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Y brotará un renuevo del tronco de Jesé

Hace unos meses se celebró, en modalidad online, un Seminario sobre la vocación del “Escolapio Laico”. Participaron unas treinta personas, invitadas por la Congregación General, de diversas Provincias y Fraternidades, así como varias personas que ya están viviendo esta vocación específica que llamamos “Escolapio Laico”. La intención de la Congregación General al convocar este seminario fue la de profundizar en la “integración carismática y jurídica del laicado en las Escuelas Pías”, dado que se trata de una nueva vocación que, aunque sólo se ha desarrollado por el momento en una Provincia, es bueno que se vaya reflexionando y trabajando en el conjunto de la Orden, poco a poco, tal y como se pidió, en su momento, desde algunas demarcaciones.

No escribo esta carta fraterna para sintetizar los contenidos del Seminario ni presentar los materiales que se trabajaron, que están a disposición de todas las personas interesadas en el tema , sino para compartir algunas reflexiones que me hice durante el Seminario y que creo que pueden ayudar a entrar en este apasionante desafío.

He titulado el texto con una conocida frase del libro del profeta Isaías . La verdad es que he escrito esta carta en Adviento, que es un tiempo propicio para meditar sobre “lo nuevo que esperamos”. Este pasaje de Isaías lo leemos siempre en Adviento, y me he permitido la licencia de utilizarlo como una sencilla imagen que nos ayude a entender que del tronco fuerte y consolidado de Calasanz siguen naciendo nuevos brotes que enriquecen nuestras posibilidades de encarnar y vivir el carisma que Nuestro Santo Padre engendró en la Iglesia. Quisiera estructurar mi reflexión en diez sencillas afirmaciones.

1.“Siguen naciendo nuevas vocaciones escolapias”. La vocación del “Escolapio Laico” es una novedad en el seno de la Orden, consolidada por un Capítulo General, que es la máxima autoridad de la Orden: “Una integración, además de carismática, también jurídica, al mismo tiempo, por la cual se accedería a ser verdadero escolapio laico en sentido pleno” .
Esta es una primera afirmación que me gustaría hacer, y que considero importante, por muy simple que sea. La vocación religiosa escolapia, consolidada y acrisolada por cuatro siglos de fidelidad creativa al fundador, se ve enriquecida por vocaciones escolapias de personas laicas que, desde otras perspectivas, desean vivir el mismo carisma y compartir la misma misión. Entre esas vocaciones, no hay duda de que la pertenencia a la Fraternidad de las Escuelas Pías es la más consolidada y definida. En ese mismo contexto de “apertura a lo nuevo” podemos y debemos situar la integración carismática y jurídica.

2.“El Espíritu nos está bendiciendo con laicos y laicas cuya identidad calasancia es nuclear”. Del mismo modo que somos bendecidos por muchísimas personas que descubren su vocación escolapia como miembros de la Fraternidad, y en su seno desarrollan su vida de fe y de misión, van a apareciendo algunas personas que colocan lo escolapio en el centro de su vocación, y configuran su vida desde un compromiso nuclear con la Orden de las Escuelas Pías, explicitado a través de un estatuto específico que define su vocación. Considero fundamental decir, y subrayar, que estás personas no son ni mejores ni peores, ni su vocación es superior o inferior. Simplemente es diferente, y aporta dones específicos a la construcción de las Escuelas Pías. Los escolapios no jerarquizamos las vocaciones; las acogemos y recibimos como dones del Señor, sabiendo que Dios reparte sus llamadas según su voluntad para cada uno de nosotros. Pero agradecemos y celebramos que sea posible una vocación laical nuclearmente calasancia, en la que la identidad se convierte en un eje esencial que reordena la vida y que se expresa en un compromiso no sólo con la Fraternidad, sino también con la Orden, con la que establecen un vínculo que expresa algún tipo de pertenencia y desde el que pueden compartir vida, sueños y proyectos.

3.“Hay proceso vocacional capaz de generar esta vocación”. La vocación del Escolapio Laico es específica, y supone una vinculación profunda con el carisma calasancio y con la Orden. Como todas las vocaciones, tiene sus procesos y sus experiencias que la van confirmando y clarificando. Después de estos años de vida, podemos ya tratar de dar nombre a algunas experiencias significativas que terminan configurando esta vocación: una vida disponible a las necesidades y proyectos escolapios; experiencias fuertes de vida y misión compartidas; búsqueda sincera y creativa de respuestas a la pregunta: “¿a qué me siento vocacionalmente llamado/a?”; discernimiento personal y comunitario de la vocación; cuidado de un estilo de vida marcado por la dinámica escolapia; procesos de transformación de la propia dinámica de la Provincia, de la comunidad o de la Fraternidad, enriquecidos por esta vocación, etc.

4.“Hay un contexto escolapio capaz de provocarla y suscitarla”. Los contextos en los que nacen y crecen las vocaciones deben ser muy tenidos en cuenta. Del mismo modo que es difícil que nazcan vocaciones de especial consagración en lugares y contextos en los que esta especial consagración ni se siente ni se valora, también es muy difícil que surjan laicos y laicas con fuerte vinculación escolapia en contextos en los que el dinamismo de la Participación ni se cuida ni se entiende.

Para que surja y se consolide la vocación del Escolapio Laico hay ciertas claves que deben ser especialmente cuidadas. Entre ellas puedo citar las siguientes: una Fraternidad Escolapia consistente y crecientemente digna de Calasanz, que va creciendo como entidad adulta; una Provincia que potencia su relación con la Fraternidad y recorre su camino de modo compartido con ella; una búsqueda sincera y equilibrada de la pluralidad vocacional; una comprensión valiente de la sinodalidad que nos ayude a crecer en la vivencia corresponsable del desarrollo de la vida y de la misión escolapias; una propuesta sistemática de misión escolapia a los laicos y laicas; una apertura a que es bueno que aparezcan nuevas vocaciones y que el desafío es dotarlas de entidad evangélica y escolapia; una diáfana claridad sobre la originalidad e imprescindibilidad de la vocación religiosa y sacerdotal escolapia, etc.

5.“Toda vocación ofrece dones”. Todas las vocaciones ofrecen dones a la Iglesia y a la comunidad en la que nacen, en nuestro caso, las Escuelas Pías. Puedo citar algunos dones que estamos ya recibiendo, y que intuyo que irán creciendo y dando nuevos frutos.

a) Aumenta nuestra capacidad de Misión, porque hay más personas que ofrecen su plena disponibilidad también a la Orden -según su vocación- para su impulso y desarrollo.

b) En algunos lugares en los que podría ser difícil contar con comunidades escolapias que sean alma y referencia de la misión, éstas pueden ser constituidas. Sin duda, de modo diverso, pero también como alma y referencia.

c) En un momento histórico en el que la lucha contra el virus del clericalismo se convierte en un elemento clave de discernimiento y de conversión para la Vida Consagrada, la fecunda relación con personas laicas que asumen nuclearmente lo escolapio nos puede y debe ayudar de manera significativa.

d) Creo que el surgimiento de una vocación laical dotada especialmente del desafío de la significatividad puede ayudar a que la vocación religiosa, portadora esencialmente de ese don, lo cuide y lo repiense de modo nuevo y más comprometido.

e) El camino sinodal al que hoy somos llamados se desarrolla en muchos niveles: vida fraterna, equipos de trabajo, liderazgo de la misión, generación de comunidades cristianas escolapias, desarrollo de los diversos ministerios, etc. También aquí esta vocación está llamada a ofrecer nuevas luces y oportunidades.

6. “Toda vocación escolapia apunta al Reino de Dios”. Sabemos que el Reino de Dios es un don del Padre, que nos será dado según su voluntad. El Reino de Dios es el núcleo del Mensaje del Señor Jesús. Todos somos convocados a anunciarlo y a testimoniarlo. También las Escuelas Pías, que son, esencialmente, un “instrumento del Reino”. Calasanz engendró las Escuelas Pías convencido de que, a través de la educación integral de los niños y jóvenes, los escolapios podíamos acercar los valores del Reino al mundo en el que nos toca vivir.

Por eso, cuidar, fortalecer y enriquecer las Escuelas Pías es una “tarea de Reino”, apasionante y necesaria. Y por eso, discernir y cuidar adecuadamente las diversas maneras de vivir lo escolapio es también una tarea de la que somos responsables. Hagámoslo bien, en fidelidad a nuestro fundador y a lo que hoy nos pide la Iglesia y a lo que hoy necesitan los niños y jóvenes a cuyo servicio estamos dedicados.

7. “Construyamos, junto con tantas personas cercanas a nosotros, una renovada oferta vocacional escolapia”. Los Escolapios Laicos y Laicas que hoy viven entre nosotros y otras personas que se van preguntando sobre esta posible vocación también fueron jóvenes y se hicieron la pregunta por el querer de Dios sobre sus vidas, como nos la hemos hecho los religiosos escolapios. Por eso es importante que impulsemos una pastoral capaz de suscitar preguntas en el alma de los jóvenes, seguros de que no se descubre la vocación y luego se vive. Es al revés. Se vive y por eso se descubre.

Si un joven quiere descubrir lo que Dios quiere de él, debe vivir según lo que sabe que Dios quiere de él. No hay otro camino. El joven que reza, que perdona, que trabaja, que se forma, que comparte, que es feliz haciendo felices a los demás, que se entrega por los pobres, que trabaja por los demás, que no piensa en sí mismo, ese joven y sólo ese joven, descubre lo que Dios quiere de él y le pone nombre, lo define. Y lo hace porque lo está viviendo. Sólo necesita decidir cómo quiere vivir, toda su vida, lo que está viviendo ya. Construyamos con nuestros jóvenes unas Escuelas Pías más convocantes y más misioneras.

Estoy convencido de que en muchas de nuestras presencias y demarcaciones hay un contexto maduro para que las personas que viven y crecen entre nosotros puedan dar pasos definidos de entrega vocacional y puedan ser acompañados en su proceso. Nuestras comunidades religiosas, al igual que las comunidades de la Fraternidad, deben trabajar su propia madurez para plantear, en el seno de los procesos pastorales y de la propia Fraternidad, la apertura a todas las vocaciones escolapias, ojalá de nuevos religiosos escolapios y también de escolapios laicos y laicas.

8. “Hay dinámicas que acompañan este tipo de vocaciones”. Permiten que se planteen y ayudan a su progresivo desarrollo y a que no se despisten Y lo contrario: hay dinámicas que las desaniman y las ignoran. Todo lo que significa impulso de la Cultura Vocacional; el desarrollo de la formación calasancia de los jóvenes y de los educadores; el crecimiento y valoración del espíritu de misión y de la mentalidad de pertenencia a la Orden; la escucha atenta y disponible de los descubrimientos e inquietudes de las personas; la cada vez mejor ubicación de la Fraternidad y del laicado escolapio en la vida y misión de las demarcaciones; los proyectos de presencia escolapia en la que cada vocación y cada comunidad encuentra su espacio; los foros de reflexión y de discernimiento, a nivel de demarcación y de Orden, pensados desde la participación ordenada y sinodal de las personas corresponsables, etc. Todas estas dinámicas, y unas cuantas más que entre todos podemos impulsar, ayudarán, sin duda, en el camino que estamos emprendiendo.

9. “Una vocación que podemos impulsar”. Después de la experiencia que vamos teniendo, pienso que es ya tiempo de plantearnos la integración jurídica de personas laicas que ya viven la integración carismática, en aquellas Demarcaciones y Fraternidades que se sientan con ánimo de hacerlo. Dar a luz una vocación siempre es una aventura. Pero es una aventura de Evangelio. Como es lógico, habrá diversos modos de establecer el vínculo jurídico de estas personas con la Provincia, y serán diversos los aspectos que habrá que tener en cuenta. Entre ellos, cito algunos: la disponibilidad para la Orden, la vocación comunitaria, el estilo de vida cristiano claro y consistente, la vivencia del carisma calasancio, el compartir económico, la formación común, la vivencia de la oración y de la Eucaristía, etc. La garantía, si es que se puede hablar así, de la claridad de los vínculos que se establezcan, la dará el discernimiento y aprobación de la Orden.

10. “Ven y sígueme”. La llamada de Jesús, expresada con esta sencilla pero formidable frase, sigue abierta, sigue en marcha. Jesús sigue esperando seguidores de su proyecto, apóstoles de su Reino y hermanos y hermanas de la comunidad cristiana. La Orden siempre se ha sentido corresponsable de esta llamada. Buscamos con afán, no por nosotros, sino por el bien de los niños y jóvenes, que siga aumentando el número de jóvenes que desean asumir plenamente la vocación religiosa que Calasanz engendró en la Iglesia. Pero, con un afán similar, buscamos acompañar las búsquedas vocacionales, honestas y generosas, de tantas personas que, desde su condición laical, quieren encarnar también, de modo definido y estable, el carisma escolapio. Unos y otros, todos, sólo serán consistentes si son respuestas al Señor que llama, y si estas respuestas se configuran en torno al único centro de toda vocación: Cristo Jesús, el Señor.

Recibid un abrazo fraterno.

P. Pedro Aguado Sch. P.

Padre General


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