Escuelas Pías Centroamérica y Caribe

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Las Escuelas Pías organizan un encuentro internacional para impulsar la reconstrucción del Pacto Educativo global

Como consecuencia de la convocatoria que ha lanzado el Papa Francisco a un “Pacto Educativo Global”, las Escuelas Pías han puesto en marcha un proceso de profundización e impulso sobre los retos actuales que tiene la educación. Como indica el P. Pedro Aguado, Superior General de los Escolapios, se trata de un proceso “formidable” de repensar la educación y situarla en su lugar, como la clave de un mundo mejor, de una sociedad más justa y fraterna. “Para nosotros, escolapios, hijos e hijas del fundador de la escuela popular cristiana, es fácil comprender este proceso, porque llevamos cuatro siglos trabajando en él”, explica Aguado.

El P. General ha dejado bien claras las tres opciones desde las que impulsar todo el proceso: poner la persona en el centro; impulsar todos los procesos que ayudan a crecer a la persona y educar en el servicio al bien común de todos los seres humanos. El objetivo es buscar el mejor modo de participar en esta tarea universal consistente para reconstruir el pacto educativo global. “Estamos ante un reto que ya fue iniciado -proféticamente- por Calasanz, y en el que hoy podemos y debemos seguir dando lo mejor de nosotros mismos”, destaca.

Encuentro internacional escolapio

Por este motivo, los educadores escolapios han sido llamados a participar en un Encuentro escolapio internacional, que tendrá lugar el próximo sábado 3 de octubre de forma telemática con traducción simultánea en los idiomas oficiales de la Orden (español, italiano, francés e inglés). El encuentro, de hora y media de duración, contará, entre otros, con la participación del salesiano Juan Antonio Ojeda, miembro de la OIEC (Organización Internacional para la Educación Católica). Además, se compartirán experiencias docentes escolapias de Argentina, Colombia, España, y África en torno a los ejes principales de trabajo: la ecología integral, dignidad humana, solidaridad y desarrollo y paz y ciudadanía

A la cita están convocados todos los que colaboran de algún modo en la misión escolapia en las escuelas, centros de educación no formal y parroquias, así como los directivos de asociaciones de padres y exalumnos.

Elementos Calasancios: 10/Reforma de la sociedad

Finalidad de nuestra acción por la que pretendemos que los niños y jóvenes descubran que viven en sociedad, más allá de su realidad individual, y se comprometan en la construcción de un mundo más justo y fraterno a la luz del Evangelio.

Los siglos XVI y XVII fueron años cruciales en la historia de la humanidad. Junto al proyecto de una sociedad nueva en la América recién conquistada, la guerra dejaba la cristiandad europea enfrentada en diversos credos religiosos. El deseo de construir un mundo nuevo que los humanistas habían plasmado en sus libros parecía sólo un espejismo pues la sociedad seguía tan inmóvil y clasista como siempre lo había sido. 

Calasanz entabló una cercana relación con un gran humanista: Tomás Campanella, autor de “La ciudad del sol” (1602) en la que había subrayado la igualdad de todos los seres humanos, la importancia del conocimiento, por su capacidad de mejorar el comportamiento ético, como también la defensa del cristianismo por su carácter racional, es decir, por su coherencia con la naturaleza humana. Casi 30 años después redactó una defensa a favor de las Escuelas Pías argumentado el legítimo derecho de los pobres a una buena educación frente a los detractores que veían como un peligro que fueran educados en las mismas condiciones que los ricos. 

José de Calasanz fundó las Escuelas Pías para que los pobres porque para ellos se fundó nuestro Instituto. Y lo que se hace por ellos se hace por Cristo, y no se dice otro tanto de los ricos (EP. 2812). En otoño de 1597 tomó la crucial decisión de que la escuelita de Santa Dorotea fuera completamente gratuita, precisamente para favorecer el acceso de todos a la educación. 

La defensa de los derechos de los pobres a la enseñanza es una constante del pensamiento y la práctica de Calasanz, tal como ya aparece en un memorial de 1626: Es propio del Instituto de las Escuelas Pías enseñar a los muchachos y particularmente a los pobres, muchos de los cuales por la pobreza o descuido de los padres no van a la escuela, ni aprenden oficio o ejercicio alguno, sino que van perdidos y ociosos y así con facilidad se entregan a diversos juegos, particularmente al de las cartas, y es preciso que, cuando no tienen dinero para jugar, roben en su propia casa primero, y después donde pueden, o bien, encuentran dinero de otras pésimas maneras.

Y más incisivamente el P. Francisco Castelli, en su “Apología de las Escuelas Pías” dirigida a la Comisión Diputada defiende con vehemencia el derecho de los pobres a la educación: “Las Escuelas Pías, se dice, son nocivas a la sociedad por ser contrarias a la buena política…pues con tanta facilidad de estudiar se da ocasión a todo pobre de aspirar a un estado superior, abandonar las artes y oficios… Pero, si la buena educación es cosa buena, ¿por qué han de quedar excluidos de ella tantos pobres beneméritos? ¿Acaso los pobres no son aquellos mismos que sustentan al mundo con sus fatigas? ¿Y quiénes han sido los inventores y perfeccionadores de las artes? ¿No es cierto que los mayores negocios y los más difíciles son pensamientos de hombres pobres, que para conseguir algo deben estar vigilantes mientras los ricos duermen, y cuando está ya todo hecho aparecen en escena para autorizar y garantizar los negociados de los mismos pobres? ¿Y qué seríais vosotros quizá, los que estáis leyendo esto, si hubieran tenido vuestras ideas los ricos en tiempo de los últimos pobres de vuestra prosapia?” 

Con el tiempo y atraídos por la buena calidad educativa de las Escuelas Pías, fueron ingresando niños de familias más ricas que podían pagar. Sin embargo, Calasanz siempre insistió en la gratuidad absoluta, tanto para pobres como para ricos.  el buen morir, la paz y el sosiego de los pueblos, el buen gobierno de las ciudades y de los príncipes, la obediencia y la fidelidad de los súbditos, la propagación de la fe, la conservación y la preservación de las herejías, la reforma de toda la Cristiandad empleando hombres de vida apostólica (Tonti nº 26).

Para llevar adelante esta finalidad, Calasanz diseñó un currículum y una organización escolar que preparaba a los alumnos, no solo para conseguir un empleo digno, sino para contribuir a construir una sociedad más justa y solidaria.

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Elementos Calasancios: 9/Formación de educadores

Proceso formativo permanente e integral por el cual se cultiva la identidad del educador escolapio (personal docente, no docente, agentes de pastoral y otros colaboradores), de tal manera que sea referencia para la tarea educadora y evangelizadora que define la Misión escolapia, abierto siempre a la innovación y a la mejora continua.

En el siglo XVI, en la época que Calasanz inicia las Escuelas Pías, los maestros no gozaban de buena reputación. Se les consideraba como personas vagabundas e inestables y que tienen poco cuidado del aprovechamiento de los niños, antes bien ellos mismos son tales a veces, que tendrían necesidad de ir a la escuela del santo temor de Dios y de las buenas costumbres, habiendo resultado por todo ello, aunque sin razón, el enseñar a los niños, ejercicio vil y despreciable. En general, los niños no disponían de un buen reconocimiento social e ingresos suficientes para vivir, por lo que su formación era muy deficiente, tanto en los contenidos a enseñar como en la metodología.

Calasanz concibe la educación como una verdadera misión y al educador como un apóstol que, con la luz de la piedad y las letras, disipa las tinieblas de la ignorancia, salva a los hombres de la esclavitud intelectual y moral, y los hace verdaderamente felices. 

Así como el apóstol ha recibido una llamada de Dios para anunciar el evangelio, el maestro ha de tener “un gran espíritu y una vocación particular (…) porque se encontrarán con otras dificultades que se de derivan de una vida mortificada por el trato obligado con muchachos, trabajosa por el continuo esfuerzo y despreciable a los ojos de la carne, que considera la educación de los niños pobres (Tonti, 24)

Ningún maestro puede educar; es decir, transmitir la vida si antes no la ha recibido de lo alto. Desde esta perspectiva, concibe al maestro como una persona de una sólida vida espiritual, porque más educa el estilo de vida que las palabras. 

Además, define al maestro como un “eficaz cooperador de la verdad” (CC nº3), un instrumento de la Verdad, que es Cristo, el verdadero maestro que indica el mejor camino para llevar una vida plena y feliz. 

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Elementos Calasancios: 8/Acompañamiento

Proceso de atención individualizada, mediante el cual se favorece que los niños y jóvenes de nuestras Obras se sientan amados y respetados como personas, ofreciéndoles todos los medios disponibles para ayudar a su desarrollo integral: académico, psicoafectivo, social y espiritual.

El pintor valenciano José Segrelles tiene una pintura que expresa muy bien la idea de acompañamiento que tenía Calasanz. Se ve a los niños que caminan ordenados y en fila por la calle guiados por un ángel custodio vislumbrándose en un segundo plano, la imagen de Calasanz. 

La tradición cristiana describe a los ángeles custodios como a unos grandes amigos, puestos por Dios al lado de cada hombre, para que le acompañen en sus caminos: “Dios mandará a sus ángeles, para que protejan al justo en todos sus caminos”. (Sal.90,11) y Jesucristo mismo dijo a sus discípulos: “Mirad que no despreciéis a alguno de estos pequeñuelos, porque os hago saber que sus ángeles en los cielos están siempre viendo el rostro de mi Padre celestial”» (Mt. 18, 10).

Cuando Calasanz escribe el memorial a cardenal Tonti no duda en dar a los ángeles custodios el protagonismo que tienen en el proceso educativo: El ministerio de la educación es “Muy noble, por ser menester angélico y divino, realizado por los ángeles custodios, de los cuales los hombres se constituyen en esto cooperadores”. En realidad, los ángeles simbolizan de la acción de la gracia divina que cuida, acompaña e ilumina a los hombres.

Calasanz insistió mucho en la práctica de acompañar a los alumnos sus casas y lo hizo obligatorio cuando lo plasmó en las Constituciones: Terminado el horario escolar, no se quede ningún alumno en la clase. Acompáñenlos, según costumbre, a sus casas. Todos realizarán este acto de sencillez, incluso los confesores; y el Superior, por lo menos una vez por semana (CC nº 116)

El acompañamiento a las casas es sólo una de las geniales ideas que pone en práctica las Escuelas Pías para prevenir a la juventud de las malas costumbres. Se introdujo en tiempos de la unión con los Luqueses, parece que con la insistencia de Glicerio Landriani. Tenía una clara finalidad de protección en un doble sentido: para que los niños no hicieran travesuras y para que nadie pudiera abusar de ellos. De todos modos, ha sido una costumbre típica de las Escuelas Pías hasta que aparecieron los autobuses escolares.

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22 Septiembre. Día de los Mártires Escolapios

El primer escolapio que derramó su sangre como mártir de Jesús fue el R Tomás Sperat, que murió en 1681 cerca de Prievidza, en la actual Eslovaquia. El último, el R Józef Córszczyk, asesinado mientras celebraba la Eucaristía en Maciejowa (Polonia) en 1964. Algunos otros han perdido violentamente su vida por el Evangelio, pero el testimonio de los escolapios ha sido mayoritariamente incruento. Muchos han sufrido persecución, destierro, cárcel, penalidades y desprecio, en distintas épocas y lugares por ser fieles al Señor y a su vocación calasancia.

Hay, sin embargo, un momento concreto en la historia en el que el testimonio martirial escolapio fue muy numeroso y desde entonces nos mueve «una gran nube de testigos… a fin de que también nosotros creamos con fortaleza la prueba que se nos propone, fijos los ojos en Jesús» Hb 12,1-2).

Víctimas de la persecución desatada durante la guerra de 1936 en España murieron mártires seis religiosas escolapias, ya beatificadas, una religiosa calasancia, cuyo proceso se desarrolla favorablemente, y 203 religiosos escolapios de los cuales trece han sido beatificados. Tenemos 210 hermanos y hermanas mártires, además de muchos familiares y exalumnos.

Todo bautizado está llamado por el Padre a identificarse con Jesús por obra del Espíritu. No todos llegan a un mismo grado en este proceso. Los mártires reciben la gracia de una identificación plena. A todos dice Jesús: «permaneced en mí, permaneced en mi amor». Los mártires son llamados a demostrar su amor, dando su vida por el Amigo, participando en su misterio pascual de muerte y resurrección, unidos íntimamente a Él.

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