Escuelas Pías Centroamérica y Caribe

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48CG.org. Nueva web del Capítulo General

A 100 días de la celebración del XLVIII Capítulo General en México, la Congregación General presenta la nueva plataforma dedicada en exclusiva a informar sobre él: http://www.48cg.org. Se trata de una página web que tiene un doble objetivo, por un lado, concentrar la información en torno al Capítulo General y, por otro, potenciar la difusión de toda información del encuentro además de generar materiales e infografías que se faciliten. De momento, el visitante podrá encontrar información sobre los asistentes, podrá localizar la Oración por el Capítulo o acceder a las palabras de Bienvenida del P. del Provincial de México, provincia anfitriona que acogerá el 48º Capítulo.

Poco a poco la nueva web, disponible en los 4 idiomas, crecerá en contenidos, ya sea en noticias del encuentro como en materiales que se compartirán por las diferentes redes sociales de la Orden. Además, toda la información sobre el capítulo se compartirá con el hashtag #48cg

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Memoria y Profecía. Una historia que recordar, una historia por construir

Memoria y Profecía son dos dimensiones complementarias de toda la experiencia histórica de la Vida Consagrada en la Iglesia. Es probable que sólo si las combinamos bien podamos extraer de ambas la profunda riqueza que encierran. Miramos nuestra historia para fortalecer las claves desde las que construir el futuro, no para quedarnos en la nostalgia de lo que ya pasó. Y construimos el futuro desde lo que hemos aprendido y recibido de nuestros mayores, como “pequeños en hombros de gigantes” que pueden ver más allá de sí mismos porque tienen el apoyo de quienes vivieron antes que ellos.

Quisiera reflexionar en esta carta fraterna sobre la vida de la primera Provincia de la Orden, las Escuelas Pías de Italia, inspirado en dos “acontecimientos” de familia que estamos viviendo en estos meses. El primero, la despedida de dos ancianos extraordinarios, los padres Olivo Pallanch y Giovanni Grimaldi, ambos fallecidos recientemente a la edad de 95 años. Dos escolapios que vale la pena recordar: alegres, dedicados a la misión, apasionados por las Escuelas Pías, apóstoles, educadores. ¡Cuánto aprendí de ellos escuchando sus historias y sus proyectos! Porque sí, a su edad tenían proyectos.

El segundo, la celebración del 400º aniversario de nuestro colegio de Carcare, fundado por San José de Calasanz en 1621. Carcare es hoy la tercera casa más antigua de la Orden, de las que permanecen abiertas, después de la Casa Madre (San Pantaleo) y Frascati. Es la primera fundación escolapia fuera del contexto romano. A Nápoles no llegaríamos hasta 1627, a Florencia hasta 1630 y fuera de las fronteras italianas hasta 1631 (Nikolsburg).

Cuando uno llega a Carcare ve enseguida el cartel que anuncia a todos que Carcare es una “città calasanziana”. Con ver ese cartel ya nos podemos hacer idea de lo que ha supuesto para la ciudad la presencia de los escolapios. La historia de la fundación de Carcare es digna de ser conocida por todos, porque de ella podemos aprender mucho. No en vano estamos hablando de un colegio especialmente querido por Calasanz, que escribió una carta semanal para acompañar el proceso, llegando incluso a diseñar los planos del edificio. Son cartas muy concretas en las que se ve que se preocupaba por todo. Especialmente bonito es poder leer cómo se interesaba por los novicios que estaban en la comunidad, a los que invitó a Roma para el Año Santo de 1625, para que “aprendieran a ser santos”.

Cuando contemplamos nuestra historia, nos damos cuenta del extraordinario esfuerzo realizado por nuestros mayores para ir construyendo poco a poco las Escuelas Pías. Nos damos cuenta de los dinamismos que hicieron posible que Italia tuviera más de mil religiosos en siete provincias a finales del siglo XVIII. Nos hacemos conscientes de los difíciles acontecimientos externos que dañaron seriamente la Orden en diversas ápocas históricas, y también de los errores cometidos por nosotros mismos, casi todos sintetizables en tres: conformismo ante las dificultades, falta de comunión fraterna y escasez de visión de futuro.

Estamos comenzando el quinto siglo de historia de las Escuelas Pías en Italia. Hoy tenemos una Provincia Italiana, con 60 religiosos, de los cuales 10 no son italianos. La Provincia lleva adelante seis escuelas, siete parroquias, quince iglesias o capillas y cuatro programas de educación no formal. Sobre ella pende una pregunta formidable, tan inquietante como esperanzadora y convocante: ¿Cuál es el futuro de la Orden en Italia?

He escrito “salutatios” sobre Congo, Vietnam o Indonesia, fundaciones recientes de la Orden, buscando ofrecer las claves desde las que hemos comenzado en cada país y las opciones desde las que nos proponemos caminar. Creo que también es bueno escribir sobre una Provincia antigua, buscando lo mismo: ¿cómo podemos seguir construyendo Escuelas Pías en Italia? Comparto con todos vosotros mis pequeñas reflexiones, que brotan desde una profunda convicción: si la Orden no es posible hoy en la secularizada Europa Occidental, tampoco lo será mañana en otros contextos que hoy parecen florecientes. La Vida Consagrada Escolapia no depende sólo de los contextos más o menos favorables, sino de la capacidad que tengamos para interpretarlos y responder a ellos desde un carisma que sigue siendo necesario y urgente.

Propongo cinco opciones que creo debemos plantearnos con claridad para tratar de conseguir que este quinto siglo de la Orden en Italia sea -finalmente-floreciente y misionero. Y, como pórtico, propongo repasar este extraordinario párrafo del Papa Francisco que nos indica cómo debemos plantearnos un desafío como el que tenemos delante: hacer posible la Orden en Italia. “El tiempo es superior al espacio. Este principio permite trabajar a largo plazo, sin obsesionarse por resultados inmediatos. Ayuda a soportar con paciencia situaciones difíciles y adversas, o los cambios de planes que impone el dinamismo de la realidad. Es una invitación a asumir la tensión entre plenitud y límite, otorgando prioridad al tiempo. Darle prioridad al tiempo es ocuparse de iniciar procesos más que de poseer espacios. El tiempo rige los espacios, los ilumina y los transforma en eslabones de una cadena en constante crecimiento, sin caminos de retorno. Se trata de privilegiar las acciones que generan dinamismos nuevos e involucran a otras personas y grupos que las desarrollarán, hasta que fructifiquen en importantes acontecimientos históricos. Nada de ansiedad, pero sí convicciones claras y tenaces[1]

Vivir y trabajar con mentalidad de “construcción de Provincia”. Es una mentalidad nueva, que necesitamos recuperar. Es la de Calasanz, que además de dar su vida por la misión, construyó la Orden, dejándonos así un mensaje permanente: construir la Orden es nuclear en nuestra misión, es algo profundamente misionero.  Esta mentalidad supone muchas cosas, pero quiero destacar solamente cuatro:

  1. “Esperar de Dios los medios necesarios”[2]. Tenemos que partir de esta convicción. Las Escuelas Pías son fruto de nuestro trabajo, pero primero lo son del favor de Dios. Acrecentar el espíritu de oración por la Provincia y la espiritualidad de la apertura a un futuro renovado de vida y misión escolapias serán centrales en el camino que debemos recorrer.
  2. Impulsar un proyecto de Provincia concreto, planificable, exigente y coherente con las Claves de Vida de la Orden. Es bien cierto que hay que resolver problemas, pero hay que apostar por “opciones de vida” y hacerlo con seriedad. Entre ellas, una Pastoral Vocacional renovada, atrevida y consistente; un impulso convencido de la participación de los laicos y una vida comunitaria comprendida como un espacio de seguimiento auténtico del Señor.
  3. Generosidad en la comprensión de que debemos cambiar. Necesitamos escolapios abiertos a nuevos retos, dispuestos a dejar aquello que han hecho siempre a cambio de trabajar en apuestas que puedan provocar nuevos horizontes; escolapios generosos que abran espacio a los nuevos que llegan con ganas de dar lo mejor de sí mismos por la Provincia; escolapios dispuestos a comprender que “si seguimos igual sólo conseguiremos lo mismo”.
  4. Tomar decisiones certeras. Es fundamental acertar con las decisiones concretas que puedan permitir nueva vida. Decisiones que transformen una presencia o una obra, que garanticen la cercanía a los niños y jóvenes, que permitan incluso abrir una nueva presencia escolapia en el país, que permitan la incorporación de jóvenes de otras demarcaciones, etc.

Encarnar la corresponsabilidad con y de la Orden. La corresponsabilidad es un dinamismo de la doble dirección:

  1. De la Orden con Italia, buscando y ofreciendo generosamente personas e ideas para fortalecer la vida y la misión en la Provincia: jóvenes que hagan su Formación Inicial en Italia y que aseguren una presencia significativa en la Provincia en sus primeros años sacerdotales; religiosos enviados desde otras Provincias que quieran entregar años de su vida a esta misión, sin pensar en lo que dejaron atrás; apuestas institucionales de diversas Provincias por colaborar con Italia, etc.
  2. De Italia con la Orden, abriéndose a un nuevo modo de pensar basado en una Provincia capaz de reinventarse, acogedora de lo intercultural, acompañante de los que vienen, generosa con las necesidades de la Orden, abierta al espíritu misionero, etc.
  3. Italia irá adelante si la Orden asume el reto con seriedad y si la Provincia es capaz de generar proyectos de vida desde los que los que llegan puedan sentirse involucrados.

Crear nuevos “centros de vida”. La Provincia caminará si es capaz de crear nuevos “centros de vida”. Y esto se hace desde dos opciones: renovando algunas presencias para convertirlas en lugares que irradien vida (por ejemplo, un renovado santuario pompiliano o una parroquia auténticamente escolapia) o asumiendo nuevas presencias y misiones, bien discernidas y planificadas. No podemos ni debemos desgastarnos sólo en “sostener las cosas”, en ocasiones de modo costoso e incluso decadente; ese camino no lleva a nada. Debemos pensar seriamente este desafío y tratar de dar pasos en esta dirección.

Impulsar de modo sistémico las opciones de la Orden. La Orden tiene nueve “claves de vida” desde las que intenta llevar adelante su camino. Las nueve son importantes, las nueve pueden y deben desarrollarse de modo coordinado. Cualquier paso, por pequeño que sea, en la dirección adecuada, es una “apuesta de vida”. Por ejemplo, un plan de formación del laicado en identidad escolapia o una comunidad que decide reorganizar su vida para hacerla más significativa. Del mismo modo, cualquier paso en la dirección contraria retrasa o aleja la renovación. Por ejemplo, no trabajar con los laicos en su identidad escolapia o no impulsar el Movimiento Calasanz. 

Crecer en afán misionero. La historia de Italia es misionera. Desde Italia, Calasanz envió los primeros misioneros a Nikolsburg. Cada año, la Orden celebra el “Día de las Misiones Escolapias” el 2 de abril, recordando el primer envío misionero realizado por Calasanz en el año 1631 en las personas de ocho religiosos que comenzaron nuestra misión en la tierra de Moravia, hoy en la República Checa.

Quizá a más de uno le resulte sorprendente que yo invite a una Provincia como la italiana a fortalecer su espíritu misionero, teniendo en cuenta sus números y su media de edad. Pero no tengo ninguna duda en hacerlo, inspirado en la fuerte llamada del Papa Francisco en Evangelii Gaudium: “Todos somos llamados a esta nueva salida misionera[3]. Lo hago por tres razones fundamentales:

  1. Porque ser misionero, apasionado por la misión, es esencialmente una actitud espiritual, un modo de comprender y de vivir la vocación, independientemente de las posibilidades concretas de ser enviado a otro lugar. Y si esto se cuida, la Provincia crecerá en espíritu de misión, en Italia o fuera de Italia. No forma parte de nuestro ideal quedarnos tranquilos bajo el engaño de que no tenemos fuerzas para más.
  2. Porque si Italia transmite espíritu de misión, llegarán jóvenes italianos que quieran dar su vida, como escolapios, en nombre de la Orden, en tantos lugares como somos necesarios. ¿Italia puede crear en el Nazareno una casa de formación misionera?
  3. Porque el espíritu misionero ayuda también en la acogida de aquellos que se incorporan a la Provincia desde lugares diferentes de la Orden, no sólo para “sostener” lo que hay, sino para crear, junto a quienes les reciben, nuevas respuestas de vida y misión.

La Provincia de Italia (entonces la Provincia de Liguria) fundó en 1994 la Casa de Daloa, en la Costa de Marfil. Hoy, la Orden se alegra con la vida escolapia de 32 religiosos ivorienses. Dios bendice -siempre- el coraje apostólico.

Uno de los regalos mejores que he recibido estos años en los que he servido a la Orden como Padre General es que he aprendido a amar cada Provincia en su realidad y en sus desafíos. Y he recibido de cada una muchos dones y regalos. Destaco algunos de los muchos que he recibido de Italia: el amor por la escuela (que todavía se mantiene a pesar de las dificultades y de algunos despistes); el ejemplo de vida de tantos ancianos que siguen activos a pesar de la edad; la capacidad de suscitar amor por Calasanz, quizá no suficientemente aprovechada, así como una bella experiencia de Familia Calasancia.

Oremos por la Provincia Italiana, en acción de gracias por tantos dones ofrecidos a la Orden, y sobre todo a los niños y jóvenes, a lo largo de su larga y fecunda historia escolapia.

Recibid un abrazo fraterno

P. Pedro Aguado Sch. P.

Padre General

[1] Papa Francisco. Exhortación apostólica “Evangelii Gaudium” nº 223.

[2] Constituciones de la Orden de las Escuelas Pías nº 6

[3] Papa Francisco: Exhortación apostólica “Evangelii Gaudium” nº 20.

22 Septiembre. Día de los Mártires Escolapios

El primer escolapio que derramó su sangre como mártir de Jesús fue el R Tomás Sperat, que murió en 1681 cerca de Prievidza, en la actual Eslovaquia. El último, el R Józef Córszczyk, asesinado mientras celebraba la Eucaristía en Maciejowa (Polonia) en 1964. Algunos otros han perdido violentamente su vida por el Evangelio, pero el testimonio de los escolapios ha sido mayoritariamente incruento. Muchos han sufrido persecución, destierro, cárcel, penalidades y desprecio, en distintas épocas y lugares por ser fieles al Señor y a su vocación calasancia.

Hay, sin embargo, un momento concreto en la historia en el que el testimonio martirial escolapio fue muy numeroso y desde entonces nos mueve «una gran nube de testigos… a fin de que también nosotros creamos con fortaleza la prueba que se nos propone, fijos los ojos en Jesús» Hb 12,1-2).

Víctimas de la persecución desatada durante la guerra de 1936 en España murieron mártires seis religiosas escolapias, ya beatificadas, una religiosa calasancia, cuyo proceso se desarrolla favorablemente, y 203 religiosos escolapios de los cuales trece han sido beatificados. Tenemos 210 hermanos y hermanas mártires, además de muchos familiares y exalumnos.

Todo bautizado está llamado por el Padre a identificarse con Jesús por obra del Espíritu. No todos llegan a un mismo grado en este proceso. Los mártires reciben la gracia de una identificación plena. A todos dice Jesús: «permaneced en mí, permaneced en mi amor». Los mártires son llamados a demostrar su amor, dando su vida por el Amigo, participando en su misterio pascual de muerte y resurrección, unidos íntimamente a Él.

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La presencia escolapia de Cuba se incorpora a la Provincia de USA-PR

La Congregación General ha tomado la decisión de que nuestra presencia escolapia de Cuba (comunidades y obras) pase a depender de la Provincia de Estados Unidos y Puerto Rico, dejando por lo tanto de pertenecer a la Provincia de Centroamérica y Caribe. Nuestra comunidad religiosa cubana está en Guanabacoa, y desde ella se lleva la misión que desarrollamos en el país: la parroquia de San Judas y San Nicolás de Bari en La Habana, el templo del Sagrado Corazón de María y el Centro Socioeducativo de Guanabacoa. Deseamos todo lo mejor para nuestros hermanos destinados en Cuba, y que esta nueva etapa sea para gloria de Dios y utilidad del prójimo.

La sinodalidad básica / Satutatio Patris Generalis

La sinodalidad básica

Como todos sabéis, el Papa Francisco ha puesto en marcha un formidable proceso de discernimiento eclesial sobre la sinodalidad. Durante dos años, toda la Iglesia va a trabajar sobre este apasionante desafío de busca una “Iglesia sinodal, desde la comunión, la participación y la misión”.[1]

No hay duda de que éste es el contexto desde el que vamos a vivir, trabajar y acoger nuestro 48º Capítulo General, previsto para el próximo mes de enero. La sinodalidad será, también, uno de los temas específicos que trabajaremos en las reuniones capitulares.

En esa carta fraterna quiero compartir con vosotros algunas reflexiones en torno a lo que a mí me gusta llamar la “sinodalidad básica”, es decir, la vida de la pequeña comunidad escolapia en la que cada uno vivimos nuestra vocación. Creo que no podremos avanzar de modo creíble en la propuesta de la sinodalidad si no cuidamos de modo especial el pequeño “sínodo cotidiano” que vivimos en nuestras comunidades, a través de nuestra vida compartida, nuestras reuniones, nuestra oración, nuestro testimonio diario. Sigo creyendo que esta sinodalidad básica es condición para la posibilidad de la otra, la sinodalidad escolapia y eclesial.

Evidentemente, nuestra vida comunitaria tiene muchas dimensiones y claves muy diversas, que la convierten en el espacio integral desde el que cada uno de nosotros vivimos nuestra vocación, nuestro seguimiento del Señor. No voy a escribir sobre todo ello, sino que voy a centrarme especialmente en uno de los aspectos más importantes que, a mi juicio, debemos tratar de recuperar en nuestra Orden, y no es otro que el tema de la reunión de comunidad.

He utilizado conscientemente el verbo “recuperar”, y lo hago porque creo que tenemos que reconocer que en algunos lugares nuestras comunidades no se reúnen o lo hacen de una manera muy esporádica, sin ritmo ni planes, convirtiendo así la reunión en un hecho tendente a la irrelevancia. Pienso que tenemos que dar un giro fuerte a todo esto, apostando claramente por la reunión semanal de la comunidad religiosa, consistente y preparada.

Vamos a acercarnos a esta propuesta desde diversos puntos de vista. En primer lugar, me gustaría invitaros a repasar lo que nuestras Constituciones dicen de la reunión de comunidad. Es un asunto que se aborda, como sabéis, en los números 32, 134, 165 y 167. Es muy interesante hacernos conscientes de los dinamismos que nuestras Constituciones asocian a la “reunión de familia”. Son estos:

  1. El desarrollo de la acción común y de la responsabilidad compartida. Y para que esto funcione, deben ser preparadas con el esfuerzo y cooperación de todos (C134).
  2. El lugar de la reflexión de las cuestiones verdaderamente importantes (C165).
  3. El contexto en el que revisamos y proponemos mejoras para nuestra vida espiritual, calasancia y apostólica (C167).
  4. La construcción de auténtica comunidad (C32).

Siempre me han llamado la atención estos objetivos que nuestras Constituciones asocian a la reunión de comunidad. Ni más ni menos que estos: construir comunidades auténticas; el discernimiento de las grandes cuestiones; el desarrollo de la corresponsabilidad y de la acción común; nuestra capacidad de revisar lo que vivimos y de mejorarlo. Dicho de otro modo, no es posible una vida comunitaria escolapia digna de este nombre sin la reunión de comunidad adecuadamente preparada y sistemáticamente celebrada.

Preguntémonos, pensando en nuestra comunidad concreta, ¿cómo resuena todo esto en nuestra vida cotidiana escolapia?

Avanzando un poco más, me gustaría compartir con vosotros que, después de estos años de servicio a la Orden, he llegado a una cierta claridad sobre cuáles son los aspectos más importantes que debemos cuidar en todo lo relativo a nuestra vida de comunidad. Reduciéndolos al máximo y siendo consciente del riesgo de la simplificación -espero que me lo permitáis-, creo que son tres: la centralidad de Cristo en nuestra vida; el cuidado del proceso vocacional de los hermanos y el impulso de nuestra misión.

En torno a estos tres grandes aspectos, que se relacionan directamente con la consagración, la comunión y la misión, podemos y debemos situar todos los objetivos y todas las opciones que queramos llevar adelante para mejorar nuestra vida comunitaria. Y, por lo mismo, estos serían los tres grandes núcleos que debieran inspirar todas nuestras reuniones de comunidad, que debieran colocarse en “la mesa compartida” de nuestras casas, en nuestros encuentros fraternos. Nuestras comunidades no se reúnen “para tratar temas más o menos interesantes”, sino para cuidar la centralidad del Señor en nuestra vida, para acompañar el proceso vocacional de los hermanos y para llevar adelante la misión encomendada.

La imagen de la “mesa compartida”, de honda raigambre neotestamentaria, nos puede ayudar a profundizar en estos temas. En nuestras casas tenemos la “mesa de la Eucaristía”, la “mesa de la Palabra”, la “mesa del encuentro compartido”, etc. Todas ellas son expresiones de esta sinodalidad, y todas ellas sirven a las tres grandes opciones a las que me he referido más arriba. Todas ellas son imprescindibles en nuestra vida común, y todas ellas deben ser cuidadas con esmero y corresponsabilidad.

Voy a tratar de sugerir algunas pistas desde las que podemos avanzar en este cuidado de la “mesa compartida”, refiriéndome especialmente a los aspectos que considero que debemos revisar.  

La celebración diaria de la Eucaristía comunitaria es central en nuestra vida escolapia. Sin ella, la comunidad pierde su centro. Es cierto que en bastantes comunidades es difícil que todos los religiosos estén presentes en la Eucaristía común, porque hay muchos otros compromisos celebrativos (parroquia, capellanías, iglesias, el colegio, la pastoral). Pero cuando esto ocurre, sería importante que al menos una vez a la semana toda la comunidad se reúna en torno a la mesa eucarística para compartir y celebrar el centro de la comunidad. No debiera haber ninguna comunidad que no hiciera este esfuerzo, y con una celebración especialmente cuidada.

La Palabra compartida desde una lectio divina comunitaria, como escuela de meditación y discernimiento desde la Palabra de Dios. Son pocas las comunidades que lo hacen, y aunque en bastantes casas de formación se lleva adelante esta dinámica, luego se pierde y se olvida. No es necesario que sea semanal, pero es necesario que sea.

El discernimiento comunitario sobre las cuestiones realmente importantes que nos afectan y que necesitan nuestra respuesta. Muchas veces hemos hablado de la necesidad que tenemos de aprender a discernir, a tomar decisiones desde un adecuado y cuidado discernimiento evangélico y calasancio. Podemos aprender poco a poco, podemos acercarnos hacia comunidades más abiertas y cuidadosas de su capacidad de discernimiento compartido, pero sólo si aceptamos que necesitamos aprender a hacerlo.

La puesta en común de vida, desde la que compartimos la propia historia, o alguna experiencia reciente, o nuestro trabajo y descubrimientos, o la revisión de la propia vida de la comunidad o de las responsabilidades de cada uno, etc. Hay muchas y diversas maneras desde las que se puede potenciar la “vida compartida”. Es cuestión de valorarlo. Este es uno de los aspectos más queridos por los jóvenes en formación y que más echan de menos cuando se incorporan a la vida de las comunidades de misión.

La formación, tan necesaria entre nosotros, y que nos ayuda a estar siempre “atentos” a la realidad y sus desafíos. No es posible una vida comunitaria en la que no reflexionemos, de modo compartido, sobre temas propios de la Orden, de la vida de la Iglesia, de la educación, de la pastoral, de la cultura, de la sociedad, etc. Recuperar -vuelvo a usar el mismo verbo- la comunidad como espacio formativo es muy importante para nosotros.

El acompañamiento de la misión. En la mayor parte de nuestras presencias las comunidades escolapias están asociadas a una misión. Es bueno que cuidemos la reflexión comunitaria sobre la misión a la que estamos entregados. Será un discernimiento cada vez más en clave de misión compartida y en clave de presencia escolapia, pero igualmente necesario para todos.

La colaboración en la presencia escolapia de la que formamos parte. Es una de las claves que poco a poco se va abriendo paso entre nosotros y que ofrece muchas vías de enriquecimiento para la comunidad, porque se basa en la relación, en la apertura, en la acogida, en la descentralización y en la búsqueda del impulso global de lo escolapio. Y esto es muy necesario para nuestras comunidades, para el desarrollo de la sinodalidad. 

La fiesta y la alegría compartida. Eso es también sinodalidad. La celebración, el tiempo libre compartido, la acción de gracias por los hermanos, la acogida del que viene y la despedida del que parte a un nuevo destino, la celebración de las grandes referencias de la Orden, etc., todo ello también construye comunidad.

La conexión de la comunidad con la vida de la Provincia y de la Orden, a través de temas, encuentros, propuestas, documentos compartidos, búsquedas comunes, tareas encomendadas, etc. Necesitamos conectar la vida de las comunidades y la vida de la demarcación.

La elaboración y el desarrollo del proyecto comunitario, siempre en conexión con el proyecto de la presencia y con el proyecto de la Provincia, y desde la inspiración desde las “claves de vida de la Orden”. Este es el marco básico (no el único) desde el que vivimos y trabajamos desde proyectos, como venimos proclamando estos años en la mayor parte de nuestras reuniones. 

Estas y otras dinámicas pueden inspirar y enriquecer el encuentro comunitario entre nosotros. No son todas, ni he pretendido una enumeración exhaustiva. Sólo he querido sugerir aspectos en los que creo que debemos detener nuestra atención, con el fin de que podamos dar nueva vida a nuestras comunidades religiosas escolapias.

Permitidme terminar haciendo una propuesta bien concreta: que todas nuestras comunidades se reúnan semanalmente en una “mesa compartida” desde la que puedan desarrollar buena parte de estos dinamismos propios de nuestra vida consagrada y que tanto nos ayudarían en los tres grandes desafíos que nos proponemos en cada una de nuestras casas: vivir desde la centralidad del Señor, acompañar el desarrollo de la vocación de cada uno e impulsar nuestra misión.

La recuperación del encuentro comunitario semanal será un buen paso en la línea propuesta por el Papa Francisco de caminar en dinámica sinodal, cuidando la comunión, la participación y la misión compartida. A ello quedamos invitados. 

Recibid un abrazo fraterno.

P. Pedro Aguado Sch.P.

Padre General

[1] Mario, cardenal GRECH, Secretario General del Sínodo de los Obispos. Presentación de la XVI Asamblea General del Sínodo de los Obispos: “Por una Iglesia Sinodal: comunión, participación y misión”. Vaticano, 21 de mayo de 2021.