Escuelas Pías Centroamérica y Caribe

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Se cumplen 25 años…

Este año 2022 se cumplen 25 años de la aprobación, por parte del 44º Capítulo General de la Orden, del documento institucional “El Laicado en las Escuelas Pías”. Es una fecha “redonda”, que nos puede sugerir una mirada agradecida al camino recorrido a lo largo de estos años y que este documento que recordamos tanto contribuyó a impulsar y a desarrollar.

Aquel Capítulo General de 1997 se convocó con un lema muy interesante. Rezaba así: “Carisma y Ministerio: una historia que recordar, una historia que construir”. Nos convocaba el 400º aniversario del comienzo de la misión calasancia en la Escuela de Santa Dorotea (1597), y la Orden festejaba con profunda alegría esa historia -inacabada- que inició Nuestro Santo Padre en la pequeña sacristía de una parroquia del Trastevere.

Me parece que ahora sería bueno aplicar el mismo lema a este pequeño aniversario del documento sobre el laicado escolapio. Efectivamente, estamos ante una bella historia que debemos recordar y continuar construyendo. Me gustaría contribuir a ello con esta sencilla carta fraterna. Quisiera referirme a unos pocos puntos que considero importantes.

En primer lugar, creo que tenemos que hacernos una pregunta: ¿qué buscaba aquel Capítulo General con ese documento? Nada se aprueba en un capítulo sin una intencionalidad. Releyendo las actas y el propio documento, aparecen claramente los tres objetivos que estaban sobre la mesa en aquellos años:

  1. Aclarar la conciencia escolapia sobre ese tema.
  2. Responder a las inquietudes de tantas personas laicas que se preguntan por el proyecto que las Escuelas Pías tienen en relación con ellos.
  3. Aceptar que la apertura a los laicos es un signo de los tiempos que nos interpela profundamente.

Estos eran los tres objetivos. Así consta en las actas del Capítulo y en el propio documento.  Quiero compartir con todos vosotros que los tres siguen siendo reales, actuales y provocativos. Sigue siendo necesario profundizar y clarificar lo que vivimos; seguimos recibiendo preguntas, propuestas y aspiraciones desde las personas que comparten nuestro carisma y nuestra misión; sigue siendo cierto que este camino nos interpela y provoca en la Orden deseos de respuesta y de nuevos pasos, así como preguntas e inquietudes. Seguimos caminando, hermanos.

Junto a esta afirmación de que los objetivos siguen siendo actuales, también debemos afirmar que en los tres hemos avanzado mucho. Ofrezco algunos datos de este caminar y de este progreso, aludiendo también a las dificultades y despistes que tenemos.

  1. El documento que conmemoramos se aprobó canónicamente con el 65% de los votos en el seno del 44º Capítulo General. Todos sabemos que una proposición o un directorio, para ser aprobados, necesitan la mayoría absoluta. La votación con la que el documento fue aprobado indica una mayoría clara, pero también expresa dificultades o dudas. Años después, el actual Directorio de Participación, que es la concreción actualizada del documento de 1997, se aprobó con el 84% de los votos de los capitulares. Tal vez no son datos muy relevantes, pero nos sirven para comprender que estamos ante un reto y un proceso que necesita su tiempo, pero que poco a poco va siendo bien comprendido y asumido por la Orden.
  2. Por otro lado, sabemos que las cuatro modalidades de participación se han consolidado y hay muchas experiencias, y muy ricas, de impulso de cada una de ellas. Es cierto que la integración carismática y jurídica continúa siendo una opción poco extendida, pero no por eso poco significativa. Y es también cierto que el trabajo para el acompañamiento de nuestros colaboradores, la riqueza de los procesos de Misión Compartida y el desarrollo de la Fraternidad han sido formidables.
  3. Junto a estos datos de fondo, cito otras muchas cosas que están suficientemente claras entre nosotros: compartir el carisma y la misión entre religiosos y laicos es bueno, rico y necesario; cuanto mayor sea la identidad calasancia del laicado, mejor para los niños y jóvenes que crecen entre nosotros; la pluralidad vocacional escolapia es rica y creativa; los ministerios escolapios encomendados a los laicos provocan riqueza de misión e incluso la posibilidad de crear nuevos ministerios; el modelo de presencia escolapia se va abriendo paso entre nosotros con progresiva naturalidad; la Fraternidad y al Orden comparten misión de diversas maneras, siendo especialmente significativa la red “ITAKA-Escolapios”; la Fraternidad se va dotando poco a poco de estructuras de animación y acompañamiento, y está naciendo en nuevos contextos y demarcaciones, etc.
  4. Como en todo proceso, parecen también dificultades y situaciones que necesitan ser revisadas o acompañadas. Citemos algunas: en algunos lugares cuesta encontrar el modo adecuado para que la Fraternidad se ubique bien en el dinamismo de la Provincia y de cada una de las presencias, con el fin de que pueda crecer y aportar como lo que es, una importante entidad escolapia; comprender la formación de los laicos en dinámica de Misión Compartida como “saberes que se aprenden en un curso” y no como un proceso integral que transforma la vocación educadora de las personas; creer que los religiosos no nos tenemos que formar, junto con los laicos, en todo lo referente a la identidad calasancia de nuestra misión, “porque ya lo sabemos todo”; no reflexionar suficientemente sobre la importancia de la presencia de los religiosos en la vida de la Fraternidad, etc.
  5. Hemos de ser cuidadosos con determinadas maneras de pensar o quizá más bien frases o ideas que a veces subyacen entre nosotros, especialmente en algunos lugares, y que no reflejan en absoluto ni el modo de pensar de la Orden ni las dinámicas sinodales que propone nuestra Iglesia. Cito algunas de ellas:
    1. “Mientras tengamos suficientes religiosos no es necesario impulsar el proyecto del laicado”. Refleja un concepto utilitarista del laicado escolapio y no responde en absoluto al deseo de construir unas Escuelas Pías participativas, plurales y generadoras de identidad. Una cosa es tener clara la prioridad de construir una demarcación, y otra muy diferente es pensar que “impulsaremos el proyecto del laicado sólo cuando lo necesitemos; por ahora no hace falta”.
    2. “No es problema que no haya religiosos en un colegio, ya lo llevan los laicos”. Afirmación y modo de pensar que no sólo desconcierta a los religiosos, sino también a los laicos. No da igual que en un colegio escolapio haya religiosos o no. Es mejor, absolutamente mejor, que haya religiosos. Yo afirmo que no sólo es mejor, sino que es necesario. Pero si no hay, evidentemente, hay que llevar las cosas de otro modo. Pero convertir la solución de un problema -la falta de religiosos- en el ideal o en lo mejor, es un error muy serio.
    3. Hay que acompañar bien a nuestros jóvenes para que comprendan adecuadamente todo el dinamismo de la Participación. Las cosas que más desconciertan son aquellas que se sitúan en los “extremos” y que convierten el dinamismo de la Participación en lo que nunca es y nunca será. Nuestros jóvenes deben saber y sentir que su vocación es plena, necesaria, apasionante e insustituible. Como siempre ha sido. Y eso debemos transmitirlo todos -religiosos y laicos-, y no sólo con la palabra, sino con la vida.

6. Van apareciendo nuevos desafíos, todos ellos fruto de la vida y del camino que vamos recorriendo. Cito algunos de ellos

  1. Desarrollar y vivir en plenitud la identidad de la Orden y la propia de la Fraternidad. La Orden de las Escuelas Pías y la Fraternidad Escolapia son realidades diferentes que optan por la comunión. Pero esto sólo se puede hacer desde identidades claras y desde vivencias plenas. Necesitamos una Orden Escolapia que viva intensamente la consagración y la profecía, que crezca y camine desde los dinamismos y estructuras que le son propios, y que cuide su significatividad y su capacidad de Vida y de Misión. Igualmente, necesitamos una Fraternidad Escolapia que crezca en el desarrollo de su propia identidad, claramente expuesta en sus documentos, y que busque una clara vivencia de la vocación cristiana enriquecida desde el carisma calasancio de modo que, en su seno, religiosos y laicos puedan compartir el don vocacional recibido.
  2. Compartir el desafío misionero. La Orden, la Fraternidad y el conjunto del laicado escolapio, somos enviados a los niños, a los jóvenes, ante todo a los más pobres. Este envío en misión puede y debe ser compartido. Lo es ya en muchos lugares de la Orden, y contamos con ricas y fecundas experiencias de este “envío en misión compartido”. Incluso tenemos presencias escolapias que nacieron así, de modo conjunto.
  3. Configurar un sujeto escolapio claro y fecundo. Cuando hablamos de “lo escolapio” no hablamos sólo de la Orden. Esto es se va clarificando poco a poco entre nosotros. Pero este nuevo sujeto escolapio que estamos configurando, formado por la Orden, las Fraternidades y tantas personas que comparten la Misión que hemos recibido de Dios a través de Calasanz, necesita ser bien reflexionado y estructurado, en sus diversas dinámicas, para que sea fecundo. Si es confuso, si las diversas identidades no son bien respetadas, no funcionará.
  4. Desarrollar los ministerios escolapios. Vivimos un momento de reflexión creativa sobre este tema de los ministerios, que es decisivo en el impulso de la pluralidad vocacional escolapia. Nuestro último Capítulo General pidió a la Congregación General que estudie la posibilidad de crear un nuevo ministerio escolapio, relacionado con la escucha y el acompañamiento. Es un bello ejemplo de la vida que surge entre nosotros.
  5. El papel protagonista de los jóvenes y su aportación a unas Escuelas Pías mejores. No hay duda de que por este camino llegarán muchas más aportaciones y sugerencias en todo lo relativo a la Participación. Estamos muy agradecidos al Señor por el don de la presencia de los jóvenes que crecen y caminan entre nosotros con creciente corresponsabilidad escolapia, sabedores de que la construcción de las Escuelas Pías es una bella aportación a la utopía eclesial y social que ellos quieren construir y que todos sabemos y creemos que debemos esperar como don del que todo lo puede: el Reino de Dios y su Justicia.

Quisiera concluir esta carta fraterna con unas palabras de agradecimiento a tantas personas que, con su mejor voluntad y amor por Calasanz, desean honestamente crecer en su identidad y vinculación escolapia y, con su sensibilidad y sus sueños, aportan nuevas energías al conjunto de las Escuelas Pías. A todas ellas expreso mi agradecimiento y por todas ellas doy gracias a Dios. Al Señor de las llamadas le pedimos que siga convocando a más personas, cada una según su vocación, a continuar impulsando el siempre inacabado sueño de San José de Calasanz.

Recibid un abrazo fraterno.

P. Pedro Aguado Sch. P.

Padre General

Encuentro de la Congregación General con los SSMM de América

La reunión de SSMM de América fue celebrada en la Provincia de Nazaret, en la ciudad de Bogotá, Colombia. La recepción de los hermanos escolapios de las comunidades del Rincón y del Paraíso fue fraterna y siempre atenta. Dedicamos una tarde a compartir la vida y la mesa, en clave de corresponsabilidad por construir las Escuelas Pías que necesitamos. Resaltamos la presencia alegre y esperanzadora de los novicios de Nazaret: Bryan y Juan Diego; así como del junior Juan Diego. Les animamos a seguir adelante con su vocación. Por otro lado, en medio de las reuniones de diálogo entre los SSMM, el Colegio Calasanz recibió a todos los superiores, y les mostraron la pasión por la misión que religiosos y laicos desarrollan con los niños y jóvenes de esa ciudad. Gracias por su entrega alegre y trabajo diligente.

Esta reunión fue convocada por la Congregación General para dialogar con los actuales Provinciales sobre el proceso de recepción del 48o. Capítulo General, así como del desarrollo de los procesos capitulares demarcacionales en la circunscripción americana. Por otro lado, todos los Superiores Mayores compartieron los logros, y también los desafíos que viven las demarcaciones en lo ministerial, en la vida fraterna, en lo referente a una adecuada y sistemática Cultura Vocacional, así como los desafíos socio-políticos culturales y educativos que viven nuestras presencias escolapias.

Subrayamos nuestra solidaridad y cercanía con las presencias en Centroamérica y el Caribe, por las difíciles circunstancias que rodean la vida pública en su cotidianidad. Agradecemos profundamente su entrega y servicio en favor de la niñez y la juventud, pues claramente hay un llamado profético de construir un futuro esperanzador como fruto del Reino de Dios en el mundo.

Finalmente, la reunión de SSMM de América concluyó con una serie de desafíos comunes que como circunscripción posibilitarán la colaboración interdemarcacional. Reconocemos que los dones de la circunscripción deben estar abiertos al conjunto de la Orden. La Circunscripción Americana es consciente de su recorrido histórico y la fuerza con la que puede colaborar a las diferentes realidades de la Orden. En un ambiente y clima de apertura, diálogo, discernimiento, análisis de la realidad y de oración seguiremos trabajando para hacer presente a Calasanz en los rostros de niños y jóvenes en América.

Tratad de comprender lo que el Señor quiere

Está bastante claro que nuestro 48º Capítulo General ofrece al conjunto de las Escuelas Pías numerosas áreas de reflexión y está llamado a provocar -si se lo permitimos- nuevos dinamismos de vida y de misión. Creo que uno de los aspectos sobre los que estamos llamados a fijar nuestra atención es el de la necesidad de cuidar y mejorar todo lo relacionado con el discernimiento y la toma de decisiones (a nivel personal, comunitario e institucional). No hay duda de que avanzaremos mejor por caminos de sinodalidad si reconocemos que tenemos todavía mucho que aprender sobre lo que supone el discernimiento (espiritual, vocacional, apostólico, etc.) en nuestra vida.

Sobre este tema es sobre el que quiero compartir con vosotros esta sencilla reflexión, enmarcada en la propuesta que Pablo hace a los Efesios (Ef 5, 17) en la que sintetiza de modo muy claro el objetivo del discernimiento cristiano: tratar de comprender lo que el Señor quiere.

La primero que quiero decir es que necesitamos ser conscientes de la necesidad de abrir un proceso de reflexión sobre los dinamismos propios del discernimiento. No lo sabemos todo sobre este tema, ni todo lo que hacemos y decidimos lo llevamos adelante desde procesos bien cuidados y compartidos. Recuerdo que en una de las oportunidades en las que los miembros de la Unión de Superiores Generales pudimos encontramos con el Papa Francisco, éste nos recordó que el Sínodo de los Jóvenes era un Sínodo sobre los Jóvenes, la Fe y el Discernimiento Vocacional. Y añadió esta frase, que nos quedó muy clara: “quiero introducir el discernimiento con más fuerza en la vida de la Iglesia”[1]. Estamos ante una constatación fundamental del Papa, que también nosotros podemos y debemos asumir: necesitamos introducir el tema del discernimiento con más fuerza en la vida de las Escuelas Pías.

Son muchas las razones por las que creo que estamos ante una necesidad clave. Pero me voy a limitar solamente a citar tres.

Para explicitar la primera, me voy a inspirar en la narración contenida en el capítulo 15 del libro de los Hechos de los Apóstoles. La propuesta evangélica se iba abriendo paso en contextos desconocidos, y surgían muchas preguntas y desafíos. Los apóstoles no resolvieron con un decreto la discusión sobre la circuncisión, sino que escucharon la novedad que emergía desde esos “nuevos espacios de vida de fe”. Deliberaron, escucharon y, finalmente, decidieron que la comunidad tenía que abrirse a un nuevo modo de comprender, acoger y transmitir la plenitud de la salvación ofrecida por Dios en Cristo. Fue un profundo proceso de escucha del Espíritu Santo[2].

Hoy nos está pasando lo mismo. Estamos transitando por muchos terrenos nuevos, y emergen nuevos desafíos que afectan a las respuestas que debemos dar como escolapios a los niños y jóvenes de hoy, a las sociedades en las que nos encontramos, a las sensibilidades de los religiosos jóvenes que quieren dar lo mejor de sí mismos por unas Escuelas Pías mejores. Necesitamos procesos de discernimiento para crear nuevas estructuras, estilos comunitarios y opciones de misión.

La segunda razón en la que me quiero fijar para explicar la importancia del tema es la fuerte llamada eclesial y escolapia a la sinodalidad. No hay sinodalidad posible sin discernimiento comunitario. La sinodalidad se basa -y la provoca- en nuestra capacidad de discernir en común.  Es por esta razón por la que creo que una de las tareas más necesarias que tenemos que emprender es la de aprender a discernir en común.

Hay una tercera razón que debemos considerar. No está de más un cierto esfuerzo de autocrítica ante algunas debilidades que vemos en nuestros propios procesos. Quizá puede ser bueno que, como hermanos, tratemos de dar nombre a esas debilidades. Yo puedo decir que cuando se dialoga con libertad y honestidad sobre estas nuestras debilidades relacionadas con nuestros procesos de discernimiento y toma de decisiones, somos muy capaces de reconocer aquellos aspectos en los que más debemos trabajar. Entre ellos: decidir sin suficiente dinámica de oración; confundir discernimiento con decisión; dificultad para provocar una escucha atenta de todos; intentos de influir irrespetuosamente en el modo de pensar de los demás; búsqueda de que mi idea o mi propuesta “triunfe”, sin entender que de lo que se trata es de encontrar una respuesta compartida; círculos de presión; deficiente respeto por la verdad; decidir o votar desde criterios ajenos al bien de la Orden como, por ejemplo, la amistad, la procedencia, la cultura, la edad o cualquier otro rasgo no central en el asunto sobre el que tenemos que decidir. Hablar, proponer, expresar mis ideas es siempre necesario, pero siempre desde un sincero deseo de diálogo, escucha y búsqueda compartida.

Estas tres razones: la novedad de los tiempos, la propuesta de la sinodalidad y nuestras propias necesidades de mejora, son más que suficientes para hacernos conscientes de que tenemos mucha tarea por delante. Mi deseo es sugerir algunas pistas de avance en todo lo relativo al discernimiento comunitario. Quisiera proponer cinco puntos de reflexión.

1-No hay discernimiento posible sin una creciente vida de oración, sin una cuidada espiritualidad, sin una disponibilidad para poder entrar a fondo en nuestra propia alma y descubrir en ella el querer de Dios. La hondura y la honestidad de la vida espiritual de cada uno de nosotros marca decisivamente nuestra capacidad de discernimiento, personal o comunitario. Lo expresa de manera certera la narración de la parábola del hijo pródigo, cuando se dice que “entrando dentro de sí” (Lc 15, 17), encontró la respuesta. Cuando el joven de la parábola decide entrar en su más profundo centro, descubre ahí lo único que no había podido malgastar: el amor incondicional de su padre, que había experimentado desde que era niño. No nos engañemos: la vida superficial lleva a discernimientos (si es que se puede utilizar esta palabra) superficiales. La vida espiritual cuidada nos acerca a la posibilidad de hacer las cosas bien. Y esta es una tarea que todos tenemos que plantearnos, del mismo modo que la Orden debe plantearse como nos puede ayudar.

2-El buen discernimiento necesita de su metodología. Esto daría para un libro, por eso simplemente me contento con mencionarlo. Me estoy refiriendo a cosas muy concretas, como estas: que haya claridad en la pregunta que debemos responder o en el tema que debemos decidir; que todos estén bien informados; que esté claro quién y cómo se toma la decisión (el superior, la comunidad, etc.); que haya espacio para la oración y el compartir comunitario, tanto de los frutos de la oración como de nuestras ideas; que estemos abiertos a las ayudas externas que podamos necesitar para profundizar en la reflexión, etc. Creo que para avanzar en la sinodalidad nos vendrían muy bien algunos encuentros de aprendizaje sobre los procesos de discernimiento.

3-Este es precisamente el tercer punto que quiero proponer. Lo podemos llamar “aprendizaje progresivo”. Es claro que, en algunas de nuestras comunidades y, quizá, en algunas de nuestras demarcaciones, tenemos no pocas deficiencias en todo lo relativo al discernimiento y toma de decisiones. Seguro que esto es verdad. Pero también lo es que todas pueden -podemos-aprender. Y el modo de aprender es caminando. Impulsemos el aprendizaje progresivo de las dinámicas propias de la sinodalidad y del discernimiento. Así, poco a poco, aprendiendo de los errores, podremos avanzar por sendas más abiertas a las inspiraciones del Espíritu Santo.

4-El fruto del discernimiento bien hecho es el “acuerdo de corazón”. Si lo hemos hecho bien, nunca debemos salir de un proceso de discernimiento y de toma de decisiones o de elecciones sintiendo que hemos perdido porque no ha salido lo que esperábamos. El discernimiento no busca aislar al diferente, sino integrar a todos para que todos podamos colaborar con gusto en lo que hemos decidido, aunque no todos estemos de acuerdo ni tengamos la misma opinión. No vivimos en comunidad ni nos reunimos para tomar decisiones porque todos pensemos lo mismo, sino porque todos deseamos profundamente escucharnos, orar juntos, buscar el querer de Dios y ponernos “manos a la obra” para llevar adelante la decisión elegida. Tenemos buenas experiencias en las que hemos tomado decisiones desde posiciones distintas, pero honestamente habladas, oradas y decididas.

5-Necesitamos hacernos las preguntas adecuadas. El discernimiento espiritual, apostólico o institucional, tanto en la dimensión personal como en la comunitaria, necesita “apertura de visión” para comprender dos cosas esenciales: que los temas sobre los que queramos trabajar sean de verdad significativos, y que nuestra comunidad sea capaz de detectarlos, de comprender los “signos de vida” que emergen y la “novedad de respuesta” que precisan. En estos meses en los que celebramos los capítulos locales y demarcacionales en el conjunto de las Escuelas Pías, esta “apertura de visión” es más necesaria todavía para tratar de acercarnos a las preguntas que verdaderamente deben ser objeto de nuestro discernimiento. Creo que hay preguntas comunes y preguntas específicas de las diversas situaciones en las que vivimos.

Pongo algunos ejemplos de preguntas que nos podemos hacer: ¿qué supone para nosotros la llamada a la sinodalidad? ¿de qué manera podemos impulsar auténticamente la misión compartida? ¿qué áreas debemos tener más en cuenta para que nuestros jóvenes en formación puedan crecer en una más clara identidad carismática? ¿cómo ver y potenciar las “oportunidades de vida” que sin duda emergen en todas las demarcaciones, también en aquellas que parecen tener más dificultades o en las que el sentimiento de desánimo puede estar más enraizado? ¿quién es el hermano al que creemos que en este momento le podemos pedir el servicio de superior, según nuestras Constituciones? ¿qué significa para nuestra Provincia “caminar con los jóvenes”? Evidentemente, podríamos seguir. Estamos ante un reto importante: demos a nuestros procesos capitulares la posibilidad de provocar novedad.

Termino esta carta fraterna con un apunte relacionado con el discernimiento espiritual que todos somos llamados a vivir. El discernimiento no es sólo una metodología, o un modo de afrontar problemas o preguntas. Es, sobre todo, una dimensión de la vida cristiana, una dimensión de nuestra fidelidad vocacional, que tiene que estar siempre presente en nuestra oración, en nuestra vida cotidiana, en el ejercicio de nuestra misión. En definitiva, en la vivencia crecientemente auténtica de nuestra vocación, en nuestra vida cotidiana. No vivimos en una “burbuja de tranquilidad” que nos pone las cosas fáciles. No es así la vida. Vivimos -y discernimos- en medio de nuestras búsquedas diarias, nuestras pequeñeces, nuestros propios pecados, nuestras debilidades y nuestros esfuerzos de fidelidad., Somos lo que somos, y desde esa nuestra realidad, vivimos y encarnamos nuestra fe y nuestra vocación. Desde ahí hemos de tratar de ser fieles, crecientemente fieles, a lo que Dios quiere de nosotros. Esa es la vida de cada uno de nosotros, de nuestras comunidades y de nuestras Escuelas Pías.

Si nunca lo habéis hecho, os invito a ver la película “De Dioses y hombres”, en la que contemplamos la historia de los monjes cistercienses de Tibhirine, mártires en aquella Argelia que tanto amaron. Es una historia de discernimiento espiritual bien realizado. Nos basta con leer el testimonio que dejó escrito el prior de la comunidad, Christian de Chergé, para darnos cuenta de que, efectivamente, todos ellos buscaron honestamente ser fieles a su propia vocación, en una situación bien compleja, a través de un honesto, sincero y, por qué no decirlo, difícil, proceso de discernimiento espiritual. No hace mucho tiempo que todos ellos fueron beatificados por el Papa Francisco.

Os agradezco la acogida de estas reflexiones, que concluyo con una invitación: no simplifiquemos la llamada a la sinodalidad. Muy al contrario, entremos a fondo en lo que el Espíritu Santo está pidiendo a la Iglesia.

Recibid un abrazo fraterno.

Pedro Aguado Sch.P.

Padre General

Celebrar a Calasanz

Como cada 25 de agosto, todos los que somos y nos sentimos hijos e hijas de San José de Calasanz celebramos con profunda alegría su solemnidad litúrgica, desde la que agradecemos a Dios su carisma, su santidad, su paternidad y su intercesión por nuestras amadas Escuelas Pías, la obra a la que dedicó su vida y el espacio eclesial desde el que todos nosotros vivimos y compartimos nuestra vocación.

Es cierto que lo celebramos cada año, pero también lo es que Calasanz siempre ofrece algo nuevo para cada uno de nosotros, para nuestras comunidades, para nuestra misión. Por eso, nuestra primera invitación es ésta: ¿cómo resuena en usted, en su comunidad, en su vida, la celebración de Calasanz en este año 2022? Quizá una de las mejores maneras de celebrar a Calasanz sea responder a esta pregunta desde el centro de su experiencia vocacional.

Este año 2022 no es cualquier año para nosotros. Es un año inspirado por el 48º Capítulo General, que nos animó a caminar centrados en Cristo, el único Señor. Es un año en el que hemos celebrado el 400º aniversario de la aprobación de las Constituciones y de la configuración de las Escuelas Pías como una Orden religiosa de votos solemnes. Es un Año Vocacional. Es un año en el que celebramos el 25º aniversario del documento “El laicado en las Escuelas Pías”. Es un año con muchas celebraciones y efemérides que marcan también la riqueza del camino que estamos recorriendo como escolapios. Por eso, la segunda invitación que les hacemos es esta: celebren a Calasanz agradeciendo al Señor lo que han vivido este año en su vocación, en su misión, en su comunidad, en definitiva, en su vida escolapia.

Una tercera invitación, con al que deseamos terminar este mensaje de felicitación: Calasanz sigue desafiándonos, sigue moviendo nuestro interior, sigue suscitando opciones en cada uno de nosotros. Nunca nos deja indiferentes; no nos acercamos a él como quien se acerca a una figura simplemente interesante. Nos acercamos a él como a aquél que ha sabido acoger el don de Dios y lo ha sabido hacer madurar y fructificar para que cada uno de nosotros lo viviéramos como vocación. ¿A qué se sienten llamados por Calasanz?

Celebrar al fundador es una buena oportunidad para tratar de crecer en nuestra vocación. Este es nuestro deseo y nuestra propuesta para todos. ¡FELIZ DÍA DE SAN JOSÉ DE CALASANZ!

La Congregación General de las Escuelas Pías

TU VOZ, nuevo lema para el curso 2022-23

“Tu Voz” es el nuevo lema propuesto desde el Movimiento Calasanz al conjunto de las Escuelas Pías. El nuevo eslogan pretende “seguir el proceso sinodal de la Iglesia y comunicar a todos y, sobre todo, a cada joven: queremos escuchar tu voz”. Es un lema muy sugerente ya que invita a abordarlo desde diferentes perspectivas. Tu voz es importante porque tú eres importante para nosotros, así es el mensaje del último Capítulo General de las Escuelas Pías a todos los chicos y chicas. En esa dinámica de sinodalidad pretendemos escucharnos unos a otros. Nosotros, los seguidores de Jesucristo queremos estar atentos a la voz del Señor. En este Año Vocacional Escolapio buscamos discernir la voluntad de Dios en nuestra vida. En nuestras comunidades oramos: Señor, escucha nuestra oración y óyenos. Confiamos en Cristo porque Él como la Palabra de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros.

El logotipo

El logotipo, sencillo, representa con tipografía informal el lema e incluye el icono del ecualizador -representando las ondas sonoras de nuestra Voz– en forma de cruz insertada en las letras que componen TU VOZ. El Señor se hace presente con su Voz, en medio de nosotros.

Los carteles

El cartel propuesto para los pequeños evidencia la presencia de Dios en medio de nosotros y de nuestra realidad. Dios está presente con su amor, y tenemos la posibilidad de reconocerlo en nuestro día a día.

Para los mayores, la propuesta es más simbólica, bajo una silueta que representa un niño con la mirada alzada y hablando –insistiendo en la idea de dar voz a los jóvenes–, se superponen distintos fondos que nos hablan de diferentes realidades y experiencias.

El MCal pone a disposición de todas las demarcaciones los materiales promocionales, ya sea el logotipo como las propuestas de carteles: https://movimientocalasanz.org/lema-22-23/