Escuelas Pías Centroamérica y Caribe

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Tiempo de gracia

Ordenación sacerdotal de Pablo Antonio López

IMG-20170923-WA0029_resizedNuesta Provincia vive un tiempo de gracia y fecundidad vocacional.

El sábado 23 de septiembre, recibió el sacramento del orden sacerdotal, el escolapio Pablo Antonio López en la bella ciudad nicaragüense de Masaya, de dónde es oriundo.

La celebración fue presidida por el obispo auxiliar de Managua, monseñor Silvio Báez que curiosamente, también es de Masaya y fue ex-alumno del ITAC de Costa Rica en su etapa de formación inicial con los carmelitas.

Pablo fue acompañado por los escolapios de Nicaragua y algunos que vinieron de otros países, además de un buen grupo de jóvenes del Movimiento Calasanz del país.

La ordenación de Pablo es la primera de las cuatro que viviremos en este tiempo. El 30 de septiembre, José Alejandro Peña en Valencia (Venezuela), el 7 de octubre, Fredy Araujo en La Quebrada (Venezuela) y el 21 de ocubre, Alain Poudy en Cap Haitiene (Haití).

Muchas bendiciones para todos ellos y que Dios les conceda mucha fidelidad y entrega al servicio de la Iglesia en las Escuelas Pías. Que su compromiso sirva de llamada para muchos más jóvenes que desean entregar su vida a los demás.

 

Regalos a Calasanz

fb_img_1489921170807Este año jubilar está lleno de bendiciones para nuestra naciente Provincia de Centroamérica y Caribe. Sin duda, la más relevante será la próxima ordenación sacerdotal de 4 hermanos nuestros: José Alejandro Peña, Fredy Araujo, Pablo Antonio López y Alain Poudy. En esta fase final de preparación a este hermoso acontecimiento, pedimos a Dios que les conceda la fidelidad en la entrega y la pasión por la juventud.

De la estirpe de los robustos

En recuerdo al P. José Fidel Unanua.

Aunque uno viva setenta años y el más robusto hasta ochenta, su afán es fatiga inútil, porque pasan aprisa y vuelan. (Salmo 90,10)

unanua-2El P. José Fidel estaba en la categoría de los robustos, de los religiosos que forjaron su vocación en la dura España de la posguerra y que aprendieron de los mártires de la guerra civil el coraje de entregar la vida por el evangelio.

Se formó en el Seminario Escolapio de Irache y en Albelda junto a cientos de jóvenes que buscaban recomponer los tejidos de una Iglesia destruida por los prejuicios y la intolerancia de la guerra. Esos jóvenes querían construir un mundo nuevo desde su compromiso con la escuela. Querían poner las condiciones para que nunca más hubiera una guerra cruel.

Se nos fue el padre José en una soleada mañana de Pascua. La misteriosa visita de la muerte nos sorprendió y nos heló el corazón pero nos dejó una paz profunda y serena en el alma por haber conocido a un gran escolapio.

Cuando ya cruzaba el límite de los 80 años, el padre escogió la cordial y cálida ciudad de Carora para pasar la última etapa de su vida. Así nos lo compartía: “quiero ser útil hasta que Dios me dé fuerzas y le pido que siempre me dé lucidez”.

Y el Señor le concedió este deseo. Sirvió como sacerdote escolapio hasta el final; en el servicio del altar, en las confesiones frecuentes, en las visitas a los enfermos y en las innumerables exequias que presidía con tanta diligencia. Estuvo lúcido hasta el final, como pedía a Dios.

Y también le concedió una larga y fecunda vida, una bendición para tantas presencias escolapias donde sirvió como gran misionero navarro que era tras los pasos de San Francisco Javier. Fue durante muchos años el formador de jóvenes escolapios, superior de las Escuelas Pías de Chile y de Venezuela, vicerrector en la Universidad Cristóbal Colón de Veracruz y en los últimos años de su vida, en la tranquila y dulce ciudad de Carora.

Fue un gran apasionado por San José de Calasanz y las Escuelas Pías. Estaba pendiente de todo lo que pasaba en la Iglesia y en la Orden escolapia. Cuidaba las relaciones con las personas que había conocido a lo largo de su vida. Con delicadeza de caballero, no se olvidaba de felicitarles en su cumpleaños. Un gran detallista.

Una de las mejores hazañas escolapias del P. Fidel fue gestionar con el gobierno venezolano un convenio por el cual, la mayoría de escuelas católicas del país pudieran ofrecer educación a los más pobres. Un bien increíble para tantas familias sencillas que buscan en las escuelas católicas un lugar para crecer. Seguro que la familia AVEC le estará eternamente agradecido.

Muchos de vosotros decís que era un santo. Yo le añadiría; además un “santo cabezota”… ya sabéis a qué me refiero. No quiero hablar mal de él; al contrario, creo que los grandes hombres que han hecho avanzar la Iglesia han sido un poco tercos y cabezotas con sus convicciones más profundas. Y si no, lean la vida de uno de los santos más geniales de la Iglesia: San José de Calasanz. Ese sí que llevó sus convicciones hasta las últimas consecuencias.

De todas las fotografías recientes que tenemos del padre, hay una que expresa muy bien lo que era el P. José. Está tomada en la capilla que los escolapios construyeron en el popular sector de La Lucha. El padre explica la Palabra amplificando su débil voz con una corneta a la vez que posa tiernamente su mano derecha en el hombro de un niño pobre. ¡Qué imagen tan escolapia!, ¡Qué orgulloso se sentirá hoy san José de Calasanz en el cielo cuando lo reciba!

Inevitablemente, me viene al recuerdo aquella preciosa carta que nos dejó Calasanz:

El camino más corto y más fácil para ser exaltado al propio conocimiento y de este a los atributos de la misericordia, la prudencia y la paciencia infinita de Dios, es el abajarse a dar a luz a los niños y en particular a los que son como desamparados de todos que por ser oficio a los ojos de mundo tan bajo y vil, pocos quieren abajarse a él”. (Epistolario, 1236).

Sin duda, el sabio y preparado P. José supo abajarse a los sencillos, a los niños, a los pobres, al servicio de sus hermanos de comunidad. Un gran ejemplo para tantos escolapios que intentamos ser fieles en el camino de Calasanz.

La ciudad de Carora ha tenido la gracia de acoger a un hombre sabio y santo que se une ya a la larga lista de escolapios que entregaron su vida al servicio de la juventud en esta tierra.

 

Reconocimiento al P. Unanua

En el 70 aniversario de la fundación de AVEC

20160122_105508Todos los años, AVEC (Asociación Venezolana de Educación Católica) hace un reconocimiento a educadores comprometidos y vocacionados. Este año, recibieron este reconocimiento la profesora Marbella Colombo, directora del Colegio Cristo Rey de Carora, la profesora del CECAL Calasanz del barrio de San Vicente, Elba Aponte y nuestro padre José Fidel Unanua por su protagonismo especial en la firma del convenio AVEC con el Estado Venezolano. Este convenio ha favorecido la unidad de la Educación Católica en torno a un proyecto y sobre todo, el acceso a las clases populares.

El P. José Fidel realizó una magnifica memoria agradecida de la Escuela Católica en el país y los grandes desafíos para el futuro.

Para quien desee leer completo su discurso: Setenta AVEC. Calidad y Compromiso.

Escolapio “en servicio”

8245_10153880426649443_2222091629005637499_nOrdenación diaconal.

El sábado 16 de enero la parroquia San José de Calasanz de la ciudad de Valencia se vistió de fiesta para celebrar junto a la comunidad cristiana escolapia y el obispo de la diócesis Monseñor Reinaldo del Prette, la ordenación diaconal del escolapio Luis Alberto Hernández Cardozo que durante dos años estuvo de experiencia pastoral en esta comunidad.

En el evento se hicieron presenten el P. Provincial y un buen número de religiosos escolapios, miembros de la Fraternidad, familiares, amigos y fieles de la parroquia.

Como siempre, el obispo estuvo muy cercano y simpático. En su extensa pero amena homilía recordó cuál es el origen bíblico de este ministerio y cómo evolucionó hasta nuestros días para después, animar a Luis Alberto a servir a la misión de la Iglesia entregando la vida sin reservas.

Antes de pasar al rito de ordenación, Raúl Zambrano y Williams Costa, en representación de la comunidad cristiana,  hicieron una semblanza vocacional de Luis dando testimonio de que realmente es digno de recibir este ministerio y de que lo llevará con dignidad.

Finalmente, la intervención cordial, sencilla y agradecida de Luis por la historia de amor que Dios estaba haciendo con él.

Realmente, la comunidad cristiana crece en momentos como el que hemos vivido este día. Le pedimos a Dios que sean cada vez más frecuentes entre nosotros y que nos permita verlos y  gozarnos de como la Iglesia y la Escuela Pía crece con el SÍ generoso de tantos jóvenes dispuestos a seguir al Maestro Jesús.