Escuelas Pías Centroamérica y Caribe

Próximos eventos

  • Ordenación Sacerdotal Alain Fadeau (2017) 21 octubre, 2021
  • Reunión Valoración Vocacional H. Erika Finol 21 octubre, 2021 a las 08:00 – 09:00
  • DÍA CALASANCIO 25 octubre, 2021
  • Ordenación Sacerdotal Francisco Montesinos (1975) 25 octubre, 2021
  • Cumpleaños Jorge Miladeh (F) (1959) 27 octubre, 2021
  • Cumpleaños Donald Mendoza 31 octubre, 2021
  • Cumpleaños Yrene Vargas (fraternidad) 8 noviembre, 2021
  • Cumpleaños Yefrin Vargas 10 noviembre, 2021
  • Bautizo Luisana 13 noviembre, 2021 a las 08:00 – 09:00
  • Celebración Opción Definitiva José Alexander Peña (2017) 19 noviembre, 2021

48CG.org. Nueva web del Capítulo General

A 100 días de la celebración del XLVIII Capítulo General en México, la Congregación General presenta la nueva plataforma dedicada en exclusiva a informar sobre él: http://www.48cg.org. Se trata de una página web que tiene un doble objetivo, por un lado, concentrar la información en torno al Capítulo General y, por otro, potenciar la difusión de toda información del encuentro además de generar materiales e infografías que se faciliten. De momento, el visitante podrá encontrar información sobre los asistentes, podrá localizar la Oración por el Capítulo o acceder a las palabras de Bienvenida del P. del Provincial de México, provincia anfitriona que acogerá el 48º Capítulo.

Poco a poco la nueva web, disponible en los 4 idiomas, crecerá en contenidos, ya sea en noticias del encuentro como en materiales que se compartirán por las diferentes redes sociales de la Orden. Además, toda la información sobre el capítulo se compartirá con el hashtag #48cg

Visita la Web

Juvenicidio: Desafío para volver a lo esencial

Durante los últimos tiempos la Orden ha realizado un esfuerzo extraordinario de expansión, que no siempre ha sido bien comprendido en su total significado. Si en algún terreno ha sido audaz nuestro Padre General, Pedro Aguado, ha sido precisamente en este campo. Y no dudo que ha debido enfrentar las críticas de que somos pocos, de que no llegamos a más. Esto siempre ha sido así, desde la época de Calasanz. Los números nunca cuadran, tampoco las condiciones y planes iniciales. Lo interesante es el impulso y deseo por ir más allá: a la orilla periférica y a otras culturas que no reflejan al Occidente dominante. Se trata de una visión macro que comparto plenamente, porque nos recuerda el valor de la mirada larga.

Cuando los escolapios buscamos expandirnos lo hacemos convencidos de que nuestro carisma, operante en la misión, aporta caminos y alternativas de mejora para la niñez y juventud de cualquier lugar y cultura. Al leer el Memorial Tonti y contrastarlo con otras fuentes, me convenzo que la gran novedad de Calasanz no estaba en considerar este carisma como deseado por Dios o de derecho natural. Ni siquiera la unidad de Piedad y Letras es tan original, como el de llevar su proyecto y acción salvífica a todas las personas sin excepción. La novedad de que la ciudadanía es un derecho de todos sin importar su origen es extraordinaria. Concluir que la buena educación es un derecho para los más pobres, es el camino para romper una sociedad rígida y estamentaria creando ciudadanos que aspiren por ellos mismos a una vida buena y digna, impulsando, a su vez, espacios de reforma social bajo esas mismas claves. ¡Ese es el gran aporte de Calasanz! De ahí su defensa radical por dar estabilidad al carisma y a sus instituciones; su insistencia de no excluir y su convicción por ir siempre más lejos, llevando esa intuición divina a todos los lugares, especialmente pequeños.

La expansión de la Orden nos recuerda que los procesos micros de calidad son importantes, pero hay mucha gente e instituciones que los hacen, impulsados por lo más novedoso de la pedagogía, la administración y los recursos pastorales más íntimos y cercanos. No es que eso me parezca mal. Me gusta y he participado de esos proyectos toda mi vida escolapia. Pero si quiero ser fiel en estos tiempos, debo dejar que me duelan de verdad las grandes exclusiones y violencias del mundo.

La llegada de las Escuelas Pías a lugares geográficos y sociológicos con graves desafíos en el tema primario y esencial de garantizar la vida misma, han de marcar nuestro ministerio y liberarlo de las ataduras casi microscópicas con los que estamos concibiendo el acompañamiento pastoral y pedagógico. Debemos responder con valentía frente al hambre, la violencia que hace migrar o que termina matando; la carencia de oportunidades, el racismo y la explotación económica. La pandemia no traerá un aire de bien, como la gente que vimos al inicio cantando en los balcones de sus casas propias. La pandemia trae más hambre, contradicción y violencia. La pandemia expulsa millones de niños y jóvenes de la institución escolar; denigra oportunidades laborales y suscitará, sin la menor duda, nuevas formas de violencia económica y social. La muerte violenta de muchachos cercanos a nosotros se hace cada vez más evidente en las noticias de comunidades y obras… Y si el ruido de la muerte está tan cerca de instituciones hasta cierto punto seguras, ¿cómo será en los medios más expuestos y lejanos?

El juvenicidio, con la explotación y muerte de los jóvenes, es el gran anti-signo para los escolapios en estos tiempos. Frente a ello debemos reconvertir obras y proyectos en lugares teológicos, sociales y educativos que den auténtica protección y alternativas a los que están más expuestos. Tenemos que ver de nuevo la realidad que toca las puertas desde afuera y no quedarnos con la propia y umbilical, donde nuestro alcance se agota en mayores o menores competencias, celebraciones más o menos cuidadas o el cumplimiento de ordenanzas burocráticas. Nuestra misión no es aislarnos de la realidad cuanto usar todos nuestros medios para transformarla. La audacia de la expansión geográfica exige ahora la audacia de abrirnos a la reforma de la sociedad. ¡El tiempo pasa y la significatividad se estrecha! ¡Los tiempos capitulares son una gran oportunidad!

P. Rodolfo Robert Sch. P.

Memoria y Profecía. Una historia que recordar, una historia por construir

Memoria y Profecía son dos dimensiones complementarias de toda la experiencia histórica de la Vida Consagrada en la Iglesia. Es probable que sólo si las combinamos bien podamos extraer de ambas la profunda riqueza que encierran. Miramos nuestra historia para fortalecer las claves desde las que construir el futuro, no para quedarnos en la nostalgia de lo que ya pasó. Y construimos el futuro desde lo que hemos aprendido y recibido de nuestros mayores, como “pequeños en hombros de gigantes” que pueden ver más allá de sí mismos porque tienen el apoyo de quienes vivieron antes que ellos.

Quisiera reflexionar en esta carta fraterna sobre la vida de la primera Provincia de la Orden, las Escuelas Pías de Italia, inspirado en dos “acontecimientos” de familia que estamos viviendo en estos meses. El primero, la despedida de dos ancianos extraordinarios, los padres Olivo Pallanch y Giovanni Grimaldi, ambos fallecidos recientemente a la edad de 95 años. Dos escolapios que vale la pena recordar: alegres, dedicados a la misión, apasionados por las Escuelas Pías, apóstoles, educadores. ¡Cuánto aprendí de ellos escuchando sus historias y sus proyectos! Porque sí, a su edad tenían proyectos.

El segundo, la celebración del 400º aniversario de nuestro colegio de Carcare, fundado por San José de Calasanz en 1621. Carcare es hoy la tercera casa más antigua de la Orden, de las que permanecen abiertas, después de la Casa Madre (San Pantaleo) y Frascati. Es la primera fundación escolapia fuera del contexto romano. A Nápoles no llegaríamos hasta 1627, a Florencia hasta 1630 y fuera de las fronteras italianas hasta 1631 (Nikolsburg).

Cuando uno llega a Carcare ve enseguida el cartel que anuncia a todos que Carcare es una “città calasanziana”. Con ver ese cartel ya nos podemos hacer idea de lo que ha supuesto para la ciudad la presencia de los escolapios. La historia de la fundación de Carcare es digna de ser conocida por todos, porque de ella podemos aprender mucho. No en vano estamos hablando de un colegio especialmente querido por Calasanz, que escribió una carta semanal para acompañar el proceso, llegando incluso a diseñar los planos del edificio. Son cartas muy concretas en las que se ve que se preocupaba por todo. Especialmente bonito es poder leer cómo se interesaba por los novicios que estaban en la comunidad, a los que invitó a Roma para el Año Santo de 1625, para que “aprendieran a ser santos”.

Cuando contemplamos nuestra historia, nos damos cuenta del extraordinario esfuerzo realizado por nuestros mayores para ir construyendo poco a poco las Escuelas Pías. Nos damos cuenta de los dinamismos que hicieron posible que Italia tuviera más de mil religiosos en siete provincias a finales del siglo XVIII. Nos hacemos conscientes de los difíciles acontecimientos externos que dañaron seriamente la Orden en diversas ápocas históricas, y también de los errores cometidos por nosotros mismos, casi todos sintetizables en tres: conformismo ante las dificultades, falta de comunión fraterna y escasez de visión de futuro.

Estamos comenzando el quinto siglo de historia de las Escuelas Pías en Italia. Hoy tenemos una Provincia Italiana, con 60 religiosos, de los cuales 10 no son italianos. La Provincia lleva adelante seis escuelas, siete parroquias, quince iglesias o capillas y cuatro programas de educación no formal. Sobre ella pende una pregunta formidable, tan inquietante como esperanzadora y convocante: ¿Cuál es el futuro de la Orden en Italia?

He escrito “salutatios” sobre Congo, Vietnam o Indonesia, fundaciones recientes de la Orden, buscando ofrecer las claves desde las que hemos comenzado en cada país y las opciones desde las que nos proponemos caminar. Creo que también es bueno escribir sobre una Provincia antigua, buscando lo mismo: ¿cómo podemos seguir construyendo Escuelas Pías en Italia? Comparto con todos vosotros mis pequeñas reflexiones, que brotan desde una profunda convicción: si la Orden no es posible hoy en la secularizada Europa Occidental, tampoco lo será mañana en otros contextos que hoy parecen florecientes. La Vida Consagrada Escolapia no depende sólo de los contextos más o menos favorables, sino de la capacidad que tengamos para interpretarlos y responder a ellos desde un carisma que sigue siendo necesario y urgente.

Propongo cinco opciones que creo debemos plantearnos con claridad para tratar de conseguir que este quinto siglo de la Orden en Italia sea -finalmente-floreciente y misionero. Y, como pórtico, propongo repasar este extraordinario párrafo del Papa Francisco que nos indica cómo debemos plantearnos un desafío como el que tenemos delante: hacer posible la Orden en Italia. “El tiempo es superior al espacio. Este principio permite trabajar a largo plazo, sin obsesionarse por resultados inmediatos. Ayuda a soportar con paciencia situaciones difíciles y adversas, o los cambios de planes que impone el dinamismo de la realidad. Es una invitación a asumir la tensión entre plenitud y límite, otorgando prioridad al tiempo. Darle prioridad al tiempo es ocuparse de iniciar procesos más que de poseer espacios. El tiempo rige los espacios, los ilumina y los transforma en eslabones de una cadena en constante crecimiento, sin caminos de retorno. Se trata de privilegiar las acciones que generan dinamismos nuevos e involucran a otras personas y grupos que las desarrollarán, hasta que fructifiquen en importantes acontecimientos históricos. Nada de ansiedad, pero sí convicciones claras y tenaces[1]

Vivir y trabajar con mentalidad de “construcción de Provincia”. Es una mentalidad nueva, que necesitamos recuperar. Es la de Calasanz, que además de dar su vida por la misión, construyó la Orden, dejándonos así un mensaje permanente: construir la Orden es nuclear en nuestra misión, es algo profundamente misionero.  Esta mentalidad supone muchas cosas, pero quiero destacar solamente cuatro:

  1. “Esperar de Dios los medios necesarios”[2]. Tenemos que partir de esta convicción. Las Escuelas Pías son fruto de nuestro trabajo, pero primero lo son del favor de Dios. Acrecentar el espíritu de oración por la Provincia y la espiritualidad de la apertura a un futuro renovado de vida y misión escolapias serán centrales en el camino que debemos recorrer.
  2. Impulsar un proyecto de Provincia concreto, planificable, exigente y coherente con las Claves de Vida de la Orden. Es bien cierto que hay que resolver problemas, pero hay que apostar por “opciones de vida” y hacerlo con seriedad. Entre ellas, una Pastoral Vocacional renovada, atrevida y consistente; un impulso convencido de la participación de los laicos y una vida comunitaria comprendida como un espacio de seguimiento auténtico del Señor.
  3. Generosidad en la comprensión de que debemos cambiar. Necesitamos escolapios abiertos a nuevos retos, dispuestos a dejar aquello que han hecho siempre a cambio de trabajar en apuestas que puedan provocar nuevos horizontes; escolapios generosos que abran espacio a los nuevos que llegan con ganas de dar lo mejor de sí mismos por la Provincia; escolapios dispuestos a comprender que “si seguimos igual sólo conseguiremos lo mismo”.
  4. Tomar decisiones certeras. Es fundamental acertar con las decisiones concretas que puedan permitir nueva vida. Decisiones que transformen una presencia o una obra, que garanticen la cercanía a los niños y jóvenes, que permitan incluso abrir una nueva presencia escolapia en el país, que permitan la incorporación de jóvenes de otras demarcaciones, etc.

Encarnar la corresponsabilidad con y de la Orden. La corresponsabilidad es un dinamismo de la doble dirección:

  1. De la Orden con Italia, buscando y ofreciendo generosamente personas e ideas para fortalecer la vida y la misión en la Provincia: jóvenes que hagan su Formación Inicial en Italia y que aseguren una presencia significativa en la Provincia en sus primeros años sacerdotales; religiosos enviados desde otras Provincias que quieran entregar años de su vida a esta misión, sin pensar en lo que dejaron atrás; apuestas institucionales de diversas Provincias por colaborar con Italia, etc.
  2. De Italia con la Orden, abriéndose a un nuevo modo de pensar basado en una Provincia capaz de reinventarse, acogedora de lo intercultural, acompañante de los que vienen, generosa con las necesidades de la Orden, abierta al espíritu misionero, etc.
  3. Italia irá adelante si la Orden asume el reto con seriedad y si la Provincia es capaz de generar proyectos de vida desde los que los que llegan puedan sentirse involucrados.

Crear nuevos “centros de vida”. La Provincia caminará si es capaz de crear nuevos “centros de vida”. Y esto se hace desde dos opciones: renovando algunas presencias para convertirlas en lugares que irradien vida (por ejemplo, un renovado santuario pompiliano o una parroquia auténticamente escolapia) o asumiendo nuevas presencias y misiones, bien discernidas y planificadas. No podemos ni debemos desgastarnos sólo en “sostener las cosas”, en ocasiones de modo costoso e incluso decadente; ese camino no lleva a nada. Debemos pensar seriamente este desafío y tratar de dar pasos en esta dirección.

Impulsar de modo sistémico las opciones de la Orden. La Orden tiene nueve “claves de vida” desde las que intenta llevar adelante su camino. Las nueve son importantes, las nueve pueden y deben desarrollarse de modo coordinado. Cualquier paso, por pequeño que sea, en la dirección adecuada, es una “apuesta de vida”. Por ejemplo, un plan de formación del laicado en identidad escolapia o una comunidad que decide reorganizar su vida para hacerla más significativa. Del mismo modo, cualquier paso en la dirección contraria retrasa o aleja la renovación. Por ejemplo, no trabajar con los laicos en su identidad escolapia o no impulsar el Movimiento Calasanz. 

Crecer en afán misionero. La historia de Italia es misionera. Desde Italia, Calasanz envió los primeros misioneros a Nikolsburg. Cada año, la Orden celebra el “Día de las Misiones Escolapias” el 2 de abril, recordando el primer envío misionero realizado por Calasanz en el año 1631 en las personas de ocho religiosos que comenzaron nuestra misión en la tierra de Moravia, hoy en la República Checa.

Quizá a más de uno le resulte sorprendente que yo invite a una Provincia como la italiana a fortalecer su espíritu misionero, teniendo en cuenta sus números y su media de edad. Pero no tengo ninguna duda en hacerlo, inspirado en la fuerte llamada del Papa Francisco en Evangelii Gaudium: “Todos somos llamados a esta nueva salida misionera[3]. Lo hago por tres razones fundamentales:

  1. Porque ser misionero, apasionado por la misión, es esencialmente una actitud espiritual, un modo de comprender y de vivir la vocación, independientemente de las posibilidades concretas de ser enviado a otro lugar. Y si esto se cuida, la Provincia crecerá en espíritu de misión, en Italia o fuera de Italia. No forma parte de nuestro ideal quedarnos tranquilos bajo el engaño de que no tenemos fuerzas para más.
  2. Porque si Italia transmite espíritu de misión, llegarán jóvenes italianos que quieran dar su vida, como escolapios, en nombre de la Orden, en tantos lugares como somos necesarios. ¿Italia puede crear en el Nazareno una casa de formación misionera?
  3. Porque el espíritu misionero ayuda también en la acogida de aquellos que se incorporan a la Provincia desde lugares diferentes de la Orden, no sólo para “sostener” lo que hay, sino para crear, junto a quienes les reciben, nuevas respuestas de vida y misión.

La Provincia de Italia (entonces la Provincia de Liguria) fundó en 1994 la Casa de Daloa, en la Costa de Marfil. Hoy, la Orden se alegra con la vida escolapia de 32 religiosos ivorienses. Dios bendice -siempre- el coraje apostólico.

Uno de los regalos mejores que he recibido estos años en los que he servido a la Orden como Padre General es que he aprendido a amar cada Provincia en su realidad y en sus desafíos. Y he recibido de cada una muchos dones y regalos. Destaco algunos de los muchos que he recibido de Italia: el amor por la escuela (que todavía se mantiene a pesar de las dificultades y de algunos despistes); el ejemplo de vida de tantos ancianos que siguen activos a pesar de la edad; la capacidad de suscitar amor por Calasanz, quizá no suficientemente aprovechada, así como una bella experiencia de Familia Calasancia.

Oremos por la Provincia Italiana, en acción de gracias por tantos dones ofrecidos a la Orden, y sobre todo a los niños y jóvenes, a lo largo de su larga y fecunda historia escolapia.

Recibid un abrazo fraterno

P. Pedro Aguado Sch. P.

Padre General

[1] Papa Francisco. Exhortación apostólica “Evangelii Gaudium” nº 223.

[2] Constituciones de la Orden de las Escuelas Pías nº 6

[3] Papa Francisco: Exhortación apostólica “Evangelii Gaudium” nº 20.

26 de septiembre. Jornada de Oración por los Jóvenes Escolapios

Circular / pdfListado / pdf

Estamos a las puertas de un nuevo Año Vocacional Escolapio, que comenzará, Dios mediante, el próximo día 20 de noviembre, una jornada especialmente significativa para las Escuelas Pías. En ese contexto vocacional, celebramos una nueva Jornada de Oración por los Jóvenes Escolapios, instituida por la Orden para el día 26 de septiembre de cada año. https://www.youtube.com/embed/5h12R5Hxny8Facebook Twitter LinkedIn WhatsApp

70 años de presencia escolapia en Carora (Venezuela)

Memoria agradecida de los primeros días de la fundación

Los años cincuenta del pasado siglo fueron muy fecundos en ardor misionero. El P. Vicente Tomek, Superior general de los escolapios, animó a los religiosos de España a iniciar nuevas fundaciones en América.

Después de un viaje exploratorio a Venezuela del P. Jesús Nagore. La provincia de Vasconia decidió abrir una fundación en la ciudad de Carora, en el interior del país. En la ciudad ya funcionaba una pequeña escuela de niños fundada por un sacerdote diocesano, pero las autoridades locales y las familias soñaban con la llegada de una comunidad religiosa dedicada a la educación y que se encargara de la escuela.

Y el 3 de septiembre de 1951 llegaron los primeros escolapios a la ciudad en un avión regular procedente de Barquisimeto. Antes habían llegado por barco al puerto de La Guaira, cerca de Caracas. Leer las crónicas de comunidad dan una idea de cómo fueron los inicios.

Sobre las seis y media de la tarde, en avión procedente de Barquisimeto, aterrizan en el aeropuerto de Carora los padres que han de integrar la primera comunidad en suelo venezolano. Son estos los PP. Jesús NagoreConstantino GarisoainIgnacio MorrásJesús Vides y el hermano Alfonso Olazábal.

Una muy nutrida muchedumbre estalla entusiasta en vítores y aplausos a la llegada de los padres. Los padres bajan del avión portando cada uno en sus manos un hermoso paraguas negro.

Ha sido como una bendición copiosa que les ha caído del cielo. Tiempo hacía que la ciudad de Morere anhelaba ansiosamente poder contar para sus hijos con una Orden o Congregación religiosa. Seguidamente, se organizó una hermosa caravana hacia la parroquia San Juan para dar gracias a Dios por los inmensos beneficios recibidos.

Al terminar de entonar el himno “Te Deum”, las emocionantes palabras de monseñor conmovieron profundamente a la multitud allí congregada. Sencillas pero cordiales fueron las que brotaron espontáneas del corazón agradecido del P. Nagore. Llenos de entusiasmo y enardecidos por la emoción, acompañaron a los padres a la casa que les habían preparado, sita en la calle Lara nº 11, propiedad de D. Ricardo Riera.

Seguidamente, un grupo de personas irrumpió en la casa para celebrar con los padres una rica comida de bienvenida donde el joven Ignacio Herrera, con emocionantes palabras leyó a la concurrencia el discurso de bienvenida.

No habían terminado de aplaudir cuando emocionado hasta lo más íntimo de su ser por todo lo que estaba viendo, se levanta el P. Constantino y agradece sinceramente en nombre de todas las exquisiteces de almas nobles y generosas que están realizando los caroreños.

Y el 17 de septiembre comenzó el curso escolar con una misa solemne al Espíritu Santo se inicia el primer curso escolar de las Padres Escolapios en Carora. Cabe mencionar que los padres no tienen más que continuar y renovar ampliando la obra que se iniciara en enero de 1945.

Al día siguiente comenzaron las clases con una matrícula de 109 alumnos de Primaria y con la intención de buscar un terreno más grande a las afueras y construir un moderno colegio que diera cabida a más alumnos.

El concejo municipal facilitó pronto un terreno y se iniciaron los trámites para la construcción de modo que en el curso 1953-1954 ya se dio clase en el actual edificio.

Han sido 70 años donde los escolapios han escrito páginas muy bellas de la historia de la ciudad. Todos los religiosos que pasaron por Carora quedaron seducidos por la simpatía y sencillez de sus gentes. Mientras que, en otras ciudades de América, los escolapios fundaron en grandes ciudades: Managua Santo Domingo, Bogotá, Belo Horizonte, Puebla…, en Venezuela se comenzó por una ciudad pequeña. Muy pronto vendrían otras fundaciones necesarias: Caracas y Valencia.

En los años 50 y 60, Venezuela tenía una economía fuerte y próspera que atrajo a muchos emigrantes de Europa, que había sido muy dañada por la guerra. América ofrecía posibilidades de crecimiento, de comenzar una nueva vida. Para la Iglesia también fue una gran oportunidad.

Actualmente Venezuela está sumida en una profunda crisis que ha afectado a todos los ámbitos de la sociedad. El sistema escolar público que antaño era muy robusto está prácticamente desmantelado y las instituciones de carácter privado hacemos grandes esfuerzos por sobrevivir a esta fuerte crisis.

Después de 70 años el carisma de Calasanz está muy vivo en Carora en una fraternidad escolapia muy activa y en tantos educadores, catequistas, voluntarios que fueron seducidos por el hermoso proyecto calasancio de educar en piedad y letras.

Y arrancamos este año de júbilo y acción de gracias con un encuentro precioso con todo el personal de la escuela y una eucaristía presidida por uno de los exalumnos más destacados de nuestra escuela y que ahora tenemos en honor de tener como obispo de Carora, el escolapio Carlos Enrique Curiel Herrera.

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