierte en un espacio de acogida, de misión y de Reino.

Sabemos que las semillas dan fruto, pero dependen de la tierra en la que germinan. Trabajemos para que nuestras Escuelas Pías sean esa “tierra buena” que hace posible la vida.

Recibid un abrazo fraterno

P. Pedro Aguado Sch.P.

Padre General

San José de Calasanz. Memoria y Profecía

A todos los religiosos de la Orden, y a todas las personas que se sienten identificadas con el carisma de San José de Calasanz, la Congregación General de las Escuelas Pías les desea todo lo mejor en este día tan significativo para nosotros, en el que hacemos memoria agradecida de Nuestro Santo Padre. ¡Enhorabuena y Feliz Día de Calasanz!

Este año 2021 recordamos a Calasanz con la mirada puesta en dos bellos aniversarios que celebraremos en pocos meses: el 400º aniversario de la configuración de las Escuelas Pías como una Orden religiosa de votos solemnes, y el también 400º aniversario de la aprobación de las Constituciones escritas por Calasanz, desde las que dio forma estable y definida al proyecto escolapio de vida y misión.

Este 25 de agosto hacemos nuevamente memoria de su figura, de su carisma y de su aportación a la Iglesia y a la sociedad a través de su propuesta de educación integral para todos, especialmente para quienes más la necesitan. Por eso, nuestro mensaje quiere ser una invitación a que esta Memoria se transforme en Profecía. Los cristianos conmemoramos para renovar nuestro deseo de vivir aquello que celebramos. Transformar la memoria en profecía será nuestro modo de celebrar a Calasanz.

Invitamos a todos a vivir desde lo que hemos aprendido y recibido de Calasanz, a encarnar en su vida personal, comunitaria, familiar y apostólica las opciones que convirtieron a Calasanz en fundador de un nuevo carisma en la Iglesia: la centralidad de Jesús, el Señor, en su vida, y el amor por María; el esfuerzo por consolidar su proyecto desde unas Escuelas Pías que supo amar y construir; la dedicación integral a la educación evangelizadora de los niños y jóvenes; la autenticidad vocacional, fundamento de la fidelidad; y su completo compromiso con la misión. Desde esta memoria podremos ser testigos creíbles de su profecía.

Estamos a las puertas de un nuevo Año Vocacional Escolapio. Por eso, queremos recordarles a todos ustedes, en la celebración de Calasanz, que el mejor modo de festejar a Nuestro Santo Padre es contribuir, con convicción, a la propuesta de su carisma y vocación a los jóvenes que crecen entre nosotros o que se acercan a nuestras presencias para que, si es éste el querer de Dios, puedan comprometer su vida como escolapios, al servicio del sueño de Calasanz.

Reciban un abrazo fraterno.

La Congregación General de las Escuelas Pías

Roma, 25 de agosto de 2021, solemnidad de San José de Calasanz

Reunión del Equipo Provincial de Participación

El jueves 19 de agosto de 2021, se reunió el Equipo Provincial de Participación en las personas de: P. Javier Alonso, P. Ángel Cuevas, P. Yefrin Vargas, P. Adrián Guerrero, Inés Soto, Karina Miliante y Mario Mattia. Se analizó el documento de Misión Compartida y el Diplomado Provincial de Identidad Escolapia sobre Pedagogía Calasancia que se está planificando.