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Carta del Padre General: «Llamados a ser ministros de la esperanza»

A LA ORDEN DE LAS ESCUELAS PÍAS

LA GRACIA Y LA PAZ DE DIOS, NUESTRO PADRE

“El que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. Dentro de él esa agua se convertirá en un manantial del que brotará vida eterna” (Jn 4, 14)

Queridos hermanos:

Les escribo esta carta en medio de la crisis que estamos viviendo a causa de la pandemia que afecta a nuestro mundo. Y lo hago en este tercer domingo de Cuaresma, en el que la Palabra de Dios llega a nuestros corazones, de la mano del diálogo de Jesús con la mujer samaritana, para recordarnos dónde está la fuente de la Vida, de la Vida plena.

En estos momentos de dificultad y de imposibilidad de llevar adelante nuestra misión escolapia (escuelas cerradas, limitación de movimientos, iglesias clausuradas y sin posibilidad de celebrar juntos y presencialmente nuestra fe, necesidad de estar en casa para evitar riesgos propios y ajenos) es más importante que nunca que dirijamos nuestra mirada al único que es capaz de responder a todas nuestras inquietudes, y que volvamos a escuchar, dirigidas a cada uno de nosotros, las palabras del Señor: “Vengan a Mí todos los que están cansados y agobiados, que yo les aliviaré” (Mt 11,28).

Tal vez en estos tiempos de incertidumbre es más necesario que nunca que nos digamos unos a otros lo que somos y estamos llamados a ser: ministros de la esperanza del Reino futuro y de la unión fraterna entre los hombres[1]. Nuestro último Capítulo General no podía prever lo que estamos viviendo, pero sí nos ofreció una reflexión sobre este texto de nuestras Constituciones. Es bueno que la adaptemos a nuestra realidad actual y la meditemos: «Ser ministros de esperanza en estos tiempos de crisis nos acerca al corazón de muchas personas angustiadas por la falta de sentido en sus vidas o golpeadas por la crisis. Podemos ser ministros de la esperanza porque, ante todo, somos seguidores de Cristo, nuestra esperanza (I Tim 1,1). Confiados en Él, afrontamos las pruebas a las que hoy nos vemos sometidos. Escuchamos su palabra que nos invita a no atormentarnos, a no huir, a mantenernos firmes. Una vida escolapia despierta y orante irá alimentando la esperanza que necesitamos para vivir con alegría nuestra vida consagrada y proseguir esa hermosa misión de ser “ministros de la esperanza”, sobre todo en aquellos contextos en los que muchas personas -principalmente los jóvenes- sufren por falta de futuro”. [2]

Les invito a todos a pensar cómo podemos ser ministros de la esperanza en estos momentos que estamos viviendo. Hay muchas cosas que podemos hacer.

En primer lugar, la oración, personal y comunitaria, pidiendo al Señor por las personas que sufren y por el final de esta situación. Me llegan iniciativas de muchos lugares de la Orden en los que hay diversas propuestas de oración por todo lo que estamos viviendo, y me alegro mucho por todo ello: cadenas de oración en nuestras casas de formación, celebraciones especiales, momentos de adoración eucarística, etc. El testimonio de la fe y de la confianza en Dios nos ayuda y ayuda a las personas que están en contacto con nosotros.

Ofrezcamos mensajes de cercanía y ánimo a quienes viven con dificultad esta situación. Sé que muchos ancianos están preocupados, y sé que sus cuidadores también lo están. Aunque no puedan hacerse visitas, hay muchos modos de hacer llegar la cercanía y el cariño de los hermanos.

Y allí donde todavía es posible la actividad educativa y pastoral, es importante ayudar a todos, especialmente a los alumnos, a aprender cómo conducirse y a valorar al respeto a los demás, la responsabilidad personal y, sobre todo, la fuerza de la fe.

Transmitamos con nuestra vida y nuestras actitudes lo que en este momento más se necesita: confianza en Dios, alegría, responsabilidad y compromiso con un mundo más justo y humano.

Les exhorto a todos y a cada uno a aplicar cabalmente las medidas dispuestas por las autoridades civiles y eclesiásticas, y proceder extremando la prudencia en todos los ámbitos de nuestra vida. Todo ello redundará en beneficio de todos.

Como todos ustedes saben, hemos tenido que suspender algunas actividades importantes que estaban organizadas por la Congregación General (Visita Canónica General, encuentros de Orden, etc.), y lo mismo han debido hacer en cada una de las Provincias. Aceptemos con paz y humildad estas decisiones que no son de nuestro agrado, pero son inevitables. Confiemos en que en pocas semanas podamos reanudar nuestra vida cotidiana, y oremos para ello.

Encomendemos a nuestros alumnos y alumnas, sus familias, nuestros colaboradores y al conjunto de las Escuelas Pías a la protección de María.

Reciban un abrazo fraterno.

 

P. Francesc Mulet. Sch. P. / Secretario General   

P. Pedro Aguado Sch. P. / Padre General

Veracruz, México, a 15 de marzo de 2020

Ver carta en PDF

[1] Constituciones de las Escuelas Pías, nº 25.

[2] 47º Capítulo General de las Escuelas Pías, “Discípulos y Testigos”, punto II.7.22. Colección CUADERNOS, nº 53.


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