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EL P. PEDRO AGUADO SCH. P. GENERAL DE LA ORDEN, ENVÍA UN FRATERNO MENSAJE A LA COMUNIDAD DE MANAGUA

A LA COMUNIDAD ESCOLAPIA DE MANAGUA AL CONJUNTO DE LA COMUNIDAD EDUCATIVA DEL COLEGIO


Muy queridos hermanos:

La noticia del fallecimiento del P. Ricardo Sierra y del P. Bernardo Navarro, ocurridas casi en el mismo día a causa de la pandemia del COVID-19, nos ha producido un hondo sentimiento de tristeza. La pérdida de estos dos sacerdotes escolapios, que han dado la vida por el proyecto de Calasanz, ha sido muy dolorosa para todos, y de modo especial para ustedes, su comunidad religiosa, y para el conjunto del Colegio. Seguro que estos sentimientos son compartidos en toda la Provincia, sobre todo en León y en San José, donde los padres también dedicaron muchos años de su vida a la misión escolapia.

Pero estos sentimientos no son los que dominan en nosotros, ni en ustedes. La fe en el Resucitado nos ayuda a todos, también a ustedes, a dar gracias a Dios por la vida de los padres Ricardo y Bernardo, y a esperar confiadamente que el Señor les concederá el don de la Vida plena a estos dos siervos fieles y entregados.

Pienso en ustedes cuatro, muy queridos P. Yefrin, P. Ever, Rolando y José David. Han perdido a dos personas queridas, dos religiosos con mucha sabiduría escolapia. Den gracias a Dios por ellos, asumiendo el reto de seguir adelante con su vocación escolapia y con su misión.

Rezo por ustedes, y por todas las personas que hacen posible nuestra misión educativa en Managua. Que el Señor les bendiga y les fortalezca, siempre pensando en el bien de los alumnos y de las alumnas del Colegio.


Les envío desde Roma un abrazo fraterno.

P. Pedro Aguado

Carta originalhttps://bit.ly/3tT0yv6

Salutatio Patris Generalis: Crecer “como Dios manda”

Escribo esta carta fraterna en pleno proceso de reflexión sobre los grandes núcleos que serán trabajados en nuestro próximo Capítulo General, y poco después de haber participado en la asamblea de la Fraternidad General Escolapia, que se celebró en modalidad online a causa de la situación de pandemia que vivimos. En ambos contextos estamos hablando del proceso de crecimiento que vivimos, y nos alegra saber que en diversos contextos de las Escuelas Pías se van incorporando cada vez más jóvenes que quieren ser religiosos, o que la Orden se va extendiendo poco a poco en nuevos contextos y en nuevas misiones. Nos alegra profundamente porque nuestra misión es servir, y todo lo que hagamos y vivíamos siempre será menor que las necesidades y desafíos que tenemos. Nos alegra ir creciendo poco a poco.

Pero me preocupa que caigamos en la tentación de entender el crecimiento sólo como una cuestión cuantitativa, de ser un mayor número de personas o de estar en nuevos lugares. Por eso, me gustaría invitaros a pensar en otros criterios que nos puedan ayudar a valorar nuestro crecimiento-o a desafiarlo- además del puramente cuantitativo, siendo éste importante, como es lógico.

Me inspiro en el texto del evangelio de Lucas en el que se dice que Jesús, niño, iba creciendo. Se dice de este niño que crecía “en madurez, sabiduría y gracia delante de Dios y de las personas[1]”. Quiero apoyarme en este texto para reflexionar, con vosotros, en lo que significa “crecer como Dios manda”. ¿Qué significa para las Escuelas Pías crecer en madurez, sabiduría y gracia delante de Dios y de las personas? Unas sencillas reflexiones sobre cada una de ellas.

MADUREZ

¿Qué significa “crecer en madurez”? No hay duda de que hay muchos modos de acercarnos a este desafío. Yo he elegido sólo cuatro aspectos, siempre pensando en nuestra realidad. Creo que los cuatro nos ayudarían mucho a crecer en la madurez que Calasanz quiso para nuestra Orden.

Claridad en su identidad y proyecto. Es un primer punto, y es esencial. Un grupo, una comunidad, una Orden religiosa podrá crecer si tiene claro lo que es y lo que está llamado a ser. Todo lo que hagamos por profundizar en nuestra identidad, por conocer más y mejor la propuesta del fundador y su actualización, por vivir con más calidad nuestro carisma, por fortalecer todos los dinamismos de vida que hemos ido consolidando a lo largo de nuestra larga historia, todo eso nos va a ayudar.

Tenemos muchos jóvenes en formación que tienen derecho a vivir una clara identidad, y esto no es sólo cuestión de tiempo. Es una opción que necesita ser trabajada. Tenemos presencias muy jóvenes, que necesitan referencias claras y escolapias para crecer. Tenemos demarcaciones muy consolidadas que deben abrir un proceso de “mayor aportación identitaria” al conjunto de las Escuelas Pías. Tenemos un tesoro calasancio que profundizar, promover, publicar y ofrecer. Hay mucho trabajo por hacer. En esta línea, la Congregación General acaba de crear un nuevo departamento de la Curia General sobre la “identidad y el carisma calasancio”.

Sostenibilidad. Es uno de los retos de los que más estamos hablando. El concepto de “sostenibilidad integral” se está abriendo paso entre nosotros, poco a poco, y nos está haciendo pensar. Hay dinamismos sociales que no dependen de nosotros y que nos complican y debilitan (opciones políticas, crisis económicas, pandemia, etc.). Pero hay otros que sí dependen de nosotros y que los tenemos que afrontar: trabajar desde proyectos; equipos de liderazgo; incrementar nuestra colaboración interna; proceso de participación; impulso de las “claves de vida”; crecer en nuestra capacidad de obtener recursos externos; trabajar en red y tejer redes; convocar; formar a los jóvenes desde esta mentalidad; impulso de la Fraternidad, etc.

Capacidad de engendrar. Es propio de la madurez la capacidad de engendrar vida. Así ha sido siempre en la Orden. La madurez de las Provincias es lo que les ha hecho capaces no sólo de sostener e incrementar sus propias realidades, sino de abrir nuevas presencias en diversos lugares del mundo. Gracias a esta mentalidad nuestra Orden está hoy con nuevas posibilidades de vida y de misión. Nuestros jóvenes entienden muy bien esto. Saben que no han venido a la Orden solo para sostener lo que tenemos. Lo aman y lo admiran. Nuestra realidad es el fruto del trabajo y del coraje de nuestros mayores, y se sienten agradecidos por ello y comprometidos en su desarrollo. Pero se sienten llamados a dar nuevas respuestas. Eso es muy bueno, es un don que debemos saber acompañar.

Dinamismos de vida. Nuestro anterior Capítulo General hizo una gran aportación al conjunto de las Escuelas Pías al aprobar las nueve “Claves de Vida” que han marcado el camino del sexenio que termina. No están agotadas, ni mucho menos. Deberemos seguir trabajando en ellas, buscando nuevas pistas de avance. Es claro que van a ir apareciendo algunas, que serán trabajados por el Capítulo. Entre ellas, los procesos propios de la sinodalidad, las esperanzas de los jóvenes, la renovación de la “cultura de Orden”, etc. Vivimos un tiempo muy rico. Hemos de cuidar que los problemas y las dificultades no oculten las llamadas que recibimos y que necesitamos atender. No está en nuestras manos “garantizar la madurez”, pero lo que sí está en nuestras manos es “poner las condiciones para que la madurez sea posible”. Y este es el desafío de nuestras “claves de vida”.

SABIDURÍA

¿Qué significa crecer en sabiduría? Es muy bueno “dar nombres concretos” al desafío de “crecer en sabiduría”. Estoy seguro de que todos vosotros podríais aportar maneras muy ricas y plurales de acercarnos a este reto. Me gustaría aportar cuatro posibilidades.

Formación abierta. La formación sigue siendo nuclear. No sólo la Inicial, sino la de toda la vida. Sólo una formación clara y abierta a la realidad en la que vivimos, que nos capacite para entenderla y para superarla transformándola, sólo esa formación nos hará capaces de “crecer en sabiduría”. Hay mucha tarea pendiente: mejorar la formación de nuestros jóvenes en Filosofía, Teología, Pedagogía y, en general, en estudios civiles; cuidar y usar las bibliotecas; leer; publicar; ofrecer estudios de especialización; fomentar la formación al interior de las comunidades; idiomas; participación en la vida eclesial y social; creación de aportación educativa, etc.

Lectura de la realidad. No hay duda de que nuestro fundador fue un maestro en esta dimensión de la sabiduría: saber leer la realidad en la que vivía dejándose interpelar por ella y buscando el modo de transformarla. Sólo desde estas dinámicas podremos, como escolapios, continuar siendo útiles al mundo que nos toca vivir. Las visiones parciales, cortoplacistas o desencarnadas, no son dignas de los hijos de Calasanz. Será bueno profundizar en todo esto. Y una buena manera de hacerlo es buscando que nuestras comunidades sean, en verdad, espacios de escucha de la realidad. Dios también habla a través de las luchas y aspiraciones de las personas, de las mujeres y hombres de nuestro tiempo.

Escucha del Espíritu y discernimiento evangélico. Aquí radica una de las dimensiones centrales de la sabiduría en la que estamos llamados a crecer: aprender a discernir abiertos al Espíritu Santo. El discernimiento está muy lejos de las luchas ideológicas o de la defensa de nuestras propias posturas. Igualmente, está muy lejos de la simplificación de las decisiones a través simplemente de mecanismos de mayorías, Si nuestro Señor hubiera sometido a la votación de la comunidad -sin un discernimiento sereno y sosegado- la decisión de “subir a Jerusalén para enfrentarse con ella[2]”, probablemente el resultado hubiera sido negativo. Será bueno dar alguna vuelta a este precioso y apasionante desafío.

Impulsar una “cultura de Orden” que nos ayude a estar en dinámica de cambio y conversión. La “cultura de una Orden religiosa” está constituida por aquellos dinamismo y modos de actuar que con el tiempo se consolidan y que se convierten en estables. Pero si no introducimos en ellos la capacidad de transformarlos, si no tomamos decisiones que permitan incrementar nuestra capacidad de cambio y de evolución, tenemos el riesgo de caer en el “siempre se ha hecho así”. Y eso no es sabio. No podemos convertir nuestra “cultura” en el “siempre se ha hecho así”.

GRACIA

La gracia es un don de Dios. Pero también es el fruto de un estilo de vida. Desde la combinación de ambas dimensiones podemos plantearnos la pregunta de “qué significa crecer en Gracia”.

Vivencia de la fe y de la centralidad del Señor. No hay duda de que la vivencia de la centralidad del Señor Jesús en nuestra vida es lo que nos va a ayudar a crecer en esa preciosa dimensión de la vida de todo cristiano que es “transparentar la presencia de Dios”. Necesitamos recuperar la convicción de que estamos llamados a ser santos. Debemos perder el miedo a decirlo y a compartirlo: lo que hacemos y lo que vivimos lo hacemos y lo vivimos la gloria de Dios y la utilidad del prójimo. Pero a veces nos hemos quedado sólo con la primera o con la segunda parte del lema de Calasanz, que es una unidad. También sobre este asunto será bueno que pensemos un poco.

Capacidad de aportar Camino. Somos seguidores de Aquél que dijo “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”. Esta afirmación del Señor debe inspirar nuestro servicio a los niños y jóvenes: estanos aquí para ofrecerles caminos que les acerquen a Cristo y que les lleven a Él. Y sólo lo haremos si nosotros los recorremos con ellos.

Capacidad de aportar Verdad. La Verdad de la que somos portadores no es de este mundo, ni es muy comprendida ni valorada por él. Pero somos sus cooperadores. Y esto pasa por muchos dinamismos, desde el desafío personal de “vivir en verdad”, sin falsedades -tengo que reconocer con dolor que no siempre es así en todos los hermanos, y que hay a veces “trastiendas” que nos hacen opacos- hasta el grande y definitivo de ofrecer siempre la Verdad del Evangelio, la propuesta cristiana, sin rebajarla o adaptarla a las corrientes culturales o dominantes del momento. Y no son fáciles ni una ni otra, la una porque somos pecadores, y la otra porque la tentación del “aplauso” es siempre muy atractiva.

Capacidad de aportar Vida. ¿Qué otra cosa es la educación sino una oferta de vida? ¿Qué es lo que da plena identidad y sentido a nuestra misión? Lo diré de modo sintético y claro: las preguntas y las búsquedas más profundas de los jóvenes sólo se pueden responder desde Aquél que es la respuesta. Nosotros no estamos aquí sólo para “preparar a los jóvenes para encontrar su lugar en el mundo”, sino para capacitarles para transformarlo y para inspirarles en la superación de sus límites, ayudándoles a desear la plenitud de la vida eterna. A veces nos quedamos en propuestas de corto recorrido que no son malas, pero son profundamente incompletas.

DELANTE DE DIOS Y DE LAS PERSONAS

Las Escuelas Pías caminan en la historia “delante de Dios y de las personas”. Acrecentar esta conciencia nos puede ayudar a integrar algunas opciones que están llamando a nuestras puertas. Simplemente cito algunos ejemplos: asumir que debemos “dar cuentas” (accountability) del testimonio que ofrecemos y de la calidad con la que trabajamos; dejarnos interpelar por la comunidad cristiana, por las familias, por los jóvenes, por el mundo educativo, etc.; vivir desde una sincera capacidad de autocrítica las decisiones que tomamos y el camino que recorremos, etc. Vivimos en el mundo, somos una institución eclesial, tenemos una propuesta educativa, las personas tienen el derecho a creer lo que decimos viendo lo que vivimos. Esto también es crecer.

Por todo esto debemos hacer un Capítulo General que nos ayude en el proceso de “crecer como Dios manda”, y que pueda ofrecer a la Orden una palabra sobre la centralidad del Señor en nuestra vida, sobre el escolapio que necesitamos, sobre los retos que tenemos para ir haciendo unas Escuelas Pías mejores y sobre la misión -insustituible- que tenemos. Estos son los grandes núcleos de nuestro Capítulo.

Recibid un abrazo fraterno.

P. Pedro Aguado Sch.P.

Padre General

Encuentro Escolapio online sobre el Pacto Educativo Global

El próximo 3 de octubre, a las 15 horas (Roma), tendrá lugar de forma online el ENCUENTRO ESCOLAPIO sobre el «Pacto Educativo Global».

Reconstruir el pacto educativo global

Todas las personas e instituciones interesadas en la educación, y de un modo especial las Escuelas Pías, hemos acogido con interés y compromiso la llamada del Papa Francisco a “reconstruir el pacto educativo global”. Es una llamada fuerte y clara, que nos convoca no sólo a renovar nuestro compromiso por la educación, sino por una dinámica compartida de trabajo por la educación como instrumento de cambio social, portadora de un mundo diferente que puede y debe ser construido entre todos.

Desde el momento en el que el Papa nos convocó a este formidable desafío estoy colaborando en algunos equipos de trabajo, sobre todo desde la coordinación de las respuestas que podamos dar las diversas Congregaciones religiosas que nos dedicamos a la educación. Quisiera ofrecerles una síntesis de lo que está en juego en este tema del PACTO EDUCATIVO GLOBAL.

Para conocer más documentos, reflexiones y otros, pulse en este enlace

Palabras del P. General Pedro Aguado en la Solemnidad de Calasanz

En este 25 de agosto celebramos con profunda alegría la solemnidad de san José de Calasanz.

En este día todos nos sentimos hijos e hijas de Calasanz. Nos unimos en la acción de gracias a Dios por la vida, por la obra por el carisma de Nuestro Santo Padre. Y por eso yo, desde este lugar tan especial para las Escuelas Pías, que es la habitación en la que él tantos años vivió y trabajó. Quiero dirigir mi felicitación en nombre personal y en nombre también de la Congregación General para todos ustedes, para el conjunto de la Orden, para el conjunto de las Fraternidades, para todos los educadores, educadoras, para todos los miembros de las presencias escolapias, para tantos jóvenes que sueñan con ser escolapios, para tantas personas que conocen el proyecto de Calasanz, que lo aman. En definitiva, para todo el conjunto del mundo escolapio quiero felicitarles de todo corazón y desearles que vivan este día y, sobre todo, que vivan su vocación con profunda alegría y con profunda acción de gracias a Dios.

Grabo este mensaje en la habitación de san José de Calasanz y lo hago por una razón muy especial que quiero compartir con todos ustedes y también quiero comunicarles.

La Orden acaba de publicar después de mucho trabajo la Opera Omnia de san José de Calasanz; son diez volúmenes, que recogen todos los escritos, absolutamente todos, de Nuestro Santo Padre San José de Calasanz. Es un regalo que queremos ofrecer a cuantas personas conocen y aman a Calasanz y al conjunto de la Iglesia y de la sociedad, porque en estas páginas se recoge el pensamiento de un hombre extraordinario. Y al presentarles y anunciarles la publicación de la Opera Omnia (escrita y  publicada en lengua española). Ahora se ha empezado ya el trabajo de traducción a los diversos idiomas oficiales de la Orden. Como digo, al anunciarles esto, quiero también, de alguna manera, desearles algo de lo que al leer estos libros enseguida percibimos.

En primer lugar, percibimos la fuerza con la que Calasanz vivió su carisma, un carisma, como ustedes saben, es algo más grande que un proyecto, siendo esto muy importante. Un carisma es un aspecto central del Evangelio y Calasanz vivió su carisma con una fuerza, con una convicción con una entrega extraordinaria; por eso la Iglesia lo reconoció como una vocación específica, que hoy nosotros tratamos de seguir. Les deseo que también ustedes puedan vivir con fuerza, con alegría, con convicción este carisma que han recibido.

En segundo lugar, podemos ver la cantidad de escritos del Santo Padre. Podemos ver la entrega diaria con la que él convirtió su carisma en convicción en trabajo y en construcción de Escuelas Pías. Y les deseo lo mismo al felicitarles: que también puedan ustedes vivir día a día la misma convicción y hacerlo siempre con autenticidad, siempre con alegría, siempre con dedicación. Esas dos palabras, carisma y entrega diaria, son las que he elegido para felicitarles en este día de san José de Calasanz.

Quiero hacerlo recordando lo que nosotros mismos decimos de las Escuelas Pías cuando decimos así: las Escuelas Pías se reconocen a sí mismas como obra de Dios y del afortunado atrevimiento y tesonera paciencia de san José de Calasanz. Por lo tanto, queridos hermanos y hermanas, desde aquí, desde la habitación de Calasanz, en nuestra casa de San Pantaleo en Roma, feliz día de Calasanz y que Dios les conceda vivir cada uno su vocación con afortunado atrevimiento, con tesonera paciencia, y con profunda confianza en Dios.

Muchas gracias y feliz día a todos.