Escuelas Pías Centroamérica y Caribe

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La aventura de la vocación

20160109_084334Luis y Ronaldo comienzan una nueva etapa en su proceso formativo escolapio en la casa de formación de Santo Domingo junto a la comunidad escolapia y su maestro el P. Juan Mendoza.

Luis Demetrio Castillo tiene  22 años y es de Rastrojales de San José (Costa Rica). Tiene bien avanzados sus estudios de Administración de Empresas y le llamó la atención de los escolapios su manera sencilla de relacionarse con los demás. Se siente llamado a entregar su vida a los jóvenes en esta vocación. Nos conoció en una feria vocacional en la diócesis de san José.

Rolando José Hernández tiene 25 años y nos conoce desde muy pequeño ya que estudió en el Calasanz de León (Nicaragua). Ha estado muy vinculado a la comunidad escolapia desde la comunidad juvenil. Estudió farmacia y  se siente cautivado por la figura de Calasanz que se entregó por la noble causa de la educación de los más pobres.

Ambos harán su segundo año de prenoviciado estudiando Filosofía y colaborando en la Pastoral del Colegio y el centro Cultural.

Vocaciones escolapias en Venezuela

prenovicios caracasJohanni Pacheco (De Carora, Venezuela). Prenovicio de primer año, en Casa de Formación en Caracas. Estudia primer año de Filosofía. Da clases de Religión.

Eddie García (De Maracaibo, Venezuela). Prenovicio de primer año, en Casa de Formación en Caracas. Estudia primer año de Filosofía. Da clases de Religión y es responsable en los grupos del Movimiento Calasanz.

Brayan Angulo (Caracas, Venezuela). Prenovicio de segundo año, en Casa de Formación en Caracas. Estudia tercer año de Filosofía. Da clases de Religión y es responsable en los grupos del Movimiento Calasanz y facilitador en el Centro Cultural Calasanz.

Dilan Leal (De Maracaibo, Venezuela). Prenovicio de primer año, en Casa de Formación en Caracas. Estudia primer año de Filosofía. Da clases de Religión y es responsable en los grupos del Movimiento Calasanz.

Frank Pérez (Carora, Venezuela). Prenovicio de segundo año, en Casa de Formación en Caracas. Estudia segundo año de Filosofía. Da clases de Religión y es responsable en los grupos del Movimiento Calasanz.

Nuestros novicios

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Mauricio Serrano.

De Managua (Nicaragua). Tiene 19 años. Estudió en el colegio de Managua desde Preescolar. Inició el Prenoviciado en León en enero de 2013 y desde julio de ese año hasta diciembre del 14 completó este período de formación. Durante este tiempo ha estado estudiando Filosofía en el Centro Bonó de Santo Domingo.

Pedro Montero.

pedro monteroDe Maracaibo, estado de Zulia. Venezuela. Tiene 22 años. Nos conoció en las actividades pastorales de la Parroquia de San Ignacio de Maracaibo. Inició su prenoviciado en septiembre de 2012 en Barquisimeto y los últimos meses en Caracas. Tiene estudios de Inglés en la Universidad de Zulia y cuatro trimestres e Ingeniería industrial. Durante el último curso inicio los estudios de filosofía en la UNICA.

NOVICIOS

Nou rèv ansanm

Soñamos juntos

“Nou rèv ansanm” en la lengua que se habla en Haití significa “Soñamos juntos”. Eso es lo que en esta semana están viviendo en un campo de Leogane, al oeste de Puerto Principe un grupo de jóvenes. Sueñan juntos haitianos y dominicanos, sueñan con los niños un mundo mejor. Sueñan a través del juego, la convivencia, la oración.

Por segundo año consecutivo se está viviendo un campamento de verano con la finalidad de mantener los vínculos con un grupo de jóvenes que desean seguir en el camino de Calasanz. Ene este momento, hay dos juniores haitianos: Alain y Venio, un novicio: Paul, tres prenovicios: Walinx, Obed y Carlos y en espera de iniciar el itinerario escolapio, algunos más. Ojalá un día que eseremos no sea muy lejano, Dios bendiga este país con una nueva presencia escolapia.

¡Quiero ser escolapio!

P. Cesáreo Tiestos Loscos, Sch. P.

10313498_1448332575417816_3164314660282082915_nFue muy corta pero intensa su presencia en nuestra naciente Provincia. Se ganó pronto la simpatía de la buena gente de León que lo acogió en sus últimos meses de vida. Recogemos acá un testimonio suyo que merece la pena leerlo de modo agradecido para dar gracias a Dios por su vida y la de tantos escolapios que como Jesús, pasaron haciendo el bien.

Me parece como una película corta, cortísima, no obstante los muchos años que tengo.

Como todo niño, yo también quería ser mayor. Pero no había nada concreto. Mi vocación escolapia es, y así lo ha sido durante setenta y tantos años, una cosa sencilla, ordinaria, prácticamente perceptible, no ruidosa ni llamativa. Cada día haciendo lo que tenía que hacer, Dios actuó, y actúa en mí: pero sin nada extraordinario. Ni me llamo Saulo, ni voy camino de Damasco.

Me llamo Cesáreo. Mi papá murió cuando yo tenía sólo dos años, y mi madre falleció el mismo día que yo cumplía los diez. Cosas que pasan, quizás para un niño cualquiera, pero que a mí me “marcaron” para siempre. Me hice un niño muy sensible, tímido y algo introvertido. Por supuesto me gustaba mucho jugar, sobre todo el fútbol. Y los otros compañeros, niños de un pueblo pequeño, como era Belchite, me buscaban y querían que formara parte del equipo, pues no lo hacía mal.

Todo eso era preámbulos a mi vocación escolapia, que yo entonces no sabía lo que era. Las circunstancias familiares hicieron que yo llegara a conocer los Escolapios. Me llevaron a mis 10 años, a “la cuarta de gratuitos”, en el colegio que entonces se llamaba Santo Tomás, en Zaragoza, y allí comenzó este camino callado, sin relieve, aparentemente intrascendente, de mi vocación escolapia. Al fin y al cabo como le ocurre a la inmensa mayoría de los niños y jóvenes, que poco a poco, van experimentando la evolución interior que sellará su vida.

En Zaragoza tuve como primer maestro al P. Jesús Martínez, un sacerdote escolapio que nunca me habló de vocación alguna; -yo tenía 11 años- pero que influyó mucho en mí por su trato con los niños. Tal fue el impacto callado, sereno, que tuvo en mí, que un día les dije a mis tíos. “Yo quiero ser Escolapio”. Y al preguntarme ellos el por qué, recuerdo perfectamente que respondí: “Quiero ser como el P. Jesús, porque dice Misa y siempre está con nosotros los niños”. ¿Percepción inconsciente de un niño o llamado imperceptible de Dios? Yo no sé qué responder aún ahora, a pesar de haber pensado en eso muchas veces.

La realidad es que a los 12 años y medio me veo ya en el Postulando. ¡Con qué cariño lo recuerdo al P. Augusto Subías! Mis maestros me ayudaron a crecer humana, psicológica, espiritualmente. Mi confesor escolapio se fue a la cartuja. Mi maestro de postulantes me exigió mucho intelectualmente y yo les respondí. Comenzó a despertarse en mí un gran deseo de estudiar, de saber. Y también un anhelo de “santidad”. Un sacerdote escolapio me dijo. 2Cesáreo, tienes madera de santo”. Por supuesto, yo no entendía lo que eso significaba.

Mi paso por el Noviciado no fue nada especial. Lo recuerdo, sí, pero no me significó gran cosa. Yo seguía ensimismado. Algo distinto fue Irache. Allí comenzó a despertarse mi mente y mi vocación escolapia. Me influyó muy positivamente el maestro, P. Rafael Pérez. Me supo dar la confianza que se había iniciado en el Postulando y yo iba afirmando mi vocación. Todo era normal: el Bachillerato, el Magisterio cuando los Superiores me mandaron a estudiar Teología a la Universidad Pontificia de Salamanca. Allí fue que se despertó definitivamente mi vocación, bajo el modo tan especial del P. José Olea Montes. Y el ambiente de estudios despertó aún más mi deseo de saber, de estudiar, de prepararme bien. Años fecundos, que fueron fraguando y consolidando mi vocación escolapia. La confianza que habían puesto en mí había fructificado en una autoestima personal y responsable.

En adelante: puesta en práctica del carisma escolapio. Aquel decir Misa cada día y estar con los niños fue en realidad. Pero duró poco: cuatro años.

Me llamaron a Roma para prepararme como formador. Supuestamente era por un solo año; pero fueron cuatro, y luego uno más para el doctorado. Allí, viviendo en su casa, fui conociendo cada vez más a Calasanz y admirando su carisma de “Reformador” de la sociedad, y de la iglesia, mediante el ministerio de la educación. Creo que puedo decir la verdad que allí nació mi verdadera y definitiva vocación escolapia. Se sembró la semilla que dio fruto en el futuro ICCE.

El señor me fue formando en sitios y lugares que contribuyeron a madurar mi vocación. Sin lugar a duda alguna soy un fruto escolapio madurado en las circunstancias en las que he vivido y me han hecho vivir.
Los inicios del Instituto Calasanz de Ciencias de la Educación (ICCE) centraron mi dedicación y mi pasión por la educación. Allí fue viviendo y entendiendo, en la vida de cada día, el carisma y la visión educativa de Calasanz. Cuatro intensos años me llaman de nuevo a Roma. Estoy sólo un año, pues al renunciar el P. General se hundieron los proyectos educativos que él tenía para la Orden y yo coincidía con ellos.
Yo seguía buscando realizar en mi vida la misión de Calasanz. Quise irme como maestro a la montaña, con los pobres, a una nación olvidada, pero entonces no había escolapios en Bolivia y los Superiores me hicieron aterrizar en Puerto Rico, era Agosto de 1971.

Y aquí comienza una nueva etapa escolapia. En cuerpo y alma me entregué a la Universidad Católica, a la Superintendencia de Escuelas Católicas, a escribir, a dar conferencias. Todo ello respondía a mi necesidad de poner en práctica el carisma escolapio. Esa ha sido siempre una de mis características: entregarme totalmente a lo que llevo entre manos. Los quince años en Puerto Rico fueron años de madurez, no exenta de grandes errores y defectos. Pero ni el prestigio, ni la fama me satisfacían. Yo quería algo más. Siempre latente esa aspiración…

En 1986 le pedí al P. Provincial que me permitiera ir a las misiones. Estaba él de acuerdo, pero veía mejor que yo se lo pidiera personalmente al P. General. Ni corto ni perezoso voy a Salamanca donde estaba aquellos días el P. José María Balcells. Yo me preparé para la entrevista buscando argumentos para todas las dificultades que me imaginaba me iba a poner. Todo inútil; cuando le digo: “Padre, llevo veinticinco años como Escolapio sirviendo a los más ricos; déjenme otros veinticinco sirviendo a los más pobres”. Toda mi preparación se vino abajo. El P. General, en lugar de oponerse me dijo “Ojala me pidieran eso otros escolapios”. Y así, tan sencillo, fue el camino de mi venida a Ecuador. Otras circunstancias no cuentan, ni son realmente relevantes.
Y aquí estoy desde entonces. Primero en la Amazonía, en Puyo, provincia de Pastaza, ayudando a las misiones de los Padres Dominicos. Pero sólo dos años. Pues el Señor obispo de Santo Domingo de los Colorados (Actualmente Santo Domingo de los Tsáchilas) quería crear una radio Católica en su Diócesis, y yo como era el Director de Radio Puyo, quiso que yo viniera. Y comencé trabajando como escolapio en todo lo que es Educación Académica, religiosa, pastoral en diversos ámbitos: Vicario de educación, Director del Instituto Internacional de Teología a distancia (IITD), Director del Departamento Bíblico y el Departamento de Catequesis de la Diócesis pero sobre todo como educador escolapio. He ido renunciando a todos los cargos y me centré en dos aspectos que juzgó fundamentales en mi vocación escolapia: la educación de adultos (Padres de Familia, Maestros) y educación de niños y jóvenes. Cómo Párroco, durante más de 20 años, y como educador, he procurado la síntesis de ambas vocaciones. Fundé, junto con los Laicos las dos escuelas y el colegio Calasanz, además de edificar dos parroquias.

He deseado siempre el ministerio parroquial y escolar, por ahí veo yo el futuro. Me he entregado a la gente, les he dado, según mis posibilidades. Pero ellos me han dado a mí muchísimo más. El Señor, a través de ellos, me ha ido madurando, tanto espiritual, como humanamente. Creo que puedo parafrasear un poquito al Santo Padre: finalmente “encontré en Ecuador la manera definitiva de servir a Dios”. 

Ya soy viejo, pero sigo creyendo en la espiritualidad escolapia la entrega total a los demás, mediante nuestro ministerio. Creo que la dedicación educativa, ha salvado, históricamente, a la Escuela Pía, y me ha salvado a mí. Y estoy convencido de que puede entusiasmar y salvar a muchos jóvenes que lleguen a conocer a Calasanz y su Misión.

Profesión religiosa de Venio Bonhomette

La tarde del 8 de febrero, nuestro hermano VENIO BONHOMETTE emitió los votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia en la Parroquia San Eduardo de La Romana ante las comunidades que los escolapios animamos en la ciudad.

VENIO es un joven de la ciudad de Puerto Príncipe (Haití). Tuvo su primer contacto con los escolapios en un viaje a Haití que hicimos desde La Romana con Alain Poudy, (junior escolapio y compañero de estudios). La finalidad este viaje fue tramitar algunas ayudas económicas después del terremoto de enero de 2010.  Venio realizó sus primeras reuniones de acompañamiento vocacional en Santo Domingo y después de una corta experiencia en el mes de julio de 2012, comenzó un corto prenoviciado en La Romana y posteriormente el Noviciado en Bogotá.

En la homilía de la Eucaristía, el P. Provincial nos animó a ser fieles a la vocación que hemos recibido de Señor y a una entrega generosa al servicio de la comunidad; especialmente de los niños y los jóvenes. Pidió a toda la comunidad una oración por los que ya iniciaron su proceso vocacional y para que el Señor suscite actitudes de generosidad entre los jóvenes de la Iglesia.

De momento, el junior Venio estará residiendo en la comunidad de La Romana hasta el mes de julio en espera de terminar sus trámites migratorios para comenzar los estudios de Teología en Caracas.

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Con la comunidad parroquial de La Romana

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En el diálogo sobre intenciones con el P. Provincial

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Leyendo la fórmula de profesión de votos

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Firma de la profesión ante testigos

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Firma de la profesión

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Entrega de las Constituciones de la Orden

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Grupo de religiosos escolapios y prenovicios

Formación inicial: los escolapios más jóvenes.

Terminadas las vacaciones de Navidad, los jóvenes que un día decidieron seguir a Jesús en las Escuelas Pías, están volviendo a las casas de Formación.

Los Prenovicios: son los que están experimentando su primer contacto con las Escuelas Pías. Unos han estudiado en alguno de los colegios de la Provincia, otros nos han conocido por las Parroquias, otros porque otro escolapio se ‘tropezó’ con ellos. En Barquisimeto (Venezuela) están Pedro, Nolberto, Luis Manuel, Brayan, Jesús,   Enyelbert  y Frank. En Caracas, Joan, Armando y Diego. En Santo Domingo, Mauricio y José. Y se acaban de unir a ellos dos, Darwin, Jordy y Wallinx. En La Habana¸ Carlos y Obed. En Managua van a iniciar una primera experiencia dos jóvenes nicaragüenses y en Venezuela otro joven iniciará el proceso.

Los novicios: Tres jóvenes terminan su año de noviciado en Bogotá (Colombia); Venio, Ángel y Junior  que harán en los primeros días de febrero su Profesión Simple. A mitad de este mes de enero, iniciarán en Bogotá su año de noviciado, Paul, Guerby, Mario y José Miguel. A todos les deseamos una feliz experiencia escolapia.

Los juniores: se preparan intelectualmente en las Universidades para poder ser buenos maestros de Piedad y de Letras. En Caracas estarán Alain, César, Roniyer, Venio, Ángel y Junior. En San José de Costa Rica, Luis Alberto, Tailo, Pablo y Esteban. Hay unos juniores en un año de experiencia  en las Comunidades, José Luis está en Maracaibo, Jose Alejandro en Barquisimeto, Yoel en Valencia (VE), 0scar en Carora (VE), Freddy en León (Nicaragua).  Lenin en Guanabacoa (Cuba) ya ejerciendo el ministerio.

Treinta y seis jóvenes buscando a Jesús en las Escuelas Pías; buscando a Jesús encarnado en tantos niños y jóvenes que necesitan de nuestra palabra y de nuestro testimonio. Sigamos orando al Señor para que envíe obreros a esta mies fertilísima.